El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

martes, 2 de noviembre de 2010

El Gris


De las tres novelas de la trilogía que Javier Pérez ha alumbrado en torno al comisario Müller y la Alemania de entreguerras, sin duda esta es la que más me ha gustado por múltiples razones, a saber:

En primer lugar, porque es la más literaria de la serie. Admito que el comienzo de “La crin” era soberbio, pero en esta ocasión el tono se mantiene a lo largo de toda la obra, y por momentos alcanza dimensiones casi líricas.

En segundo lugar, porque es la que mejor ha logrado reflejar la conjunción de disparates y sinsentidos, el abuso impuesto por Versalles y la inflación vírica que desintegró la economía, que abocaron al pueblo alemán a arrojarse en brazos del nazismo, que supo erigirse en el último clavo ardiendo al que aferrarse. Admito que en este aspecto cuenta con ventaja por tratarse de la primera: en las siguientes el grueso de cuanto podía postularse estaba dicho, y bastante mérito encierra el hecho de no llover sobre mojado.

En tercer lugar, por la maestría con la que alterna esta magnífica ambientación histórica con la trama principal: una intriga negra clásica en la que un policía tozudo y contumaz se enfrenta a un asesino en serie inteligente y despiadado.

Y en último lugar, pero no menos importante, porque, como hábil cuentista, logra retorcer la trama en el último instante para dejar al lector sin aliento y que el libro le haga honor al nombre.

Como afirmaba el autor, no se sabe cuánto tiempo durará en las librerías, así que aprovechen ahora que pueden.

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