Porque con el affaire UPN ha demostrado, una vez más, su pasmosa y consumada habilidad para la intriga y el navajazo trapero: no solo se ha refocilado con la mujer de su enemigo, sino que ha conseguido que esta le ponga la maleta en la calle.
La lástima es que su gobierno no haga gala de esa misma habilidad, ni siquiera de la misma aplicación y tesón, para gobernar el país ni para contener la crisis económica o las cifras del desempleo. Y es que la política no es el arte de gobernar, sino de conseguir votos a cualquier precio.
martes, 14 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
La tempestad de Prada
Cuesta trabajo creer que el autor de “Las máscaras del héroe” pueda ser el mismo que el de “La tempestad”; no obstante, resulta mucho más inverosímil el hecho de que la primera sea anterior a la segunda; lo más probable, porque en verdad no haya sido así: son cosas que tienen estos certámenes mercenarios y mamporreros en los que el premio es anterior a la obra.
La tempestad adolece de una total falta de coherencia interna, tanto de los personajes principales como de la historia en sí. Puede ser que esto se deba a que “Las máscaras” las creo a partir de su inmensa erudición mientras que esta obra la ha tenido que edificar a partir de su magra experiencia vital, si bien esta explicación no parece suficiente. El lenguaje de “La tempestad” es gótico, sobrecargado y cae, en numerosas ocasiones, en la afectación, forzando el lenguaje con el único propósito de parecer original.
Una historia se construye sobre sus personajes, es lo que le da intensidad y vida; para que estos sean creíbles, deben, además de respirar, transpirar: los personajes de “La tempestad” son planos e impostados como monedas de chocolate.
“Las máscaras del héroe” se publicó en septiembre1996, y escribir un libro así lleva varios años (y muchos meses de correcciones). “La tempestad“ ganó el Planeta en el 97, por lo que debió presentarlo, como muy tarde, en junio de ese año. Si tenemos en cuenta que en el 94 publicó "Coños" y en el 95 "El silencio del patinador", se ve con claridad que las cuentas no cuadran. Mi opinión personal es que Prada debió escribir este libro con apenas veinte años, cuando el mundo se le antojaba una inmensa ecuación plagada de incógnitas (ya me hubiese gustado a mí ser capaz de escribir así con su edad)
Como conclusión, se trata de un libro mediocre, por supuesto por encima del nivel (subterráneo, que diría Marsé) de Asensis y Navarros, pero muy por debajo de la capacidad del autor, que sólo por “Las máscaras” merece figurar en los anales de la literatura. Un servidor continuará a la caza y captura de los otros libros del mismo puño: no se piensen que es una empresa fácil. De momento, mi próxima víctima será"La vida invisible".
La tempestad adolece de una total falta de coherencia interna, tanto de los personajes principales como de la historia en sí. Puede ser que esto se deba a que “Las máscaras” las creo a partir de su inmensa erudición mientras que esta obra la ha tenido que edificar a partir de su magra experiencia vital, si bien esta explicación no parece suficiente. El lenguaje de “La tempestad” es gótico, sobrecargado y cae, en numerosas ocasiones, en la afectación, forzando el lenguaje con el único propósito de parecer original.
Una historia se construye sobre sus personajes, es lo que le da intensidad y vida; para que estos sean creíbles, deben, además de respirar, transpirar: los personajes de “La tempestad” son planos e impostados como monedas de chocolate.
“Las máscaras del héroe” se publicó en septiembre1996, y escribir un libro así lleva varios años (y muchos meses de correcciones). “La tempestad“ ganó el Planeta en el 97, por lo que debió presentarlo, como muy tarde, en junio de ese año. Si tenemos en cuenta que en el 94 publicó "Coños" y en el 95 "El silencio del patinador", se ve con claridad que las cuentas no cuadran. Mi opinión personal es que Prada debió escribir este libro con apenas veinte años, cuando el mundo se le antojaba una inmensa ecuación plagada de incógnitas (ya me hubiese gustado a mí ser capaz de escribir así con su edad)
Como conclusión, se trata de un libro mediocre, por supuesto por encima del nivel (subterráneo, que diría Marsé) de Asensis y Navarros, pero muy por debajo de la capacidad del autor, que sólo por “Las máscaras” merece figurar en los anales de la literatura. Un servidor continuará a la caza y captura de los otros libros del mismo puño: no se piensen que es una empresa fácil. De momento, mi próxima víctima será"La vida invisible".
Levanto mi sombrero
Ayer hablaba sobre la necesidad de financiación de las PYMES. La comunidad de Madrid (parece como si leyeran esta página) anunció al mediodía que iban a abrir en Avalmadrid una línea de crédito para este fin. Igual que nos apresuramos a repartir palos cuando pintan bastos, uno debe quitarse el sombrero ante la rapidez de reflejos de unos administradores que, lo harán mejor o peor, pero demuestran afán de ganarse el sueldo que les pagamos los contribuyentes.
miércoles, 8 de octubre de 2008
Barcos sin honra.
Por una vez (y sin que sirva de precedente) mi admirado ZP ha tratado de anticiparse a los acontecimientos en vez de limitarse a dejarse arrastrar por ellos.
No existe gran diferencia entre que se garanticen 50.000 o 100.000€ de nuestros depósitos; el españolito medio lo que suele tener es una deuda con el banco, y lo importante es el mensaje subyacente: que los fondos (del que los tenga) no están tan seguros en el banco como nadie se hubiese atrevido a dudar hace unos pocos meses.
La medida importante de veras es la que se sacó de la manga, la referente a apoyar la financiación de las empresas, si bien, y a falta de más detalles, sospecho que sólo está orientada a las grandes empresas. A pesar de que en España la mayor parte del empleo lo crean las PYMES, esta medida es buena en tanto que, aunque no las apoye, evita que sean arrastradas en la caída de las grandes.
En este país nadie paga al contado: todas las operaciones mercantiles se realizan a 90,120 e incluso 180 días. Arrastrados por esta psicosis financiera, los bancos están negándose a renovar las líneas de crédito y descuento de empresas con las que jamás ha tenido problema alguno, medida que provoca el estrangulamiento de cualquier PYME. Por esta razón, es vital que el único que puede, el estado, medie o avale de algún modo a las PYMES para atajar esta situación.
Ahora bien: ¿de dónde va a salir todo este dinero? Es público y notorio que en España hay más de 500.000 millones de Euros de dinero negro tan sólo en billetes de 500. Durante la crisis del 92, el gobierno de González ya realizó una emisión de deuda con opacidad fiscal. Es cierto que esta amnistía fiscal vulnera toda ética, mas, ¿permitiremos que nos hundamos todos con tal de fastidiar a los defraudadores? Volvemos a la vieja cuestión de Felipe II.
No existe gran diferencia entre que se garanticen 50.000 o 100.000€ de nuestros depósitos; el españolito medio lo que suele tener es una deuda con el banco, y lo importante es el mensaje subyacente: que los fondos (del que los tenga) no están tan seguros en el banco como nadie se hubiese atrevido a dudar hace unos pocos meses.
La medida importante de veras es la que se sacó de la manga, la referente a apoyar la financiación de las empresas, si bien, y a falta de más detalles, sospecho que sólo está orientada a las grandes empresas. A pesar de que en España la mayor parte del empleo lo crean las PYMES, esta medida es buena en tanto que, aunque no las apoye, evita que sean arrastradas en la caída de las grandes.
En este país nadie paga al contado: todas las operaciones mercantiles se realizan a 90,120 e incluso 180 días. Arrastrados por esta psicosis financiera, los bancos están negándose a renovar las líneas de crédito y descuento de empresas con las que jamás ha tenido problema alguno, medida que provoca el estrangulamiento de cualquier PYME. Por esta razón, es vital que el único que puede, el estado, medie o avale de algún modo a las PYMES para atajar esta situación.
Ahora bien: ¿de dónde va a salir todo este dinero? Es público y notorio que en España hay más de 500.000 millones de Euros de dinero negro tan sólo en billetes de 500. Durante la crisis del 92, el gobierno de González ya realizó una emisión de deuda con opacidad fiscal. Es cierto que esta amnistía fiscal vulnera toda ética, mas, ¿permitiremos que nos hundamos todos con tal de fastidiar a los defraudadores? Volvemos a la vieja cuestión de Felipe II.
martes, 7 de octubre de 2008
¿Europeos?
Ahora, que rechinan los aceros de la crisis, cuando lo más lógico sería convenir una respuesta unánime y coherente de la unión, se ha lanzado una alocada carrera del “sálvese quien pueda”, cual ratas huyendo del navío que hace agua, prueba irrefutable de que el tan cacareado europeísmo, supuesto catecismo de unos y otros, ni tan siquiera era una pose, como mucho un maquillaje, y somero. En vez de acordar por consenso la mejor forma de evitar el naufragio y arrimar el hombro para superar el desastre, nos lanzamos todos a la carrera para no quedarnos fuera del bote salvavidas ¡Qué demostración de inteligencia y sentido de estado (europeo) de nuestros doctos dirigentes!
Esta crisis también está demostrando que nuestra supuestamente “cualificada” clase política sólo es experta en arañar votos, y que, en cuanto a lidiar con este morlaco, sabe poco más que un servidor, que no tiene la más remota idea: la canciller alemana el sábado pone de vuelta y media Irlanda por correr al rescate de sus entidades financieras y el domingo la imita. Al menos, la debacle nos está sirviendo para comprobar que nuestros dilectos próceres no son más que aprendices de brujo (perdóneme ud. por la comparación, señor Mickey Mouse).
Esta crisis también está demostrando que nuestra supuestamente “cualificada” clase política sólo es experta en arañar votos, y que, en cuanto a lidiar con este morlaco, sabe poco más que un servidor, que no tiene la más remota idea: la canciller alemana el sábado pone de vuelta y media Irlanda por correr al rescate de sus entidades financieras y el domingo la imita. Al menos, la debacle nos está sirviendo para comprobar que nuestros dilectos próceres no son más que aprendices de brujo (perdóneme ud. por la comparación, señor Mickey Mouse).
lunes, 6 de octubre de 2008
El que no quiere ver
No puedo evitar que las declaraciones que ha realizado Eguiguren este fin de semana, referentes a que no descarta volver a negociar de nuevo con los de las pistolas, me colmen de desazón. Es comprensible (aunque no lo comparta en absoluto) que ZP, un iluminado a pesar de su dogmático e integrista laicismo, fuese tan iluso como para creer que con él (y su talante) la negociación fuese posible; no obstante, si después del enorme fiasco que supuso, sigue en sus trece (como por otra parte lo demuestra, a pesar de su aparente postura de firmeza, el hecho de que no haya derogado en el parlamento la ley que autorizaba a negociar a su gobierno), se demuestra que este ejecutivo está lastrado con una ceguera patológica y lesiva para sus gobernados.
Es algo tan sencillo como que con gente que no maneja otros argumentos que balas de nueve milímetros no se negocia: se les vence o permitimos que nos venzan.
Es algo tan sencillo como que con gente que no maneja otros argumentos que balas de nueve milímetros no se negocia: se les vence o permitimos que nos venzan.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Hasta la bandera
Lo ha dicho instituciones penitenciarias: en las cárceles españolas no cabe un recluso más. Lo siguiente que ha apuntado es que, quizás, la solución no pase por construir más cárceles, sino por buscar alternativas a la reclusión: si le preguntan a la Sra. Aído, es posible que sugiera, como terapia de rehabilitación, un taller de punto de cruz (una actividad claramente no sexista). Sebastián podría idear alojarles en los hoteles costeros en temporada baja, y así se paliariaría la crisis en nuestro emblemático sector turístico.
Lo malo de esto es que al pobre hombre que pierda trabajo y vivienda ni siquiera le va a quedar el recurso de atracar una churrería para alojarse y comer a costa del estado. Aunque lo más probable es que a este desgraciado lo metan el la celda del fondo y arrojen la llave a la alcantarilla, y a un delincuente violento y reincidente lo despachen con una terapia de reinserción y un cursillo de tasador de embudos.
Pero lo peor de todo es que, al final, en vez de acometer el problema de raíz (por qué a nuestro país acuden todos los delincuentes internacionales), nos saldrán con alguna ocurrencia tan descabellada como las que acabo de citar.
Lo malo de esto es que al pobre hombre que pierda trabajo y vivienda ni siquiera le va a quedar el recurso de atracar una churrería para alojarse y comer a costa del estado. Aunque lo más probable es que a este desgraciado lo metan el la celda del fondo y arrojen la llave a la alcantarilla, y a un delincuente violento y reincidente lo despachen con una terapia de reinserción y un cursillo de tasador de embudos.
Pero lo peor de todo es que, al final, en vez de acometer el problema de raíz (por qué a nuestro país acuden todos los delincuentes internacionales), nos saldrán con alguna ocurrencia tan descabellada como las que acabo de citar.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Que paguen los de siempre
A lo largo de los últimos años, nos hemos acostumbrado a que, una y otra vez, las cifras de resultados de las entidades financieras arrojasen cifras record. Ahora, cuando se descubre que lo que creíamos recias fortalezas no eran más que castillos de naipes, parece ser que le va a tocar pagar la cuenta de la juerga al de siempre, al sufrido contribuyente. En EEUU, van a salir a razón de 4.000$ por barba, y enEuropa ya se empiezan a rumorear intervenciones similares.
No voy a entrar a discutir si esto es necesario o no, pues no soy un experto y además me consta que el derrumbamiento del sistema bancario sería lo peor que le podría pasar a nuestro modelo económico, pero no deja de ser una injusticia clamorosa que cuatro se hayan enriquecido inmoralmente y al pobre ciudadano con un sueldo –el que de verdad sustenta al fisco– le toque siempre perder.
No voy a entrar a discutir si esto es necesario o no, pues no soy un experto y además me consta que el derrumbamiento del sistema bancario sería lo peor que le podría pasar a nuestro modelo económico, pero no deja de ser una injusticia clamorosa que cuatro se hayan enriquecido inmoralmente y al pobre ciudadano con un sueldo –el que de verdad sustenta al fisco– le toque siempre perder.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Quiero ser mujer florero
– ¡Qué niña tan linda! ¿Y tú que vas a ser de mayor, guapa?
– Quiero que todo el mundo me admire, que todos estén pendientes de mis palabras, aunque no diga más que obviedades o disparates, que me vistan los mejores diseñadores y salir a todas horas en la tele.
– ¡Qué encanto! Tan pequeña y ya aspira a ser artista.
– ¿Cómo que artista? Yo lo que quiero ser es ministra de igualdad.
– Quiero que todo el mundo me admire, que todos estén pendientes de mis palabras, aunque no diga más que obviedades o disparates, que me vistan los mejores diseñadores y salir a todas horas en la tele.
– ¡Qué encanto! Tan pequeña y ya aspira a ser artista.
– ¿Cómo que artista? Yo lo que quiero ser es ministra de igualdad.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Me lo diga Usted en la calle
La última salida extemporánea de la ministra de fomento no (sólo) es una demostración de sus modos barriobajeros y de su poca altura moral e intelectual, sino una prueba más de la patente incompetencia de ZP, que, en vez de haberla adjudicado la cartera de fomento, debía haberla puesto al frente de defensa, algo mucho más apropiado para sus modales cuarteleros y su aspecto, no se sabe si de sargento chusquero o bulldog enrabietado.
martes, 23 de septiembre de 2008
Las máscaras de Prada
No es facil imaginar que una persona con un aire tan serio, sesudo y circunspecto como Juan Manuel de Prada pueda haber escrito un libro como “Las máscaras del héroe”.
Si calificase esta novela como monumental, sin duda me quedaría corto, pues se trata de una obra ciclópea y megalomaníaca, una suerte de pirámide de Keops literaria. Pero lo que más trabajo cuesta creer es que este libro haya sido publicado cuando el autor era un mozalbete, apenas veintiséis años, pues cualquiera que lo leyese sin saber quién es el mismo supondría que se trata de un catedrático sesentón con un ejercito de becarios a sus ordenes para realizar la ardua tarea de investigación y documentación.
La historia en sí es un colorido (y un tanto esperpéntico) retrato de la bohemia, relatado en primera persona por un personaje de ficción, Fernando Navales, un crápula y calavera sin escrúpulos, aunque el verdadero eje de la misma es Pedro Luis de Gálvez, escritor bohemio, excéntrico y excesivo por excelencia. Tan sólo la carta inicial de este al director de prisiones merecería un libro aparte. A lo largo de la trama realizan notables cameos buena parte de los escritores de las generaciones del 98 y 27, así como gran número de personajes célebres de la época, conformando un argumento ágil y sumamente divertido. La prosa del autor es exquisita, quizás un tanto prolija y florida, pero sin caer en la afectación o el barroquismo, algo que lleva de nuevo a causar extrañeza, dada la edad del autor. La única circunstancia que podría inducir a sospechar de este particular es su excesiva afición por los episodios venéreos.
Con este, el primer libro que leo del autor, ha conseguido ganarme como lector incondicional. Animo a cuantos quieran pasar un buen rato (bien largo, casi seiscientas páginas) a que acometan su lectura.
Si calificase esta novela como monumental, sin duda me quedaría corto, pues se trata de una obra ciclópea y megalomaníaca, una suerte de pirámide de Keops literaria. Pero lo que más trabajo cuesta creer es que este libro haya sido publicado cuando el autor era un mozalbete, apenas veintiséis años, pues cualquiera que lo leyese sin saber quién es el mismo supondría que se trata de un catedrático sesentón con un ejercito de becarios a sus ordenes para realizar la ardua tarea de investigación y documentación.
La historia en sí es un colorido (y un tanto esperpéntico) retrato de la bohemia, relatado en primera persona por un personaje de ficción, Fernando Navales, un crápula y calavera sin escrúpulos, aunque el verdadero eje de la misma es Pedro Luis de Gálvez, escritor bohemio, excéntrico y excesivo por excelencia. Tan sólo la carta inicial de este al director de prisiones merecería un libro aparte. A lo largo de la trama realizan notables cameos buena parte de los escritores de las generaciones del 98 y 27, así como gran número de personajes célebres de la época, conformando un argumento ágil y sumamente divertido. La prosa del autor es exquisita, quizás un tanto prolija y florida, pero sin caer en la afectación o el barroquismo, algo que lleva de nuevo a causar extrañeza, dada la edad del autor. La única circunstancia que podría inducir a sospechar de este particular es su excesiva afición por los episodios venéreos.
Con este, el primer libro que leo del autor, ha conseguido ganarme como lector incondicional. Animo a cuantos quieran pasar un buen rato (bien largo, casi seiscientas páginas) a que acometan su lectura.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Unidos por el EURIBOR
Lo acaba de decir un estudio (siempre, por exótico que pueda parecer el tema, hay un grupo de gente desocupada dispuesto a realizar un estudio sobre él): lo que nos une a nuestra pareja ya no es el amor, ni siquiera el sexo; tampoco la pasión por los hijos (los que de verdad sufren en las separaciones) sino el dichoso EURIBOR. Parece ser que el número de divorcios ha disminuido y la razón no es otra que la imposibilidad de pagar la letra de la vivienda conyugal y además costarse otra.
No es de extrañar ese aire místico y recogido que muestran los notarios cuando te reciben en su despacho, esa entonación de plegaria, casi letanía, con la que leen los contratos antes de su firma, pues son de sobra conscientes de que ellos, y no los curas, son los vicarios del Señor en la tierra, y de que lo que ellos unen queda bien atado, quizás no para siempre, pero sí durante un buen número de años, y sin riesgo de que el desamor, la rutina o una rubia de curvas imposibles lo malogre.
Acude a mi cabeza un eslogan, un tanto cursi, muy en boga en las joyerías hace unos años: “Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”. A esto cabría ahora añadir: “(EURIBOR + 0.75)”
PD: A.P.A. te dedico esta entrada, en tu condición de banquera aplicada.
No es de extrañar ese aire místico y recogido que muestran los notarios cuando te reciben en su despacho, esa entonación de plegaria, casi letanía, con la que leen los contratos antes de su firma, pues son de sobra conscientes de que ellos, y no los curas, son los vicarios del Señor en la tierra, y de que lo que ellos unen queda bien atado, quizás no para siempre, pero sí durante un buen número de años, y sin riesgo de que el desamor, la rutina o una rubia de curvas imposibles lo malogre.
Acude a mi cabeza un eslogan, un tanto cursi, muy en boga en las joyerías hace unos años: “Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”. A esto cabría ahora añadir: “(EURIBOR + 0.75)”
PD: A.P.A. te dedico esta entrada, en tu condición de banquera aplicada.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Un hombre en la oscuridad
Mentiría si dijese que no me ha decepcionado la última entrega de Paul Auster. Aunque el autor hace gala de su característica prosa hipnótica, con la que es capaz de atraparte aunque se limite a narrar cómo el protagonista envuelve un bocadillo, me veo obligado a afirmar que este es uno de esos casos en los que, partiendo de un planteamiento sublime, se acaba con un final absolutamente piojoso (como afirmaba Javier Pérez en el caso del Club Dante).
El arranque del libro es canónicamente “austeriano”; un articulista y crítico literario jubilado, dolorosamente viudo y casi inválido a causa de un accidente de tráfico, convive con su hija, abandonada por su esposo, y su nieta, cuyo novio ha sido asesinado en Irak: tres barcos desarbolados y a la deriva que coinciden al embarrancar en la misma playa. El articulista, que padece insomnio, por las noches se dedica a inventar una historia en la que un hombre es arrebatado de su “realidad” y aparece en otra paralela, en la que los Estados Unidos no están embarcados en la guerra de Irak, sino enfrascados en una contienda civil secesionista. Al protagonista de esta segunda trama, le encomiendan matar a un hombre (que, aunque desde del principio ya se sospecha, a mitad del libro se confirma que es el propio articulista inválido) para que la guerra civil deje de existir.
Este argumento, complejo y de múltiples ramificaciones entrelazadas, casi neuronal, sello de la casa, acaba siendo resulto de un modo chapucero, apresurado y de forma que le priva de sentido al resto de la trama, haciendo que el libro resulte ser un camino que no lleva a ninguna parte. Cuando uno anhelaba con ansia descubrir cómo Auster conseguía encajar este rompecabezas (lo cierto es que esperaba algo a la altura de Vértigo), él se limita a matar al personaje inventado, que el articulista le cuente a su nieta sus amores de juventud y se acabe el libro, sin más.
Se diría que el autor acabó sin fuelle, o llegó a un callejón sin salida, y terminó presuroso el libro presionado (a punta de pistola, o algo peor) por su agente, o que fue concluido por uno de sus negros menos talentosos, en una mañana de resaca y deseoso de marcharse de vacaciones.
Si he de ser sincero, me da la impresión de que el Auster que tanto me deslumbró en sus comienzos cada vez se va volviendo más opaco, tal vez por los efectos acomodaticios de la fama. Quizás no sea ajeno a este hecho el de que haya simultaneado la lectura de este libro con “Las máscaras del héroe”, de J.M. de Prada, y, aunque las comparaciones siempre sean odiosas, en este caso son particularmente despiadadas, máxime teniendo en cuenta el asombroso hecho de que el español publicase este libro con tan sólo veinticinco años. También puede ser que uno se vaya volviendo cada vez más exigente, es posible que demasiado (miedo me da releer mis antiguos escritos).
Como concusión, cabría decir que, aunque se trata de una novela que se lee con comodidad, incluso agrado, en la opinión de este humilde servidor el libro no vale el dinero que se paga por él ni es uno de los que volvería a releer. Si sienten curiosidad, sáquenlo de la biblioteca.
El arranque del libro es canónicamente “austeriano”; un articulista y crítico literario jubilado, dolorosamente viudo y casi inválido a causa de un accidente de tráfico, convive con su hija, abandonada por su esposo, y su nieta, cuyo novio ha sido asesinado en Irak: tres barcos desarbolados y a la deriva que coinciden al embarrancar en la misma playa. El articulista, que padece insomnio, por las noches se dedica a inventar una historia en la que un hombre es arrebatado de su “realidad” y aparece en otra paralela, en la que los Estados Unidos no están embarcados en la guerra de Irak, sino enfrascados en una contienda civil secesionista. Al protagonista de esta segunda trama, le encomiendan matar a un hombre (que, aunque desde del principio ya se sospecha, a mitad del libro se confirma que es el propio articulista inválido) para que la guerra civil deje de existir.
Este argumento, complejo y de múltiples ramificaciones entrelazadas, casi neuronal, sello de la casa, acaba siendo resulto de un modo chapucero, apresurado y de forma que le priva de sentido al resto de la trama, haciendo que el libro resulte ser un camino que no lleva a ninguna parte. Cuando uno anhelaba con ansia descubrir cómo Auster conseguía encajar este rompecabezas (lo cierto es que esperaba algo a la altura de Vértigo), él se limita a matar al personaje inventado, que el articulista le cuente a su nieta sus amores de juventud y se acabe el libro, sin más.
Se diría que el autor acabó sin fuelle, o llegó a un callejón sin salida, y terminó presuroso el libro presionado (a punta de pistola, o algo peor) por su agente, o que fue concluido por uno de sus negros menos talentosos, en una mañana de resaca y deseoso de marcharse de vacaciones.
Si he de ser sincero, me da la impresión de que el Auster que tanto me deslumbró en sus comienzos cada vez se va volviendo más opaco, tal vez por los efectos acomodaticios de la fama. Quizás no sea ajeno a este hecho el de que haya simultaneado la lectura de este libro con “Las máscaras del héroe”, de J.M. de Prada, y, aunque las comparaciones siempre sean odiosas, en este caso son particularmente despiadadas, máxime teniendo en cuenta el asombroso hecho de que el español publicase este libro con tan sólo veinticinco años. También puede ser que uno se vaya volviendo cada vez más exigente, es posible que demasiado (miedo me da releer mis antiguos escritos).
Como concusión, cabría decir que, aunque se trata de una novela que se lee con comodidad, incluso agrado, en la opinión de este humilde servidor el libro no vale el dinero que se paga por él ni es uno de los que volvería a releer. Si sienten curiosidad, sáquenlo de la biblioteca.
Un premio
Me acabo de enterar, gracias a un mensaje de mi “primo” lejano y estupendo escritor, Ernesto Ortega Garrido, de que me han concedido el Premio Internacional de Pensamiento del Concurso Internacional de Microtextos "Garzón Céspedes" 2008.
No deja de tener gracia que nada más me premien microtextos cuando lo mío es la novela, y que además me hayan galardonado ahora, cuando apenas concurso, ya que el escaso tiempo que consigo robarle al sueño y otros menesteres lo dedico a corregir mi tercera novela.
Aunque el premio no tiene dotación económica alguna, no deja de colmarme de alegría y satisfacción, ya que en esta afición tan ingrata, en la que uno cosecha tantos sinsabores y el único poso agradable agradable que suele quedar es la propia dicha que produce el trabajo en sí, cualquier pequeña gota se celebra como chaparrón sobre tierra reseca.
Como sé que algunos (en particular familiares y amigos) me van a reclamar el texto premiado, sobre todo porque es poco más de una línea y se puede leer sin temor a la fatiga ocular, al esguince de córnea o al desprendimiento de retina, lo reproduzco aquí:
“Viajero: quien entiende la vida como la búsqueda de la mayor distancia entre dos puntos.”
Noticia en Canal Literatura
No deja de tener gracia que nada más me premien microtextos cuando lo mío es la novela, y que además me hayan galardonado ahora, cuando apenas concurso, ya que el escaso tiempo que consigo robarle al sueño y otros menesteres lo dedico a corregir mi tercera novela.
Aunque el premio no tiene dotación económica alguna, no deja de colmarme de alegría y satisfacción, ya que en esta afición tan ingrata, en la que uno cosecha tantos sinsabores y el único poso agradable agradable que suele quedar es la propia dicha que produce el trabajo en sí, cualquier pequeña gota se celebra como chaparrón sobre tierra reseca.
Como sé que algunos (en particular familiares y amigos) me van a reclamar el texto premiado, sobre todo porque es poco más de una línea y se puede leer sin temor a la fatiga ocular, al esguince de córnea o al desprendimiento de retina, lo reproduzco aquí:
“Viajero: quien entiende la vida como la búsqueda de la mayor distancia entre dos puntos.”
Noticia en Canal Literatura
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Cateados en septiembre
De nuevo, el informe de la OCDE ha vuelto a suspender a la educación española; y lo peor de todo no es esto, que ya es bastante malo, sino que este hecho no nos sorprenda en absoluto y, aún más lamentable, que nadie se rasgue las vestiduras a causa de ello.
Es cierto que los últimos gobiernos han hecho demasiados experimentos con la educación, en general poco provechosos, que muchos la han empleado como un arma arrojadiza y algunas autonomías como un instrumento para realizar proselitismo, que muchos padres contemplan los centros educativos como una suerte de guarderías y que la educación (la de los buenos modos) de nuestros estudiantes ha sido descuidada por los progenitores y, en general, deja bastante que desear, pero el problema de fondo no es ninguno de los anteriores, sino el poco respeto (de estima mejor no hablamos) que la educación inspira en la sociedad española.
En tiempos no muy lejanos, la educación era uno de los principales factores a la hora de determinar el prestigio social, si bien primero la cultura del pelotazo, después los “realities” y su exaltación del mamarracho y para terminar la deleznable moda del “bulling” grabado en el móvil y colgado en Youtube, han convertido los estudios en un fin poco apetecible y a las personas que los cursan en poco menos que unos “frikis”.
El verdadero problema es que no se quiere estudiar, y los centros educativos se han convertido en algo similar a centros de confinamiento.
A ver quién es el guapo que cambia esto.
Es cierto que los últimos gobiernos han hecho demasiados experimentos con la educación, en general poco provechosos, que muchos la han empleado como un arma arrojadiza y algunas autonomías como un instrumento para realizar proselitismo, que muchos padres contemplan los centros educativos como una suerte de guarderías y que la educación (la de los buenos modos) de nuestros estudiantes ha sido descuidada por los progenitores y, en general, deja bastante que desear, pero el problema de fondo no es ninguno de los anteriores, sino el poco respeto (de estima mejor no hablamos) que la educación inspira en la sociedad española.
En tiempos no muy lejanos, la educación era uno de los principales factores a la hora de determinar el prestigio social, si bien primero la cultura del pelotazo, después los “realities” y su exaltación del mamarracho y para terminar la deleznable moda del “bulling” grabado en el móvil y colgado en Youtube, han convertido los estudios en un fin poco apetecible y a las personas que los cursan en poco menos que unos “frikis”.
El verdadero problema es que no se quiere estudiar, y los centros educativos se han convertido en algo similar a centros de confinamiento.
A ver quién es el guapo que cambia esto.
lunes, 1 de septiembre de 2008
El disparate autonómico (y II)
Esta mañana escuchaba en la radio que tan sólo con la suma de los importes que figuran en los flamantes estatutos de Cataluña, Andalucía y Valencia, se llega al 74% del total del presupuesto autonómico. En una mesa con 17 comensales, al servir tercero ya casi nos hemos quedado sin melón.
Y es que, con la financiación autonómica, el gobierno se ha comportado con una irresponsabilidad inverosímil para alguien que tenga un mínimo sentido de estado (o que aspire a estar en el poder más de cuatro años). Para ser exactos, su comportamiento ha sido del todo semejante al de un jugador borracho que ha pasado una noche loca firmando pagarés por todas las mesas del casino y, al día siguiente, en plena resaca, se encuentra que se ha endeudado por mucho más de lo que alcanzará nunca su patrimonio.
Eso sí, a talante nadie nos gana.
Y es que, con la financiación autonómica, el gobierno se ha comportado con una irresponsabilidad inverosímil para alguien que tenga un mínimo sentido de estado (o que aspire a estar en el poder más de cuatro años). Para ser exactos, su comportamiento ha sido del todo semejante al de un jugador borracho que ha pasado una noche loca firmando pagarés por todas las mesas del casino y, al día siguiente, en plena resaca, se encuentra que se ha endeudado por mucho más de lo que alcanzará nunca su patrimonio.
Eso sí, a talante nadie nos gana.
lunes, 25 de agosto de 2008
El melón autonómico
Por los pelos (o por treinta monedas de plata) se ha librado mi queridísimo ZP de acudir al congreso a explicar cómo se compone este rompecabezas imposible donde faltan o sobran piezas, según quien lo mire.
Durante la pasada legislatura, hemos asistido al dislate de cómo primero una autonomía pedía la Luna, después otra, enrabietada, solicitaba Marte, para que al final otra, envalentonada, reclamase sus derechos sobre la Vía Láctea, y el gobierno, en un alarde de talante y capacidad de diálogo, ha concedido a todos absolutamente todo cuanto pedían. Lo malo es que, ahora, estas pérfidas autonomías van y solicitan que les den lo que les corresponde según sus flamantes, remodelados y ombligocéntricos estatutos, y resulta que no hay. En vez de admitirlo (o de haber cumplido con su deber y oponerse cuando fue el momento), este gobierno de la inoperancia y la negación de la verdad se limita a echar un poco de tierra, apenas dos paladas, sobre el cadáver y a rezar para que no apeste demasiado y aguante, aunque sea, hasta la próxima legislatura.
Aun así, esto no nos va a salir gratis, porque, para acallar a unos y a otros, va a tener que ir aflojando por aquí y por allá, sin dejar a nadie satisfecho, pero, al fin y al cabo, aflojando. Y no debemos olvidar que el dinero no es del gobierno, sino de nosotros, los pobrecitos contribuyentes, y que el gobierno se limita a administrarlo (o a jugar al monopoly con él, según como se mire).
Este servidor jamás ha entendido la supuesta utilidad del estado de las autonomías y siempre lo ha contemplado como una absurda multiplicación de cargos y organismos que sólo sirve para tirar dinero, un dispendio tolerable, a duras penas, en tiempos de bonanza, mas inadmisible con la que se avecina.
Por supuesto, en esta familia de hijos caprichosos y pedigüeños que son las autonomías, ninguno está satisfecho y todos quieren más. Las autonomías más favorecidas empiezan a solicitar que se revise la balanza fiscal. Ya puestos a revisarla, que se continúe con las provincias, los municipios, los barrios, las comunidades de vecinos, y al final, con cada uno de los contribuyentes: es decir, que se vaya al cuerno el modelo de estado de la solidaridad y que cada cual se apañe con lo suyo. Así no pagaríamos impuestos, y el que tenga trabajo que coma y el que no que ayune. Que cada cual construya sus veinte centímetros de autovía y se pague el médico cada vez que enferme.
A pesar de lo evidente de la situación, seguimos empeñados en hacer un pan con unas hostias, cada cual reclamando obstinado los derechos de su autonomía a un estado (al que no deben pertenecer) en apariencia ubérrimo e inagotable. Aquí tenemos el melón, abierto y ya medio podrido. Y además hay menos rodajas que comensales. A ver como sirves este postre, ZP.
Durante la pasada legislatura, hemos asistido al dislate de cómo primero una autonomía pedía la Luna, después otra, enrabietada, solicitaba Marte, para que al final otra, envalentonada, reclamase sus derechos sobre la Vía Láctea, y el gobierno, en un alarde de talante y capacidad de diálogo, ha concedido a todos absolutamente todo cuanto pedían. Lo malo es que, ahora, estas pérfidas autonomías van y solicitan que les den lo que les corresponde según sus flamantes, remodelados y ombligocéntricos estatutos, y resulta que no hay. En vez de admitirlo (o de haber cumplido con su deber y oponerse cuando fue el momento), este gobierno de la inoperancia y la negación de la verdad se limita a echar un poco de tierra, apenas dos paladas, sobre el cadáver y a rezar para que no apeste demasiado y aguante, aunque sea, hasta la próxima legislatura.
Aun así, esto no nos va a salir gratis, porque, para acallar a unos y a otros, va a tener que ir aflojando por aquí y por allá, sin dejar a nadie satisfecho, pero, al fin y al cabo, aflojando. Y no debemos olvidar que el dinero no es del gobierno, sino de nosotros, los pobrecitos contribuyentes, y que el gobierno se limita a administrarlo (o a jugar al monopoly con él, según como se mire).
Este servidor jamás ha entendido la supuesta utilidad del estado de las autonomías y siempre lo ha contemplado como una absurda multiplicación de cargos y organismos que sólo sirve para tirar dinero, un dispendio tolerable, a duras penas, en tiempos de bonanza, mas inadmisible con la que se avecina.
Por supuesto, en esta familia de hijos caprichosos y pedigüeños que son las autonomías, ninguno está satisfecho y todos quieren más. Las autonomías más favorecidas empiezan a solicitar que se revise la balanza fiscal. Ya puestos a revisarla, que se continúe con las provincias, los municipios, los barrios, las comunidades de vecinos, y al final, con cada uno de los contribuyentes: es decir, que se vaya al cuerno el modelo de estado de la solidaridad y que cada cual se apañe con lo suyo. Así no pagaríamos impuestos, y el que tenga trabajo que coma y el que no que ayune. Que cada cual construya sus veinte centímetros de autovía y se pague el médico cada vez que enferme.
A pesar de lo evidente de la situación, seguimos empeñados en hacer un pan con unas hostias, cada cual reclamando obstinado los derechos de su autonomía a un estado (al que no deben pertenecer) en apariencia ubérrimo e inagotable. Aquí tenemos el melón, abierto y ya medio podrido. Y además hay menos rodajas que comensales. A ver como sirves este postre, ZP.
lunes, 18 de agosto de 2008
La cuenta de la vieja
La “desaceleración acelerada” no se debe tan sólo a que los bancos no tengan ni un euro que prestar al insensato que decida invertir en ladrillos, ni a los cientos de miles de nuevos parados que se han generado en los últimos meses, sino a la sensación que tienen la mayoría de los ciudadanos, aquellos que no tienen cuenta de gastos en los presupuestos generales del estado y por tanto no pueden permitirse el lujo de pensar que estamos mejor preparados que el resto de Europa para capear este temporal, de que la cosa está fastidiada de veras, y, cuando uno se encuentra ante una tesitura así, lo primero que hace es apretarse el cinturón un par de agujeros.
Y para darse cuenta de que esto ya está sucediendo no se precisa conocer los indicadores macroeconómicos, que lo más probable es que el gobierno “cocine” hasta que resulten de su gusto, sino que basta con observar pequeños detalles de la vida cotidiana. Un servidor, que el año pasado y los precedentes sufría los monumentales atascos que se producían en la A6 todos los fines de semana, este año no ha encontrado ni uno sólo, ni siquiera este puente en el que media España celebra fiestas y siempre se producían embotellamientos antológicos. Y no sólo se trata de eso, sino que se puede ver bastantes mesas vacías en terrazas que antes siempre tenían cola, y, si se le pregunta al carnicero, al pescadero o a cualquier otro, sin excepción te confirmarán que se vende menos y que además la gente se decanta por los productos más baratos.
Pero claro, si uno vive en una torre de marfil y no sabe cuánto cuesta un café, puede osar decir que la cosa no está tan mal y quedarse tan fresco. Cuando no se ha perdido el empleo ni se pasan apreturas para llegar a fin de mes, uno se puede permitir alegrías dialécticas y dedicarse a jugar con el lenguaje, como si esto cambiase la realidad.
¿Y saben qué les digo? Pues que hacen muy requetebién. Si los votantes te lo permiten, ¿por qué vas a tolerar que la realidad te estropee un bonito discurso?
Y para darse cuenta de que esto ya está sucediendo no se precisa conocer los indicadores macroeconómicos, que lo más probable es que el gobierno “cocine” hasta que resulten de su gusto, sino que basta con observar pequeños detalles de la vida cotidiana. Un servidor, que el año pasado y los precedentes sufría los monumentales atascos que se producían en la A6 todos los fines de semana, este año no ha encontrado ni uno sólo, ni siquiera este puente en el que media España celebra fiestas y siempre se producían embotellamientos antológicos. Y no sólo se trata de eso, sino que se puede ver bastantes mesas vacías en terrazas que antes siempre tenían cola, y, si se le pregunta al carnicero, al pescadero o a cualquier otro, sin excepción te confirmarán que se vende menos y que además la gente se decanta por los productos más baratos.
Pero claro, si uno vive en una torre de marfil y no sabe cuánto cuesta un café, puede osar decir que la cosa no está tan mal y quedarse tan fresco. Cuando no se ha perdido el empleo ni se pasan apreturas para llegar a fin de mes, uno se puede permitir alegrías dialécticas y dedicarse a jugar con el lenguaje, como si esto cambiase la realidad.
¿Y saben qué les digo? Pues que hacen muy requetebién. Si los votantes te lo permiten, ¿por qué vas a tolerar que la realidad te estropee un bonito discurso?
martes, 12 de agosto de 2008
Hipocresía
Estos días nos estamos enterando, gracias a los telediarios, de la existencia de una remota región llamada Osetia, y además, miren Uds., que hay una del norte y otra del sur. Por otra parte, es absolutamente sorprendente la fría asepsia con la que todos medios tratan la noticia y, hasta la fecha, este servidor no ha escuchado ni siquiera a un tertuliano marginal, levantar una voz indignada en contra del conflicto bélico, a diferencia de lo que pasó con la guerra de Irak. Lo mismo sucede con los gobiernos occidentales, tan ardorosos defensores de los derechos humanos; tan sólo se ha hecho patente la tibia queja de los americanos.
A uno, que nunca se ha vanagloriado de estar al tanto de los entresijos de la política rusa ni se conoce al dedillo la región, le da la impresión de que al gobierno ruso, que nunca se ha caracterizado porque el bienestar de sus ciudadanos (y más si son de los que no votan) le quite el sueño, le animan otros motivos distintos de los que alega como causa de la intervención. Entonces, de modo casual, te enteras de que esos territorios ignotos son atravesados por varios gaseoductos y oleoductos con los que Rusia nos abastece a buena parte de occidente y todo empieza a estar mas claro.
Los octanos ni me los toquen, oigan.
A uno, que nunca se ha vanagloriado de estar al tanto de los entresijos de la política rusa ni se conoce al dedillo la región, le da la impresión de que al gobierno ruso, que nunca se ha caracterizado porque el bienestar de sus ciudadanos (y más si son de los que no votan) le quite el sueño, le animan otros motivos distintos de los que alega como causa de la intervención. Entonces, de modo casual, te enteras de que esos territorios ignotos son atravesados por varios gaseoductos y oleoductos con los que Rusia nos abastece a buena parte de occidente y todo empieza a estar mas claro.
Los octanos ni me los toquen, oigan.
lunes, 11 de agosto de 2008
El timo de la estampita
Recomiendo encarecidamente leer hasta el punto final este enlace que he copiado del blog de Soboro. Explica, como no he visto en ningún otro sitio, el porqué de la crisis que estamos viviendo, que no se debe a otro motivo que a las malas artes de los “genios” que se dedican a inventar arabescos financieros, los de los sueldos de vértigo y contratos blindados, que no son otra cosa que versiones refinadas del viejo timo.
Ahora parecemos sorprendidos por la aparición de la crisis, pero antes nadie se hacía de cruces cuando se construía muy por encima de las necesidades reales de vivienda, se vendía muy por encima de su precio razonable y se daban créditos muy por encima de los umbrales de riesgo más temerarios. Hasta hace bien poco, la mayoría pensaba que el ladrillo era la mejor forma de inversión y que la vivienda jamás bajaría de precio, ¡y eso que ya estábamos viendo lo que pasaba en América! Y es que, en este mundo globalizado hasta las últimas consecuencias, caíamos en la infinita ingenuidad de pensar que lo que sucedía en Illinois no afectaba al vecino de San Quirico
Léanlo ustedes, y después me cuentan.
Ahora parecemos sorprendidos por la aparición de la crisis, pero antes nadie se hacía de cruces cuando se construía muy por encima de las necesidades reales de vivienda, se vendía muy por encima de su precio razonable y se daban créditos muy por encima de los umbrales de riesgo más temerarios. Hasta hace bien poco, la mayoría pensaba que el ladrillo era la mejor forma de inversión y que la vivienda jamás bajaría de precio, ¡y eso que ya estábamos viendo lo que pasaba en América! Y es que, en este mundo globalizado hasta las últimas consecuencias, caíamos en la infinita ingenuidad de pensar que lo que sucedía en Illinois no afectaba al vecino de San Quirico
Léanlo ustedes, y después me cuentan.
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