El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

jueves, 25 de septiembre de 2008

Me lo diga Usted en la calle

La última salida extemporánea de la ministra de fomento no (sólo) es una demostración de sus modos barriobajeros y de su poca altura moral e intelectual, sino una prueba más de la patente incompetencia de ZP, que, en vez de haberla adjudicado la cartera de fomento, debía haberla puesto al frente de defensa, algo mucho más apropiado para sus modales cuarteleros y su aspecto, no se sabe si de sargento chusquero o bulldog enrabietado.

martes, 23 de septiembre de 2008

Las máscaras de Prada

No es facil imaginar que una persona con un aire tan serio, sesudo y circunspecto como Juan Manuel de Prada pueda haber escrito un libro como “Las máscaras del héroe”.

Si calificase esta novela como monumental, sin duda me quedaría corto, pues se trata de una obra ciclópea y megalomaníaca, una suerte de pirámide de Keops literaria. Pero lo que más trabajo cuesta creer es que este libro haya sido publicado cuando el autor era un mozalbete, apenas veintiséis años, pues cualquiera que lo leyese sin saber quién es el mismo supondría que se trata de un catedrático sesentón con un ejercito de becarios a sus ordenes para realizar la ardua tarea de investigación y documentación.

La historia en sí es un colorido (y un tanto esperpéntico) retrato de la bohemia, relatado en primera persona por un personaje de ficción, Fernando Navales, un crápula y calavera sin escrúpulos, aunque el verdadero eje de la misma es Pedro Luis de Gálvez, escritor bohemio, excéntrico y excesivo por excelencia. Tan sólo la carta inicial de este al director de prisiones merecería un libro aparte. A lo largo de la trama realizan notables cameos buena parte de los escritores de las generaciones del 98 y 27, así como gran número de personajes célebres de la época, conformando un argumento ágil y sumamente divertido. La prosa del autor es exquisita, quizás un tanto prolija y florida, pero sin caer en la afectación o el barroquismo, algo que lleva de nuevo a causar extrañeza, dada la edad del autor. La única circunstancia que podría inducir a sospechar de este particular es su excesiva afición por los episodios venéreos.

Con este, el primer libro que leo del autor, ha conseguido ganarme como lector incondicional. Animo a cuantos quieran pasar un buen rato (bien largo, casi seiscientas páginas) a que acometan su lectura.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Unidos por el EURIBOR

Lo acaba de decir un estudio (siempre, por exótico que pueda parecer el tema, hay un grupo de gente desocupada dispuesto a realizar un estudio sobre él): lo que nos une a nuestra pareja ya no es el amor, ni siquiera el sexo; tampoco la pasión por los hijos (los que de verdad sufren en las separaciones) sino el dichoso EURIBOR. Parece ser que el número de divorcios ha disminuido y la razón no es otra que la imposibilidad de pagar la letra de la vivienda conyugal y además costarse otra.

No es de extrañar ese aire místico y recogido que muestran los notarios cuando te reciben en su despacho, esa entonación de plegaria, casi letanía, con la que leen los contratos antes de su firma, pues son de sobra conscientes de que ellos, y no los curas, son los vicarios del Señor en la tierra, y de que lo que ellos unen queda bien atado, quizás no para siempre, pero sí durante un buen número de años, y sin riesgo de que el desamor, la rutina o una rubia de curvas imposibles lo malogre.

Acude a mi cabeza un eslogan, un tanto cursi, muy en boga en las joyerías hace unos años: “Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”. A esto cabría ahora añadir: “(EURIBOR + 0.75)”

PD: A.P.A. te dedico esta entrada, en tu condición de banquera aplicada.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un hombre en la oscuridad

Mentiría si dijese que no me ha decepcionado la última entrega de Paul Auster. Aunque el autor hace gala de su característica prosa hipnótica, con la que es capaz de atraparte aunque se limite a narrar cómo el protagonista envuelve un bocadillo, me veo obligado a afirmar que este es uno de esos casos en los que, partiendo de un planteamiento sublime, se acaba con un final absolutamente piojoso (como afirmaba Javier Pérez en el caso del Club Dante).

El arranque del libro es canónicamente “austeriano”; un articulista y crítico literario jubilado, dolorosamente viudo y casi inválido a causa de un accidente de tráfico, convive con su hija, abandonada por su esposo, y su nieta, cuyo novio ha sido asesinado en Irak: tres barcos desarbolados y a la deriva que coinciden al embarrancar en la misma playa. El articulista, que padece insomnio, por las noches se dedica a inventar una historia en la que un hombre es arrebatado de su “realidad” y aparece en otra paralela, en la que los Estados Unidos no están embarcados en la guerra de Irak, sino enfrascados en una contienda civil secesionista. Al protagonista de esta segunda trama, le encomiendan matar a un hombre (que, aunque desde del principio ya se sospecha, a mitad del libro se confirma que es el propio articulista inválido) para que la guerra civil deje de existir.

Este argumento, complejo y de múltiples ramificaciones entrelazadas, casi neuronal, sello de la casa, acaba siendo resulto de un modo chapucero, apresurado y de forma que le priva de sentido al resto de la trama, haciendo que el libro resulte ser un camino que no lleva a ninguna parte. Cuando uno anhelaba con ansia descubrir cómo Auster conseguía encajar este rompecabezas (lo cierto es que esperaba algo a la altura de Vértigo), él se limita a matar al personaje inventado, que el articulista le cuente a su nieta sus amores de juventud y se acabe el libro, sin más.

Se diría que el autor acabó sin fuelle, o llegó a un callejón sin salida, y terminó presuroso el libro presionado (a punta de pistola, o algo peor) por su agente, o que fue concluido por uno de sus negros menos talentosos, en una mañana de resaca y deseoso de marcharse de vacaciones.

Si he de ser sincero, me da la impresión de que el Auster que tanto me deslumbró en sus comienzos cada vez se va volviendo más opaco, tal vez por los efectos acomodaticios de la fama. Quizás no sea ajeno a este hecho el de que haya simultaneado la lectura de este libro con “Las máscaras del héroe”, de J.M. de Prada, y, aunque las comparaciones siempre sean odiosas, en este caso son particularmente despiadadas, máxime teniendo en cuenta el asombroso hecho de que el español publicase este libro con tan sólo veinticinco años. También puede ser que uno se vaya volviendo cada vez más exigente, es posible que demasiado (miedo me da releer mis antiguos escritos).

Como concusión, cabría decir que, aunque se trata de una novela que se lee con comodidad, incluso agrado, en la opinión de este humilde servidor el libro no vale el dinero que se paga por él ni es uno de los que volvería a releer. Si sienten curiosidad, sáquenlo de la biblioteca.

Un premio

Me acabo de enterar, gracias a un mensaje de mi “primo” lejano y estupendo escritor, Ernesto Ortega Garrido, de que me han concedido el Premio Internacional de Pensamiento del Concurso Internacional de Microtextos "Garzón Céspedes" 2008.

No deja de tener gracia que nada más me premien microtextos cuando lo mío es la novela, y que además me hayan galardonado ahora, cuando apenas concurso, ya que el escaso tiempo que consigo robarle al sueño y otros menesteres lo dedico a corregir mi tercera novela.

Aunque el premio no tiene dotación económica alguna, no deja de colmarme de alegría y satisfacción, ya que en esta afición tan ingrata, en la que uno cosecha tantos sinsabores y el único poso agradable agradable que suele quedar es la propia dicha que produce el trabajo en sí, cualquier pequeña gota se celebra como chaparrón sobre tierra reseca.

Como sé que algunos (en particular familiares y amigos) me van a reclamar el texto premiado, sobre todo porque es poco más de una línea y se puede leer sin temor a la fatiga ocular, al esguince de córnea o al desprendimiento de retina, lo reproduzco aquí:

“Viajero: quien entiende la vida como la búsqueda de la mayor distancia entre dos puntos.”

Noticia en Canal Literatura

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Cateados en septiembre

De nuevo, el informe de la OCDE ha vuelto a suspender a la educación española; y lo peor de todo no es esto, que ya es bastante malo, sino que este hecho no nos sorprenda en absoluto y, aún más lamentable, que nadie se rasgue las vestiduras a causa de ello.

Es cierto que los últimos gobiernos han hecho demasiados experimentos con la educación, en general poco provechosos, que muchos la han empleado como un arma arrojadiza y algunas autonomías como un instrumento para realizar proselitismo, que muchos padres contemplan los centros educativos como una suerte de guarderías y que la educación (la de los buenos modos) de nuestros estudiantes ha sido descuidada por los progenitores y, en general, deja bastante que desear, pero el problema de fondo no es ninguno de los anteriores, sino el poco respeto (de estima mejor no hablamos) que la educación inspira en la sociedad española.

En tiempos no muy lejanos, la educación era uno de los principales factores a la hora de determinar el prestigio social, si bien primero la cultura del pelotazo, después los “realities” y su exaltación del mamarracho y para terminar la deleznable moda del “bulling” grabado en el móvil y colgado en Youtube, han convertido los estudios en un fin poco apetecible y a las personas que los cursan en poco menos que unos “frikis”.

El verdadero problema es que no se quiere estudiar, y los centros educativos se han convertido en algo similar a centros de confinamiento.

A ver quién es el guapo que cambia esto.

lunes, 1 de septiembre de 2008

El disparate autonómico (y II)

Esta mañana escuchaba en la radio que tan sólo con la suma de los importes que figuran en los flamantes estatutos de Cataluña, Andalucía y Valencia, se llega al 74% del total del presupuesto autonómico. En una mesa con 17 comensales, al servir tercero ya casi nos hemos quedado sin melón.

Y es que, con la financiación autonómica, el gobierno se ha comportado con una irresponsabilidad inverosímil para alguien que tenga un mínimo sentido de estado (o que aspire a estar en el poder más de cuatro años). Para ser exactos, su comportamiento ha sido del todo semejante al de un jugador borracho que ha pasado una noche loca firmando pagarés por todas las mesas del casino y, al día siguiente, en plena resaca, se encuentra que se ha endeudado por mucho más de lo que alcanzará nunca su patrimonio.

Eso sí, a talante nadie nos gana.

lunes, 25 de agosto de 2008

El melón autonómico

Por los pelos (o por treinta monedas de plata) se ha librado mi queridísimo ZP de acudir al congreso a explicar cómo se compone este rompecabezas imposible donde faltan o sobran piezas, según quien lo mire.

Durante la pasada legislatura, hemos asistido al dislate de cómo primero una autonomía pedía la Luna, después otra, enrabietada, solicitaba Marte, para que al final otra, envalentonada, reclamase sus derechos sobre la Vía Láctea, y el gobierno, en un alarde de talante y capacidad de diálogo, ha concedido a todos absolutamente todo cuanto pedían. Lo malo es que, ahora, estas pérfidas autonomías van y solicitan que les den lo que les corresponde según sus flamantes, remodelados y ombligocéntricos estatutos, y resulta que no hay. En vez de admitirlo (o de haber cumplido con su deber y oponerse cuando fue el momento), este gobierno de la inoperancia y la negación de la verdad se limita a echar un poco de tierra, apenas dos paladas, sobre el cadáver y a rezar para que no apeste demasiado y aguante, aunque sea, hasta la próxima legislatura.

Aun así, esto no nos va a salir gratis, porque, para acallar a unos y a otros, va a tener que ir aflojando por aquí y por allá, sin dejar a nadie satisfecho, pero, al fin y al cabo, aflojando. Y no debemos olvidar que el dinero no es del gobierno, sino de nosotros, los pobrecitos contribuyentes, y que el gobierno se limita a administrarlo (o a jugar al monopoly con él, según como se mire).

Este servidor jamás ha entendido la supuesta utilidad del estado de las autonomías y siempre lo ha contemplado como una absurda multiplicación de cargos y organismos que sólo sirve para tirar dinero, un dispendio tolerable, a duras penas, en tiempos de bonanza, mas inadmisible con la que se avecina.

Por supuesto, en esta familia de hijos caprichosos y pedigüeños que son las autonomías, ninguno está satisfecho y todos quieren más. Las autonomías más favorecidas empiezan a solicitar que se revise la balanza fiscal. Ya puestos a revisarla, que se continúe con las provincias, los municipios, los barrios, las comunidades de vecinos, y al final, con cada uno de los contribuyentes: es decir, que se vaya al cuerno el modelo de estado de la solidaridad y que cada cual se apañe con lo suyo. Así no pagaríamos impuestos, y el que tenga trabajo que coma y el que no que ayune. Que cada cual construya sus veinte centímetros de autovía y se pague el médico cada vez que enferme.

A pesar de lo evidente de la situación, seguimos empeñados en hacer un pan con unas hostias, cada cual reclamando obstinado los derechos de su autonomía a un estado (al que no deben pertenecer) en apariencia ubérrimo e inagotable. Aquí tenemos el melón, abierto y ya medio podrido. Y además hay menos rodajas que comensales. A ver como sirves este postre, ZP.

lunes, 18 de agosto de 2008

La cuenta de la vieja

La “desaceleración acelerada” no se debe tan sólo a que los bancos no tengan ni un euro que prestar al insensato que decida invertir en ladrillos, ni a los cientos de miles de nuevos parados que se han generado en los últimos meses, sino a la sensación que tienen la mayoría de los ciudadanos, aquellos que no tienen cuenta de gastos en los presupuestos generales del estado y por tanto no pueden permitirse el lujo de pensar que estamos mejor preparados que el resto de Europa para capear este temporal, de que la cosa está fastidiada de veras, y, cuando uno se encuentra ante una tesitura así, lo primero que hace es apretarse el cinturón un par de agujeros.

Y para darse cuenta de que esto ya está sucediendo no se precisa conocer los indicadores macroeconómicos, que lo más probable es que el gobierno “cocine” hasta que resulten de su gusto, sino que basta con observar pequeños detalles de la vida cotidiana. Un servidor, que el año pasado y los precedentes sufría los monumentales atascos que se producían en la A6 todos los fines de semana, este año no ha encontrado ni uno sólo, ni siquiera este puente en el que media España celebra fiestas y siempre se producían embotellamientos antológicos. Y no sólo se trata de eso, sino que se puede ver bastantes mesas vacías en terrazas que antes siempre tenían cola, y, si se le pregunta al carnicero, al pescadero o a cualquier otro, sin excepción te confirmarán que se vende menos y que además la gente se decanta por los productos más baratos.

Pero claro, si uno vive en una torre de marfil y no sabe cuánto cuesta un café, puede osar decir que la cosa no está tan mal y quedarse tan fresco. Cuando no se ha perdido el empleo ni se pasan apreturas para llegar a fin de mes, uno se puede permitir alegrías dialécticas y dedicarse a jugar con el lenguaje, como si esto cambiase la realidad.

¿Y saben qué les digo? Pues que hacen muy requetebién. Si los votantes te lo permiten, ¿por qué vas a tolerar que la realidad te estropee un bonito discurso?

martes, 12 de agosto de 2008

Hipocresía

Estos días nos estamos enterando, gracias a los telediarios, de la existencia de una remota región llamada Osetia, y además, miren Uds., que hay una del norte y otra del sur. Por otra parte, es absolutamente sorprendente la fría asepsia con la que todos medios tratan la noticia y, hasta la fecha, este servidor no ha escuchado ni siquiera a un tertuliano marginal, levantar una voz indignada en contra del conflicto bélico, a diferencia de lo que pasó con la guerra de Irak. Lo mismo sucede con los gobiernos occidentales, tan ardorosos defensores de los derechos humanos; tan sólo se ha hecho patente la tibia queja de los americanos.

A uno, que nunca se ha vanagloriado de estar al tanto de los entresijos de la política rusa ni se conoce al dedillo la región, le da la impresión de que al gobierno ruso, que nunca se ha caracterizado porque el bienestar de sus ciudadanos (y más si son de los que no votan) le quite el sueño, le animan otros motivos distintos de los que alega como causa de la intervención. Entonces, de modo casual, te enteras de que esos territorios ignotos son atravesados por varios gaseoductos y oleoductos con los que Rusia nos abastece a buena parte de occidente y todo empieza a estar mas claro.

Los octanos ni me los toquen, oigan.

lunes, 11 de agosto de 2008

El timo de la estampita

Recomiendo encarecidamente leer hasta el punto final este enlace que he copiado del blog de Soboro. Explica, como no he visto en ningún otro sitio, el porqué de la crisis que estamos viviendo, que no se debe a otro motivo que a las malas artes de los “genios” que se dedican a inventar arabescos financieros, los de los sueldos de vértigo y contratos blindados, que no son otra cosa que versiones refinadas del viejo timo.

Ahora parecemos sorprendidos por la aparición de la crisis, pero antes nadie se hacía de cruces cuando se construía muy por encima de las necesidades reales de vivienda, se vendía muy por encima de su precio razonable y se daban créditos muy por encima de los umbrales de riesgo más temerarios. Hasta hace bien poco, la mayoría pensaba que el ladrillo era la mejor forma de inversión y que la vivienda jamás bajaría de precio, ¡y eso que ya estábamos viendo lo que pasaba en América! Y es que, en este mundo globalizado hasta las últimas consecuencias, caíamos en la infinita ingenuidad de pensar que lo que sucedía en Illinois no afectaba al vecino de San Quirico

Léanlo ustedes, y después me cuentan.

martes, 29 de julio de 2008

Borricos sobre ruedas

Ayer escuchaba en las noticias que una a “señorita”, por llamarla de algún modo, reincidente para más INRI, la habían sorprendido circulando a 219km/h. Si la limitación de velocidad es de 120km/hora, es del todo absurdo que la mayoría de los coches del mercado puedan superar con creces, muchos incluso duplicar, esta velocidad, cuando es algo que, de un modo muy sencillo, podría limitarse en la centralita electrónica del vehículo, que, por ejemplo, al los 140km/h cortase la inyección.

Este hecho revela una hipocresía absoluta de las leyes al respecto, que ningún gobierno, de cualquier signo, se ha dignado ni siquiera a estudiar, pues parece evidente que entran en liza intereses de la industria automovilística. El hecho sería equivalente a que vendiesen armas automáticas en el “super”, pero que luego una ley prohibiese su tenencia.

En vez de medidas sancionadoras y penales, ¿no sería mucho más lógica una ley que obligue a limitar la velocidad máxima de los vehículos? Pero claro, ¿cómo se justificaría, entonces, que te vendan un coche con trescientos caballos bajo el capó (y un borrico al volante)?

lunes, 28 de julio de 2008

El que no tiene pueblo es un “desgraciao”

Si se vive en Madrid, esto es una verdad incontestable. Y no sólo por el lujo que supone ir el fin de semana y dormir dos noches del tirón, además con mantita, sino porque en estas macrourbes, rodeados de millares de congéneres, no conocemos el nombre de pila del vecino de rellano. Uno se va al pueblo y parece que no sólo cambia su ubicación unos pocos quilómetros, sino que hasta se muda la personalidad: aquí se reparten los buenos días en cada esquina y se alterna amigablemente con el primero que aparece por el bar.

Aunque he nacido en una ciudad, pequeña, y llevo más de media vida en Madrid, reconozco que cada día me estoy haciendo más “de pueblo” .

martes, 22 de julio de 2008

¿Y ahora qué?

Las estadísticas siempre están referidas a un hipotético universo del discurso del que uno jamás forma parte; mientras que las cifras macroeconómicas no adquieren cara y nombre propio, las observamos con el distanciamiento propio de los números abstractos. Por eso hemos estado contemplando con frialdad, incluso con cierto regocijo, cómo este gobierno, de una forma bastante patética y en lugar de tratar de solucionar la crisis económica, se estrujaba las entendederas buscando circunloquios con los que evitar el maldito palabro.

Ahora que la crisis inmobiliaria en general, y de la construcción en particular, es una contundente realidad, no podemos ignorar el hecho de que cientos de miles de personas que acostumbraban a trabajar sin papeles, por días y con unos elevados ingresos (según pude ver en un reportaje de televisión, más de doscientos euros al día), se han quedado sin trabajo y sin subsidio de desempleo que mitigue esta situación. Esto ya ha dejado de ser una fría cifra para convertirse en una escalofriante realidad. Haga usted el ejercicio mental y póngase en su lugar: ¿se conformaría, en su caso, con meter las manos en los bolsillos y quedarse sin hacer nada? Esta situación se va a convertir, a no mucho tardar, en un problema social y de orden público de primera índole, y los que deberían buscarle solución se dedican a festejar que llevan cien días sin hacer nada.

miércoles, 9 de julio de 2008

El gobierno de los gestos.

Si algo caracteriza a este gobierno, “talantudo” y zapaterista, es su profusión de guiños a cuanto colectivo se le pone a tiro ante la más mínima sospecha de que con ello se pueda arañar un voto. Por eso no es de extrañar que el resultado de su congreso haya sido un puñado de gestos dirigidos a las mujeres y a los emigrantes (parafraseando el anuncio de un conocido refresco: a los gays y las lesbianas, a los sin papeles y a los desempleados, a los jóvenes e iletrados…)

Lo malo es que, con esta profusión de gestos, apenas les sobra tiempo y energía para nada más. Tanto gesto, tanto guiño, tanta alharaca, aspaviento y cucamona, vacíos por completo de contenido alguno hasta el punto de convertirlos en “tics”, ¿no les trae algo a la cabeza?

A mí sí: un tonto de baba

jueves, 3 de julio de 2008

Vivo sin vivir en mí.

A diferencia de mi paisana, no espero una vida más alta, sólo más tranquila.
Gastadas, y casi olvidadas, las breves vacaciones, uno se enfrenta a la cruda realidad como si se tratase de una fuerza de la naturaleza, con la resignación ovina de quien asume lo inexorable. Asediado desde múltiples frentes simultáneos, un servidor se apresura a atender a lo urgente y se olvida de lo importante. Un paso fugaz por la oficina me depara miles de correos, en su mayor parte spam, y multitud de asuntos que van a tener que esperar, pues uno no ha aprendido, todavía, a dividirse como las amebas.

Este fin de semana a montar muebles de cocina en el pueblo, y el lunes a Canarias. Después, Dios dirá.

jueves, 19 de junio de 2008

Quema de libros.

Reproduzco aquí el comunicado que me han hecho llegar mis buenos amigos de Maghenta:

Maghenta Editorial invita a quemar ejemplares de uno de sus libros en las próximas hogueras de San Juan.
Editorial Maghenta quiere celebrar el próximo solsticio de verano con fuego y libros. Solicita a sus lectores una dirección postal y el lugar donde pasarán la noche de San Juan para enviarles por correo un ejemplar de la obra "Bt Portman, el último petrolero" de Diego Meca.
Los responsables de la editorial se acogen a la cita de Ray Bradbury:
"hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos", en el convencimiento que nadie se atreverá a leer la obra mencionada, por lo que invitan alegremente a prenderle fuego. Eso sí, también solicitan una foto digital del momento del incendio del libro, que deberán enviar a la dirección maghentaeditorial@gmail.com
Maghenta propone a sus lectores sentirse cómplices de Carvalho, "que prendía sus hogueras con letra impresa"; a disfrutar de ser el último aliado de Henry Miller, "empeñado en incendiar todas las bibliotecas del mundo", o de un espíritu tan romántico como el del Kafka "que quiso alumbrar la inmortalidad con la quema de sus obras completas".


No deja de ser curioso que una editorial fomente la quema de libros, aunque si uno se entera de lo que les hizo el autor (merece la pena leerlo aquí, pasando todas las diapositivas del slideshare), lo que extraña es que no se decidieran por hacer lo propio con el autor.

Por cierto, pasado mañana me voy Almerimar, esta vez de vacaciones.

sábado, 14 de junio de 2008

El reino de los cielos

No deja de tener gracia que este gobierno de tibiezas y medias tintas, que lo único en lo que aparenta mostrarse firme sea en su carácter republicano y en su laicismo militante y beligerante, haya acabado por instalarse en el reino de los cielos. Y no digo esto por que el buenismo de opereta del que hace ostentación le haya valido la salvación eterna, sino porque hace tiempo que ha perdido contacto con los problemas terrenales que padecemos los que no le podemos pasar al erario público el cargo por las reformas del pisito, también del estado.

En el congreso, Zapatero sigue negando la existencia de la crisis, a despecho de los cientos de miles nuevos parados, del precio del gasoil, de los pisos que no se venden ni regalados y de que las estanterías de los supermercados, en las que anteayer escaseaba de todo, retrotraían la memoria a la posguerra y las cartillas de racionamiento.

En el centro de este gobierno avestruz, al que sus votantes permiten ignorar la realidad a base de rodearla con el lenguaje, de modo que en vez de crisis tenemos aceleración de la desaceleración y donde los trasvases son reasignaciones temporales de caudal, se yergue su ministra tótem, la “miembra”del gobierno Aido. Esta señora iletrada e inexperta, a la que la han puesto a la cabeza de un ministerio sin contenido, ha entendido perfectamente la dinámica del gobierno y el predominio del lenguaje sobre la terca y pérfida realidad, por eso se empecina en que la ilógica y machista Real Academia acepte el término “miembra”.

La oposición tampoco es ajena a estos afanes divinos, y mira al cielo y aguarda el maná. Rajoy, a quien le estorba la vieja guardia que heredó de Aznar, reza para que estos molestos compañeros se descabecen solos y le presenten la ofrenda en bandeja de plata. Aguirre, y quién sabe más, que quiere ser califa en lugar del califa, pero que no se atreve a levantar la cabeza, no vaya a ser que se la afeiten, dirige sus plegarias para que sea Rajoy el que se marche y le facilite la tarea.

Queda claro que los únicos que vivimos en la tierra, por no decir en el purgatorio, somos los de siempre, los que pagamos impuestos.

martes, 10 de junio de 2008

Doce cuentos con premio


Vuelvo a hablar en este rincón de Jesús Tíscar, uno de los escritores más originales y talentudos del panorama actual (seguro que también sería uno de los más controvertidos si lo leyesen más).

Acabo de releer 12 cuentos con premio, una recopilación de cuentos galardonados del autor y que nada tiene que envidiar a otros volúmenes que han recibido grandes premios al conjunto. Antes de hacerme con el libro, ya había conseguido “pescar” alguno de los cuentos en la red, como “El convento de las niñas muertas”, ganador del prestigioso premio de la Asociación de la Prensa de Ávila, o mi favorito, una auténtica obra maestra, “Breve noticia de un folletinista provinciano de éxito”, con el que obtuvo el segundo premio del Fernando Quiñones. Incluso así, la impresión que produce el conjunto es mucho mayor que la suma de sus partes, pues entre los distintos cuentos se desarrollan indudables sinergias que potencian el resultado final. En “Obscenus” se vislumbra ya la estrella que estalló en supernova en “La poetisa”, y algunas obras, de auténtica paleontología del autor, como “Los satélites de Marte”, de 1996, prueban que el jienense lleva ya muchos años escribiendo con un nivel soberbio.

Una lectura indispensable; eso sí, quien no tolere el submundo freudiano de Tíscar, mejor que no se acerque a este libro.

lunes, 2 de junio de 2008

Las corrientes oceánicas, de Félix J. Palma.

Antes de abordar este libro, con el que consiguió el premio Luís Berenguer de novela, me gustaría contar otra anécdota relacionada con el autor.

Esta mañana, mientras que un taxi me llevaba al aeropuerto, he podido escuchar en la radio que, en Japón, una mujer de cincuenta y tantos años ha estado más de un año viviendo en un armario de otro hombre sin que este se enterase. Hace unos días, reseñaba aquí “Las interioridades”, del mismo autor; el cuento que da título al libro, uno de los mejores que ha leído este servidor, narra las andanzas de una particular fauna que pulula por los roperos ajenos. Uno admiraba esta historia justo por la maestría demostrada al narrar una situación tan fantástica e inverosímil haciendo gala de tal coherencia interna que uno se traga cada palabra sin pestañear, ¡y resulta que hay un caso real que parece plagiar al cuento!

Las corrientes oceánicas es un libro que, cuanto menos, podemos calificar como “particular”. El comienzo te hace sentir que vas a disfrutar de una obra maestra, pues arranca haciendo exhibición de un lenguaje de una riqueza exquisita, alejado de la habitual tendencia al barroquismo del autor, y repleto de unas observaciones que evidencian una agudeza y una perspicacia extraordinarias. Por desgracia, los preámbulos de la historia se prolongan durante la mitad de la novela, que te causa la impresión de estar leyendo un cuento extralargo, de una densidad inaudita, y que a mi casi me obliga a abandonar la lectura. En el tercer cuarto del libro, la narración sufre un giro radical, y el autor desarrolla una trama sorprendente, que te incita a devorar las páginas. El desenlace no está a la altura de la trama, pues es forzado, inverosímil y, por momentos, pueril. Incluso, en ocasiones, los personajes actúan con evidente desprecio a toda coherencia interna, incluso a la de la propia historia. El epílogo es memorable y bien podría ser considerado, en si mismo, como un cuento extraordinario.

A decir verdad, no tengo clara cuál es mi opinión sobre el libro, y si alguien me obligase a dar un veredicto tajante sobre el mismo (si me ha gustado o no), con sinceridad, no sabría qué decir.

Para los envidiosos: esta semana también estoy en Canarias.