Mi
primera conclusión sobre el debate es que su importancia se ha
sobredimensionado.
A
lo largo de los días previos, se ha estado otorgando una desmesurada notoriedad
al debate y a cómo lo estaban preparando, como si los candidatos fueran dos púgiles
que optaran al mundial de los pesos pesados. Tras contemplar su desarrollo,
tuve más la impresión de asistir a una pelea de pesos moscas poco belicosos,
que intercambian unos pocos golpes, más coreográficos que contundentes, los
justos para que el público no les silbe.
En
cuanto a los contenidos que aportaron ambos candidatos, los encontré del todo
irrelevantes: Rubalcaba se limitó a formular una serie de ideas peregrinas, más
propias de ZP que de él mismo, mientras que Rajoy recurría una y otra vez a una
idea tan bonita como abstracta, crear empleo, sin explicar cómo iba a lograr
tan meritorio fin.
En
el aspecto frívolo, me sorprendió el modo escandaloso en el que Rubalcaba guiña
y bizquea cuando habla, especialmente llamativo en su exposición final (porque
no le quitaron el plano), y que, al menos a mí, me hacía sentirme bastante
incómodo, pues daba la impresión de que iba a sufrir alguna clase de colapso.
Mi
segunda conclusión es que el debate resulta intrascendente. A la llegada a sus
respectivas sedes, los candidatos fueron aclamados por sus partidarios como
hinchas futboleros que celebran un título europeo, y los medios de uno y otro
signo incurren en el mismo pecado. Por ejemplo, Público abre su portada con “Rubalcaba
acorrala a Rajoy con su ‘programa oculto’”, mientras que ABC titula “Rajoy, en las encuestas... y en el
debate” y La razón “Rajoy presidente”
Resulta
incuestionable que el debate no convence más que a quienes ya están
convencidos, y que los indecisos se dejan guiar más por impulsos o intuiciones
que por las vaguedades que se expresaron en el mismo. Entonces, ¿qué sentido tiene celebrar estos
cara a cara? Parece evidente que son una mera liturgia, una de las partes más
vistosas del espectáculo mediático que constituye la campaña electoral, una
mera exhibición de los candidatos frente a sus incondicionales, una pelea de
mentirijillas o un combate de pressing catch.
