El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La (supuesta) virtud de la indefinición.

Dice Pedro Sánchez que él no firma nada, sobre todo si es antes de las elecciones. Pablo Iglesias tampoco, pues los independentistas se convertirán al españolismo por arte de birlibirloque al ver sentado en la Moncloa a un político de su clase y tronío; cosas que tiene el carecer de abuela. Alberto Garzón sólo fue allí para escenificar su desacuerdo mediante un chascarrillo malo.
En este país, oponerse a algo, aunque sea un auténtico dislate, está mal visto. Quizá porque el hecho en sí de mostrar rechazo se considere reaccionario, herencia de ocho años de zapaterismo. Aunque IU ya demostró bochornosa y deshonrosamente la vergüenza de la indefinición en infinidad de ocasiones en la comunidad autónoma vasca frente a las marcas blancas de ETA, antes y después de la era ZP.
También es posible que en este caso se cumpla el paradigma, postulado por Javier Pérez, según el cual el queso de Burgos es el más vendido porque carece absolutamente de sabor y, por tanto, no le desagrada por completo a nadie.
Padecemos unos políticos descafeinados y desideologizados, algunos parece que lobotomizados, que se arrancan los cabellos y se asperjan con agua bendita (aunque pretendan erradicar la asignatura de religión) en cuanto oyen la palabra prohibición, aunque se trate de prohibir la barbarie. Incluso Rajoy, a la vista de las elecciones, se ha abstenido de obrar con la contundencia precisa.

Por eso no es de extrañar que  Forcadell le importe un pimiento transgredir las normas, aunque sean las de la cámara que preside.

martes, 27 de octubre de 2015

El 3% no es el problema


Apenas es un síntoma, como cuando uno va al médico con fiebre y lo que padece es una grave infección. El 3% no es el problema, aunque sea un serio problema, pero el verdadero y auténtico problema es la podredumbre interna que evidencia esta fiebre en forma de comisión ilegal.
Porque, cuando alguien paga una comisión irregular, no sólo espera los derechos que le corresponderían a cualquier proveedor, básicamente el cobro de sus servicios en plazo y forma, sino que confía y exige recibir privilegios tan irregulares e inconfesables como los pagos que los hicieron acreedores.

Y no sólo es eso, sino que una sociedad en la que el pago de chantajes y compra de voluntades se ha convertido en la norma mercantil habitual evidencia una decadencia ética y moral, incluso estética,y todo lo anterior apenas constituye la punta del iceberg.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Política ficción

Si un día Artur Mas se sincerase (supongo que para eso serían precisas más de veinte barrechas en ayunas), admitiría que no le interesa lo más mínimo alcanzar la independencia, pues entonces se quedaría desprovisto de todo propósito, de esa estrella polar que guíe sus pasos. Para Mas la independencia es como el peplo para Penélope, un subterfugio con el que perder el tiempo y alargar indefinidamente una situación que  se antoja insostenible.
Y la prueba es que en toda la campaña apenas se ha hablado de política virtual, de escenarios hipotéticos que todos saben no se van a producir jamás, mientras la política real, la que afecta al ciudadano, no ha sido siquiera mencionada. De hecho Mas ha puesto a dar la cara a un hombre de paja, que no ha tenido nada que ver con su gobierno, y se ha ahorrado tener que hablar sobre unos de los perores servicios públicos de España y una corrupción que amenaza con hundir a todo el anterior ejecutivo en su pozo séptico.

Y, entretanto, el ciudadano de a pie, entre los que me incluyo, ahíto de todo este juego de tronos, de este folletín interminable por entregas que amenaza con no concluir jamás.

viernes, 31 de julio de 2015

¿Y tras la independencia qué?


Existe un sentimiento generalizado entre muchos catalanes de que Cataluña está pagando la sopa boba a media España, en concreto a Andalucía y Extremadura. Buena parte de los independentistas están convencidos de que al día siguiente (o al año o lustro siguiente) de la independencia, atarán a los perros con longanizas, si bien no se han parado a pensar en unas cuantas consecuencias evidentes e ineludibles de la independencia, a saber:
1.    Desde el minuto uno, se interrumpirá la libre circulación de personas y mercancías. Eso significará que el señor Joan, que tenía una fábrica de embutidos en Mollerusa y le vendía butifarras a un carnicero de Soria, no podrá hacerlo, y, en caso de que pueda, se verá gravado con unos aranceles que causarán que deje de ser competitivo, además de las trabas administrativas que surgirán al perder las homologaciones de las que disfrutaba al amparo de España. No hay que olvidar que el principal cliente de las industrias catalanas es el resto de la nación, y se verán en serias dificultades para vender  a España y la UE. Como efecto inmediato, se perderán miles de empleos y muchos más empeorarán sus condiciones.
2.    Como consecuencia del punto anterior, se producirá la deslocalización de infinidad de empresas. Muchas multinacionales, que tienen su sede en Cataluña, la desplazarán a otra región donde no sufran ese problema. Algunos empresarios, como Lara, del grupo planeta, también anunciaron su intención de deslocalizar sus empresas si se producía la independencia. Como efecto inmediato, se perderán miles de empleos más.
3.    El nuevo gobierno catalán, al carecer de fondos propios, se verá obligado a acuñar su propia moneda. Imaginemos que comienza con una paridad de 1 a 1 con el euro. Dado que los proveedores internacionales se negarán a admitir pagos en esa moneda, que no ofrece garantía alguna, la paridad irá bajando a ritmo vertiginoso, lo que a su vez ocasionará una inflación galopante. El señor Manel, que tras toda una vida de duro trabajo tenía acumulados unos miles de euros para su jubilación, verá como el valor real  de sus ahorros cae en picado y, al cabo de unos meses, apenas alcanzarán para pagar una cena. Como efecto inmediato, se producirá un empobrecimiento brutal y fulminante de toda la población.
4.    Como consecuencia de todo lo anterior, se producirá un desabastecimiento generalizado, primero de los productos importados, pero luego de todos en general. Comenzarán a formarse colas para adquirir productos de primera necesidad y el estado intervendrá a productores, almacenistas y comerciantes. Como efecto inmediato, Los catalanes se verán obligados a usar la cartilla de racionamiento, y sufrirán hambre y penurias como nunca han conocido.

Ahora van ustedes y se independizan.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Embaucador embaucado


No hacía falta ser adivino para anticipar los resultados de las elecciones catalanas, bastaba con leer los sondeos.
Nadie, que no fuera un completo ingenuo, podía pensar que lo que estaba en liza en estos comicios era la independencia de Cataluña, sino la mayoría absoluta del Sr. Mas, propósito que no sólo no ha alcanzado, sino del que se ha alejado muy notablemente.
Pensaba Mas hacer una jugada maestra calzándose el disfraz separatista y echándose al monte del nacionalismo radical, pero los simpatizantes de esta tendencia han sospechado de este repentino impulso montaraz y han preferido confiarle su voto a ERC, unos furtivos más fiables, al menos en esta condición.
No se creía el votante ésta súbita e inaudita ansia del Sr Más por separarse de España, y más bien sospechaba que, en cuanto se viera afianzado en el cargo, iba a renunciar a ella a la primera excusa.
No es sencillo el dilema al que se enfrenta ahora: o bien pacta con los socialistas y reconoce que todo lo dicho no era más que una farsa, o bien pacta con ERC, que no se va a conformar con paños tibios.
Lo que resulta evidente es que el Sr. Más tiene lo que se merece: una bomba de relojería,  y probablemente el elector catalán también: un parlamento balcánico, radical y atomizado.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Contradicciones nacionalistas.


Admito que no se le puede pedir racionalidad a una doctrina política que se basa únicamente en los sentimientos más primarios y atávicos: el egoísmo y la noción de pertenencia a la tribu, pero alguna de las contradicciones que exhiben sin pudor alguno los nacionalistas sobrepasan con mucho la barrera del ridículo.
A guisa de ejemplo, esta mañana veía en los informativos imágenes de un mitin ce CiU en el que los incondicionales del grupo (¿asiste a los mítines de cualquier partido alguien que no sea incondicional, cuando no deudo, del partido en cuestión?) ondeaban casi tantas banderas europeas como catalanas.
No se concibe nada más absurdo que, cuando la unión europea consiste en renunciar a fronteras y soberanía nacional en favor de una entidad supranacional europea, tratar de conciliar este espíritu con el provincianismo y la apología de los reinos de taifas que supone el separatismo.
Semejante estupidez es equivalente a que un perro se defina como vertebrado, pero arda en ira e indignación ante la mera mención del orden de los mamíferos. En resumen: europeos sí, españoles no.
A todo esto, Mas, el aprendiz de brujo de turno, se siente despavorido ante la legión de escobas animadas (o golems independentistas) que acaba de crear y que, incontroladas e ingratas, parecen decididas a votar en masa a ERC, otros separatistas de una añada no tan reciente como la suya. Él, que ha organizado todo este jaleo para desviar la atención de la pésima gestión de la crisis que ha realizado y salir relegido  es posible que incluso no consiga siquiera la mayoría precisa para gobernar.

martes, 9 de octubre de 2012

Cuestión de cabeza (Microfábula IV)


La cabeza estaba harta por completo de esos pies perezosos, malolientes e infectados de hongos. En concreto, le enervaba esa manía suya de no correr lo mismo que ella y que  la obligaba a rezagarse.
También odiaba a las manos, para que negarlo, tan delicadas que a la mínima se cubrían de ampollas y callos, y tan torpes que nunca eran capaces de ejecutar con precisión la pura perfección de sus pensamientos.
Puestos en materia, también la enervaba el estómago, insaciable, siempre pidiendo más y luego quejándose acto seguido. Y el corazón, tan presuntuoso él, pero que se negaba a obedecer sus dictados y se quebraba al menor contratiempo.
Decididamente, estaría mejor sin toda esa caterva de inútiles, y es posible que se decida a abandonarlos.
Como si fuera posible.

PD: Pueden darle a la cabeza un nombre del norte de España o de Europa, es indiferente.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Cortina de humo


Admito ser malpensado, pero cuesta creer que, de un día para otro, Mas decida calarse la barretina hasta los ojos, que se le despierte de buenas a primeras el espíritu montaraz e independentista.
Nadie ignora que los sucesivos gobiernos de CiU, con la inestimable ayuda del interludio tripartito, han llevado a la bancarrota a la que debiera ser una de las comunidades autónomas más prósperas del estado, y servidor no puede evitar sospechar que toda esta alharaca taliban-nacionalista por fuerza debe ser una maniobra de distracción. Es más sencillo erigirse en líder de una yihad antiespañola que ser el objeto de todas las críticas por dirigir una administración que no tiene un maldito euro y se ve obligada a pedir auxilio al gobierno de Madrid, eso sí, exhibiendo el altivo desprecio de los paupérrimos hidalgos del Lazarillo.
No voy a negar que existe un fuerte sentimiento independentista en buena parte de la población de la comunidad: tantos años de inmersión (aunque en justicia debiera decirse inversión) lingüística, de desaprender la historia y el español, de inventar realidades paralelas e inculcar el sentimiento de que andaluces y extremeños se dan la vida padre a costa del trabajo de los catalanes, ha dado sus frutos, y su dinero ha costado. Buena parte del agujero autonómico catalán se debe a frivolidades como subvencionar el doblaje de películas al catalán o mantener innecesarias embajadas.
No se puede ignorar que Barcelona, como Madrid, es una ciudad que vive de vender y prestar servicios al resto de España. Que muchas multinacionales sentaron allí su sede por el hecho de contar con puerto, pero la trasladarían de inmediato si dejase de formar parte de España. Fomentar que la pertenencia a España es un lastre para la prosperidad de Cataluña, en lugar de la causa de esta, es la mayor falacia que los nacionalistas han conseguido implantar entre sus partidarios como una  verdad incuestionable.
Es evidente que Mas sabía que se iba a volver de la Moncloa con las manos vacías, y que el encuentro de ayer no fue sino una escenificación de cara a la galería, sobre todo a su clá. Lo que no tengo claro es que Mas sepa dónde pararse, si es que puede hacerlo, y si es consciente de que está despertando a un monstruo de voracidad insaciable y al que, una vez puesto en movimiento, no podrá contener.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los pitos de la discordia


En cuanto escuché a Esperanza Aguirre en el programa de Carlos Herrera, supe que sus palabras iban a levantar revuelo.
La Wikipedia afirma: la corrección política o lo políticamente correcto es un término utilizado para describir lenguaje, ideas, políticas o comportamientos que se considera que buscan minimizar las ofensas a grupos étnicos, culturales o religiosos. Esta obsesión, llevada hasta el límite del absurdo por la inmensa mayoría de los políticos y muchos que no lo son, redunda en la insustancialidad, en el discurso queso de Burgos, descafeinado e insulso por tanto afán de complacer, o al menos no molestar, a cuanto insensato irascible puebla la faz de la tierra, y ciertamente no menudean.
Resulta patético ir a jugar la final de la Copa del Rey y pedir a tus seguidores que expresen libremente sus sentimientos,  en concreto: pita por la lengua, pita por la libertad, pita por las elecciones, pita contra el robo y pita por el nuevo estado catalán. Semejante dislate es equivalente a ordenarse fraile para predicar desde el púlpito a favor del ateísmo o el agnosticismo. Encuentro tan pueril la conducta de Rosell que no se me ocurre otro castigo que quitarle su juguete favorito y enviarle a la cama sin postre.
Entiendo perfectamente que el nacionalismo, acostumbrado a hacer de estas cuestiones su razón de ser, pues carece de otra, sufra de sarpullidos y erupciones ante la mera visión de un miembro de la casa real o una bandera española, pero nadie les obliga a participar en la Copa del Rey, si es que tan dolorosa y ofensiva les resulta la presencia de su vástago. Lo que no puedo admitir es que políticos que tratan de pasar por moderados, como Durán, se rasguen las vestiduras y afirmen que prohibir pitadas y abucheos es un atentado contra la libertad de expresión. Curiosamente, cuando pitaban a los de su partido a la entrada a las cortes catalanas, no sostenía la misma opinión.
Retomando el comienzo, parece evidente que la presidenta madrileña peca de muchos defectos, pero no de exceso de corrección política, y, si por algo se caracteriza, es por afirmar en voz alta lo que mucha gente piensa pero ningún político se atrevería jamás a enunciar, justamente por saber que ello les convertiría en blanco de la jauría.
Un servidor no es monárquico ni se le saltan las lágrimas ante la vista de la enseña nacional, pero no me parecería mal que el partido se suspendiera si la conducta del público lo justifica. Mi modesta opinión es que, si no nos gustan las leyes, cambiémoslas, si bien, mientras permanezcan en vigor, hay que respetarlas y los gobernantes tienen la obligación de hacerlas respetar. Si han de hacer una manifestación en la plaza de Cataluña en contra de la monarquía y a favor de la independencia que la hagan, no obstante, si acuden a la final de la Copa del Rey, algo a lo que nadie les obliga, déjense los pitos en casa.

jueves, 13 de octubre de 2011

Por unos palmos de tela


Contemplo con estupor en las noticias que un ex concejal de Masquefa atropelló a dos vecinos por retirar una bandera de España que él acababa de colocar frente al ayuntamiento. Pero me dejan aún más atónito las declaraciones de uno de los atropellados, que calificaban a la causa de la discordia como “bandera trampa”, y afirmaba, indignado, que él había caído en ella.

Muy mal están las cosas si una bandera nacional, amparada por la constitución que nos rige a todos, supone una provocación de tal calibre que ningún vecino puede sustraerse a ella. Volvemos de nuevo a esas historias de opereta y España profunda (en este caso Cataluña profunda), dignas de protagonizar una película de Berlanga.

Poco futuro le auguro a Europa con esta mentalidad: se supone que debiéramos sentirnos ciudadanos europeos y después del mundo, pero cada vez nos vemos más infiltrados por el espíritu de la taifa, ese estúpido afán de sentirnos diferentes del resto por algo tan nimio como haber nacido unos kilómetros más allá de un lado u otro.

Estas son las consecuencias de la creciente radicalización nacionalista auspiciada y alimentada por el mercadeo de favores con unos y otros en el parlamento nacional: dos ciudadanos corrientes a los que la mera vista de la enseña nacional les supone una afrenta intolerable, y un ex concejal dispuesto a atropellarles por ello. Esto viene a probar que hablar de nacionalismo moderado es una antinomia, así como que toda doctrina política que se base en la diferenciación geográfica constituye una clara lacra para la sociedad, máxime si les permitimos hacer de los centros de enseñanza sus sedes de implantación ideológica o lavado de cerebro, llámese como se quiera.

lunes, 10 de octubre de 2011

Peres y peras



Se ve que, bien el calentón preelectoral, bien este impropio y tórrido comienzo otoñal, evaporaron el seni de Duran i Lleida, y no se le ocurrió otra cosa que afirmar que la fruta de los payeses catalanes se pudre en los árboles porque los agricultores andaluces y extremeños se funden el subsidio del PER en el bar.
 No es la primera vez que escucho esta falacia (que los impuestos de los catalanes pagan los vicios la mitad sur de España) en boca de un catalán, pero sí la primera que un político de cierta enjundia y que no sea un zumbado de Esquerra se atreve a sumar su nombre a lo que es evidente que constituye un sentir, no me atrevería a decir mayoritario, pero sí de una notable popularidad en Cataluña. Los nacionalismos, a falta de otra doctrina, por fuerza han de nutrirse de estas mentiras.
Más que el hecho en sí de que el Sr. Roca piense esta barbaridad, lo que de veras me sorprende es que se muestre tan torpe como para manifestarlo delante de cámaras y micrófonos: hay ciertas incorrecciones políticas implícitas en cada ideología, si bien, en un país donde la política es el arte del embuste y la apariencia, jamás se pueden formular abiertamente.
No obstante, lo que resulta incluso más asombroso es que esta diarrea verbal del Sr. Roca haya servido, por vez primera y sin que sirva de precedente, para que  PSOE, PP e IU de Andalucía se ayunten en un ménage à trois tan antinatural y aberrante para solicitar su reprobación, que solo cabría imaginar posible si se tratara de una cuestión vital para el destino de la región, como subirse el sueldo al comienzo de la legislatura.


Columna publicada en El Soplón

miércoles, 20 de julio de 2011

El agujero autonómico

La guerra de cifras y desmentidos entre el gobierno entrante y el saliente de Castilla la Mancha viene a confirmar lo que era un secreto a voces: el despilfarro demencial que supone el estado de las autonomías.

El caso de Castilla la Mancha resulta particularmente sangrante y paradigmático, pues, tratándose de una de las regiones más paupérrimas del estado, ha derrochado a puños llenos con su televisión autonómica y su caja de ahorros agujereada como ninguna, con sus obras faraónicas y perecederas, como el aeropuerto de Ciudad Real o el AVE Ciudad Real Albacete.

Esa forma de edificar un estado dentro de otro que suponen las autonomías, ese modo de multiplicar los parlamentarios, altos cargos y funcionarios, es un lujo que España no se puede permitir. Ya fue un error en su día, apenas por contentar a vascos y catalanes, pero hoy resulta sencillamente inasumible.

Cuando una familia atraviesa dificultades económicas, lo primero que elimina son los gastos superfluos y suntuarios, y lo mismo, en buena ley, debiera hacer el estado. Si resulta evidente, incluso para el más lerdo, que el tamaño supone la única forma de sobrevivir en una economía cada vez más globalizada y competitiva, no tiene sentido alguno fragmentar el estado y avanzar en la dirección contraria a la que indica la razón.

Para derramar más sangre, durante todos estos años los partidos nacionalistas han hecho de la lucha identitaria su razón de ser, su medio de robar votos a los partidos nacionales inoculando la falacia de que la independencia es la solución a todos los males, cuando en realidad sería su causa más segura e inmediata si llegara a producirse.

Tenemos un estado fraccionado e insostenible y unas cuentas que no cuadran. Tenemos millones de catalanes y vascos firme e ilusoriamente convencidos de que andaluces y extremeños viven a su costa. Tenemos, en definitiva, un problema de tres cojones, y a nadie que posea los idems precisos para abordarlo.

Columna publicada en El Soplón

viernes, 3 de julio de 2009

El poder de la palabra

Es evidente que algunas autonomías han hecho de la batalla lingüística su razón de ser. Aunque al habitante de dichas regiones este particular no le va a servir para mejorar su nivel de vida, hasta la fecha sí que había supuesto un notable impedimento para que naturales de otras tierras se desplazasen a trabajar a estas. La reforma educativa que pretende impulsar el gobierno autónomo catalán va un paso más allá, pues va a suponer que los alumnos a los que les corresponda sufrirla padezcan inconvenientes semejantes a la hora de trabajar en el resto de España, pues no van a ser capaces de manejar con soltura el idioma común.

A un servidor, esta actitud le resulta tan absurda como incomprensible. En plena era de la globalización, cuando aspiramos a la Europa común y el Inglés se ha convertido en una suerte de esperanto universal, no me entran en la cabeza estos afanes por volver a la autarquía y los reinos de taifas. Me parece perfecto que se estudie Gallego, Catalán o Chino Mandarín, pero resulta a todas luces aberrante que se ponga tanto empeño y se dediquen tantos recursos para las nuevas generaciones ignoren por completo una lengua que les puede servir para desenvolverse en el resto de la nación a la que todavía pertenecen, así como en muchas otras, o que se emplee la lengua, en vez de cómo un nexo de unión y un medio de llegar a otros, como un recurso para fomentar el aislamiento.