Ayer escuchaba en las noticias que una a “señorita”, por llamarla de algún modo, reincidente para más INRI, la habían sorprendido circulando a 219km/h. Si la limitación de velocidad es de 120km/hora, es del todo absurdo que la mayoría de los coches del mercado puedan superar con creces, muchos incluso duplicar, esta velocidad, cuando es algo que, de un modo muy sencillo, podría limitarse en la centralita electrónica del vehículo, que, por ejemplo, al los 140km/h cortase la inyección.
Este hecho revela una hipocresía absoluta de las leyes al respecto, que ningún gobierno, de cualquier signo, se ha dignado ni siquiera a estudiar, pues parece evidente que entran en liza intereses de la industria automovilística. El hecho sería equivalente a que vendiesen armas automáticas en el “super”, pero que luego una ley prohibiese su tenencia.
En vez de medidas sancionadoras y penales, ¿no sería mucho más lógica una ley que obligue a limitar la velocidad máxima de los vehículos? Pero claro, ¿cómo se justificaría, entonces, que te vendan un coche con trescientos caballos bajo el capó (y un borrico al volante)?
martes, 29 de julio de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
El que no tiene pueblo es un “desgraciao”
Si se vive en Madrid, esto es una verdad incontestable. Y no sólo por el lujo que supone ir el fin de semana y dormir dos noches del tirón, además con mantita, sino porque en estas macrourbes, rodeados de millares de congéneres, no conocemos el nombre de pila del vecino de rellano. Uno se va al pueblo y parece que no sólo cambia su ubicación unos pocos quilómetros, sino que hasta se muda la personalidad: aquí se reparten los buenos días en cada esquina y se alterna amigablemente con el primero que aparece por el bar.
Aunque he nacido en una ciudad, pequeña, y llevo más de media vida en Madrid, reconozco que cada día me estoy haciendo más “de pueblo” .
Aunque he nacido en una ciudad, pequeña, y llevo más de media vida en Madrid, reconozco que cada día me estoy haciendo más “de pueblo” .
martes, 22 de julio de 2008
¿Y ahora qué?
Las estadísticas siempre están referidas a un hipotético universo del discurso del que uno jamás forma parte; mientras que las cifras macroeconómicas no adquieren cara y nombre propio, las observamos con el distanciamiento propio de los números abstractos. Por eso hemos estado contemplando con frialdad, incluso con cierto regocijo, cómo este gobierno, de una forma bastante patética y en lugar de tratar de solucionar la crisis económica, se estrujaba las entendederas buscando circunloquios con los que evitar el maldito palabro.
Ahora que la crisis inmobiliaria en general, y de la construcción en particular, es una contundente realidad, no podemos ignorar el hecho de que cientos de miles de personas que acostumbraban a trabajar sin papeles, por días y con unos elevados ingresos (según pude ver en un reportaje de televisión, más de doscientos euros al día), se han quedado sin trabajo y sin subsidio de desempleo que mitigue esta situación. Esto ya ha dejado de ser una fría cifra para convertirse en una escalofriante realidad. Haga usted el ejercicio mental y póngase en su lugar: ¿se conformaría, en su caso, con meter las manos en los bolsillos y quedarse sin hacer nada? Esta situación se va a convertir, a no mucho tardar, en un problema social y de orden público de primera índole, y los que deberían buscarle solución se dedican a festejar que llevan cien días sin hacer nada.
Ahora que la crisis inmobiliaria en general, y de la construcción en particular, es una contundente realidad, no podemos ignorar el hecho de que cientos de miles de personas que acostumbraban a trabajar sin papeles, por días y con unos elevados ingresos (según pude ver en un reportaje de televisión, más de doscientos euros al día), se han quedado sin trabajo y sin subsidio de desempleo que mitigue esta situación. Esto ya ha dejado de ser una fría cifra para convertirse en una escalofriante realidad. Haga usted el ejercicio mental y póngase en su lugar: ¿se conformaría, en su caso, con meter las manos en los bolsillos y quedarse sin hacer nada? Esta situación se va a convertir, a no mucho tardar, en un problema social y de orden público de primera índole, y los que deberían buscarle solución se dedican a festejar que llevan cien días sin hacer nada.
miércoles, 9 de julio de 2008
El gobierno de los gestos.
Si algo caracteriza a este gobierno, “talantudo” y zapaterista, es su profusión de guiños a cuanto colectivo se le pone a tiro ante la más mínima sospecha de que con ello se pueda arañar un voto. Por eso no es de extrañar que el resultado de su congreso haya sido un puñado de gestos dirigidos a las mujeres y a los emigrantes (parafraseando el anuncio de un conocido refresco: a los gays y las lesbianas, a los sin papeles y a los desempleados, a los jóvenes e iletrados…)
Lo malo es que, con esta profusión de gestos, apenas les sobra tiempo y energía para nada más. Tanto gesto, tanto guiño, tanta alharaca, aspaviento y cucamona, vacíos por completo de contenido alguno hasta el punto de convertirlos en “tics”, ¿no les trae algo a la cabeza?
A mí sí: un tonto de baba
Lo malo es que, con esta profusión de gestos, apenas les sobra tiempo y energía para nada más. Tanto gesto, tanto guiño, tanta alharaca, aspaviento y cucamona, vacíos por completo de contenido alguno hasta el punto de convertirlos en “tics”, ¿no les trae algo a la cabeza?
A mí sí: un tonto de baba
jueves, 3 de julio de 2008
Vivo sin vivir en mí.
A diferencia de mi paisana, no espero una vida más alta, sólo más tranquila.
Gastadas, y casi olvidadas, las breves vacaciones, uno se enfrenta a la cruda realidad como si se tratase de una fuerza de la naturaleza, con la resignación ovina de quien asume lo inexorable. Asediado desde múltiples frentes simultáneos, un servidor se apresura a atender a lo urgente y se olvida de lo importante. Un paso fugaz por la oficina me depara miles de correos, en su mayor parte spam, y multitud de asuntos que van a tener que esperar, pues uno no ha aprendido, todavía, a dividirse como las amebas.
Este fin de semana a montar muebles de cocina en el pueblo, y el lunes a Canarias. Después, Dios dirá.
Gastadas, y casi olvidadas, las breves vacaciones, uno se enfrenta a la cruda realidad como si se tratase de una fuerza de la naturaleza, con la resignación ovina de quien asume lo inexorable. Asediado desde múltiples frentes simultáneos, un servidor se apresura a atender a lo urgente y se olvida de lo importante. Un paso fugaz por la oficina me depara miles de correos, en su mayor parte spam, y multitud de asuntos que van a tener que esperar, pues uno no ha aprendido, todavía, a dividirse como las amebas.
Este fin de semana a montar muebles de cocina en el pueblo, y el lunes a Canarias. Después, Dios dirá.
jueves, 19 de junio de 2008
Quema de libros.
Reproduzco aquí el comunicado que me han hecho llegar mis buenos amigos de Maghenta:
Maghenta Editorial invita a quemar ejemplares de uno de sus libros en las próximas hogueras de San Juan.
Editorial Maghenta quiere celebrar el próximo solsticio de verano con fuego y libros. Solicita a sus lectores una dirección postal y el lugar donde pasarán la noche de San Juan para enviarles por correo un ejemplar de la obra "Bt Portman, el último petrolero" de Diego Meca.
Los responsables de la editorial se acogen a la cita de Ray Bradbury:
"hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos", en el convencimiento que nadie se atreverá a leer la obra mencionada, por lo que invitan alegremente a prenderle fuego. Eso sí, también solicitan una foto digital del momento del incendio del libro, que deberán enviar a la dirección maghentaeditorial@gmail.com
Maghenta propone a sus lectores sentirse cómplices de Carvalho, "que prendía sus hogueras con letra impresa"; a disfrutar de ser el último aliado de Henry Miller, "empeñado en incendiar todas las bibliotecas del mundo", o de un espíritu tan romántico como el del Kafka "que quiso alumbrar la inmortalidad con la quema de sus obras completas".
No deja de ser curioso que una editorial fomente la quema de libros, aunque si uno se entera de lo que les hizo el autor (merece la pena leerlo aquí, pasando todas las diapositivas del slideshare), lo que extraña es que no se decidieran por hacer lo propio con el autor.
Por cierto, pasado mañana me voy Almerimar, esta vez de vacaciones.
Maghenta Editorial invita a quemar ejemplares de uno de sus libros en las próximas hogueras de San Juan.
Editorial Maghenta quiere celebrar el próximo solsticio de verano con fuego y libros. Solicita a sus lectores una dirección postal y el lugar donde pasarán la noche de San Juan para enviarles por correo un ejemplar de la obra "Bt Portman, el último petrolero" de Diego Meca.
Los responsables de la editorial se acogen a la cita de Ray Bradbury:
"hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos", en el convencimiento que nadie se atreverá a leer la obra mencionada, por lo que invitan alegremente a prenderle fuego. Eso sí, también solicitan una foto digital del momento del incendio del libro, que deberán enviar a la dirección maghentaeditorial@gmail.com
Maghenta propone a sus lectores sentirse cómplices de Carvalho, "que prendía sus hogueras con letra impresa"; a disfrutar de ser el último aliado de Henry Miller, "empeñado en incendiar todas las bibliotecas del mundo", o de un espíritu tan romántico como el del Kafka "que quiso alumbrar la inmortalidad con la quema de sus obras completas".
No deja de ser curioso que una editorial fomente la quema de libros, aunque si uno se entera de lo que les hizo el autor (merece la pena leerlo aquí, pasando todas las diapositivas del slideshare), lo que extraña es que no se decidieran por hacer lo propio con el autor.
Por cierto, pasado mañana me voy Almerimar, esta vez de vacaciones.
sábado, 14 de junio de 2008
El reino de los cielos
No deja de tener gracia que este gobierno de tibiezas y medias tintas, que lo único en lo que aparenta mostrarse firme sea en su carácter republicano y en su laicismo militante y beligerante, haya acabado por instalarse en el reino de los cielos. Y no digo esto por que el buenismo de opereta del que hace ostentación le haya valido la salvación eterna, sino porque hace tiempo que ha perdido contacto con los problemas terrenales que padecemos los que no le podemos pasar al erario público el cargo por las reformas del pisito, también del estado.
En el congreso, Zapatero sigue negando la existencia de la crisis, a despecho de los cientos de miles nuevos parados, del precio del gasoil, de los pisos que no se venden ni regalados y de que las estanterías de los supermercados, en las que anteayer escaseaba de todo, retrotraían la memoria a la posguerra y las cartillas de racionamiento.
En el centro de este gobierno avestruz, al que sus votantes permiten ignorar la realidad a base de rodearla con el lenguaje, de modo que en vez de crisis tenemos aceleración de la desaceleración y donde los trasvases son reasignaciones temporales de caudal, se yergue su ministra tótem, la “miembra”del gobierno Aido. Esta señora iletrada e inexperta, a la que la han puesto a la cabeza de un ministerio sin contenido, ha entendido perfectamente la dinámica del gobierno y el predominio del lenguaje sobre la terca y pérfida realidad, por eso se empecina en que la ilógica y machista Real Academia acepte el término “miembra”.
La oposición tampoco es ajena a estos afanes divinos, y mira al cielo y aguarda el maná. Rajoy, a quien le estorba la vieja guardia que heredó de Aznar, reza para que estos molestos compañeros se descabecen solos y le presenten la ofrenda en bandeja de plata. Aguirre, y quién sabe más, que quiere ser califa en lugar del califa, pero que no se atreve a levantar la cabeza, no vaya a ser que se la afeiten, dirige sus plegarias para que sea Rajoy el que se marche y le facilite la tarea.
Queda claro que los únicos que vivimos en la tierra, por no decir en el purgatorio, somos los de siempre, los que pagamos impuestos.
En el congreso, Zapatero sigue negando la existencia de la crisis, a despecho de los cientos de miles nuevos parados, del precio del gasoil, de los pisos que no se venden ni regalados y de que las estanterías de los supermercados, en las que anteayer escaseaba de todo, retrotraían la memoria a la posguerra y las cartillas de racionamiento.
En el centro de este gobierno avestruz, al que sus votantes permiten ignorar la realidad a base de rodearla con el lenguaje, de modo que en vez de crisis tenemos aceleración de la desaceleración y donde los trasvases son reasignaciones temporales de caudal, se yergue su ministra tótem, la “miembra”del gobierno Aido. Esta señora iletrada e inexperta, a la que la han puesto a la cabeza de un ministerio sin contenido, ha entendido perfectamente la dinámica del gobierno y el predominio del lenguaje sobre la terca y pérfida realidad, por eso se empecina en que la ilógica y machista Real Academia acepte el término “miembra”.
La oposición tampoco es ajena a estos afanes divinos, y mira al cielo y aguarda el maná. Rajoy, a quien le estorba la vieja guardia que heredó de Aznar, reza para que estos molestos compañeros se descabecen solos y le presenten la ofrenda en bandeja de plata. Aguirre, y quién sabe más, que quiere ser califa en lugar del califa, pero que no se atreve a levantar la cabeza, no vaya a ser que se la afeiten, dirige sus plegarias para que sea Rajoy el que se marche y le facilite la tarea.
Queda claro que los únicos que vivimos en la tierra, por no decir en el purgatorio, somos los de siempre, los que pagamos impuestos.
martes, 10 de junio de 2008
Doce cuentos con premio

Vuelvo a hablar en este rincón de Jesús Tíscar, uno de los escritores más originales y talentudos del panorama actual (seguro que también sería uno de los más controvertidos si lo leyesen más).
Acabo de releer 12 cuentos con premio, una recopilación de cuentos galardonados del autor y que nada tiene que envidiar a otros volúmenes que han recibido grandes premios al conjunto. Antes de hacerme con el libro, ya había conseguido “pescar” alguno de los cuentos en la red, como “El convento de las niñas muertas”, ganador del prestigioso premio de la Asociación de la Prensa de Ávila, o mi favorito, una auténtica obra maestra, “Breve noticia de un folletinista provinciano de éxito”, con el que obtuvo el segundo premio del Fernando Quiñones. Incluso así, la impresión que produce el conjunto es mucho mayor que la suma de sus partes, pues entre los distintos cuentos se desarrollan indudables sinergias que potencian el resultado final. En “Obscenus” se vislumbra ya la estrella que estalló en supernova en “La poetisa”, y algunas obras, de auténtica paleontología del autor, como “Los satélites de Marte”, de 1996, prueban que el jienense lleva ya muchos años escribiendo con un nivel soberbio.
Una lectura indispensable; eso sí, quien no tolere el submundo freudiano de Tíscar, mejor que no se acerque a este libro.
Acabo de releer 12 cuentos con premio, una recopilación de cuentos galardonados del autor y que nada tiene que envidiar a otros volúmenes que han recibido grandes premios al conjunto. Antes de hacerme con el libro, ya había conseguido “pescar” alguno de los cuentos en la red, como “El convento de las niñas muertas”, ganador del prestigioso premio de la Asociación de la Prensa de Ávila, o mi favorito, una auténtica obra maestra, “Breve noticia de un folletinista provinciano de éxito”, con el que obtuvo el segundo premio del Fernando Quiñones. Incluso así, la impresión que produce el conjunto es mucho mayor que la suma de sus partes, pues entre los distintos cuentos se desarrollan indudables sinergias que potencian el resultado final. En “Obscenus” se vislumbra ya la estrella que estalló en supernova en “La poetisa”, y algunas obras, de auténtica paleontología del autor, como “Los satélites de Marte”, de 1996, prueban que el jienense lleva ya muchos años escribiendo con un nivel soberbio.
Una lectura indispensable; eso sí, quien no tolere el submundo freudiano de Tíscar, mejor que no se acerque a este libro.
lunes, 2 de junio de 2008
Las corrientes oceánicas, de Félix J. Palma.
Antes de abordar este libro, con el que consiguió el premio Luís Berenguer de novela, me gustaría contar otra anécdota relacionada con el autor.
Esta mañana, mientras que un taxi me llevaba al aeropuerto, he podido escuchar en la radio que, en Japón, una mujer de cincuenta y tantos años ha estado más de un año viviendo en un armario de otro hombre sin que este se enterase. Hace unos días, reseñaba aquí “Las interioridades”, del mismo autor; el cuento que da título al libro, uno de los mejores que ha leído este servidor, narra las andanzas de una particular fauna que pulula por los roperos ajenos. Uno admiraba esta historia justo por la maestría demostrada al narrar una situación tan fantástica e inverosímil haciendo gala de tal coherencia interna que uno se traga cada palabra sin pestañear, ¡y resulta que hay un caso real que parece plagiar al cuento!
Las corrientes oceánicas es un libro que, cuanto menos, podemos calificar como “particular”. El comienzo te hace sentir que vas a disfrutar de una obra maestra, pues arranca haciendo exhibición de un lenguaje de una riqueza exquisita, alejado de la habitual tendencia al barroquismo del autor, y repleto de unas observaciones que evidencian una agudeza y una perspicacia extraordinarias. Por desgracia, los preámbulos de la historia se prolongan durante la mitad de la novela, que te causa la impresión de estar leyendo un cuento extralargo, de una densidad inaudita, y que a mi casi me obliga a abandonar la lectura. En el tercer cuarto del libro, la narración sufre un giro radical, y el autor desarrolla una trama sorprendente, que te incita a devorar las páginas. El desenlace no está a la altura de la trama, pues es forzado, inverosímil y, por momentos, pueril. Incluso, en ocasiones, los personajes actúan con evidente desprecio a toda coherencia interna, incluso a la de la propia historia. El epílogo es memorable y bien podría ser considerado, en si mismo, como un cuento extraordinario.
A decir verdad, no tengo clara cuál es mi opinión sobre el libro, y si alguien me obligase a dar un veredicto tajante sobre el mismo (si me ha gustado o no), con sinceridad, no sabría qué decir.
Para los envidiosos: esta semana también estoy en Canarias.
Esta mañana, mientras que un taxi me llevaba al aeropuerto, he podido escuchar en la radio que, en Japón, una mujer de cincuenta y tantos años ha estado más de un año viviendo en un armario de otro hombre sin que este se enterase. Hace unos días, reseñaba aquí “Las interioridades”, del mismo autor; el cuento que da título al libro, uno de los mejores que ha leído este servidor, narra las andanzas de una particular fauna que pulula por los roperos ajenos. Uno admiraba esta historia justo por la maestría demostrada al narrar una situación tan fantástica e inverosímil haciendo gala de tal coherencia interna que uno se traga cada palabra sin pestañear, ¡y resulta que hay un caso real que parece plagiar al cuento!
Las corrientes oceánicas es un libro que, cuanto menos, podemos calificar como “particular”. El comienzo te hace sentir que vas a disfrutar de una obra maestra, pues arranca haciendo exhibición de un lenguaje de una riqueza exquisita, alejado de la habitual tendencia al barroquismo del autor, y repleto de unas observaciones que evidencian una agudeza y una perspicacia extraordinarias. Por desgracia, los preámbulos de la historia se prolongan durante la mitad de la novela, que te causa la impresión de estar leyendo un cuento extralargo, de una densidad inaudita, y que a mi casi me obliga a abandonar la lectura. En el tercer cuarto del libro, la narración sufre un giro radical, y el autor desarrolla una trama sorprendente, que te incita a devorar las páginas. El desenlace no está a la altura de la trama, pues es forzado, inverosímil y, por momentos, pueril. Incluso, en ocasiones, los personajes actúan con evidente desprecio a toda coherencia interna, incluso a la de la propia historia. El epílogo es memorable y bien podría ser considerado, en si mismo, como un cuento extraordinario.
A decir verdad, no tengo clara cuál es mi opinión sobre el libro, y si alguien me obligase a dar un veredicto tajante sobre el mismo (si me ha gustado o no), con sinceridad, no sabría qué decir.
Para los envidiosos: esta semana también estoy en Canarias.
viernes, 23 de mayo de 2008
Máxima 25ºC Mínima 20ºC
Este servidor se marcha a Gran Canaria.
Pueden rabiar Uds. cuanto quieran (aunque el viaje sea de trabajo).
Pueden rabiar Uds. cuanto quieran (aunque el viaje sea de trabajo).
jueves, 22 de mayo de 2008
Por qué sigue atentando ETA
Está claro que no es por la (sin)razón, descabellada e ilusoria, que se atrevió a apuntar Rubalcaba a principios de semana, cuando todavía no podía sacar pecho por las detenciones, que no era otra que ETA atentaba porque estaba débil. La causa tampoco radica en que los etarras piensen que volando casas cuartel van a conseguir la “ansiada” independencia, ni tan siquiera se debe a un intento de devolver los golpes al “opresor e imperialista” estado español, del cual se ve que no forman parte.
La causa es mucho más sencilla: toda esta gente son profesionales, y el detonador y la nueve milímetros son su medio de vida, que no van a abandonar más que cuando la policía los meta entre rejas. Pero no sirve de nada encarcelar a estos individuos, ni tampoco a los supuestos dirigentes “políticos”, si se les sigue permitiendo abonar el campo en el que crece su cantera.
Uno se puede tomar tranquilamente un vino en una errikotaberna rodeado de propaganda proetarra, asistir a una ceremonia municipal donde se nombra hijo predilecto a un asesino o enviar a sus hijos a ciertas eikastolas donde se imparte lo que se imparte. Aunque parezca mentira, todas estas actividades le salen gratis a quienes las realizan, en buena parte por la vergonzosa indolencia (por no decir descarada connivencia) del gobierno vasco y de la policía que está a sus órdenes, pero también en cierta medida por el cambio de rumbo tomado por el gobierno central a raíz de la falsa tregua.
La única forma de acabar con el terrorismo es lograr que cada paso previo de acercamiento a ETA se pague, y muy caro, y que todo el mundo tenga claro de sea cual sea el color del siguiente gobierno esto va a seguir siendo así y, por tanto, nadie pueda albergar esperanza alguna. Y si el gobierno autonómico no asume sus responsabilidades, el estado debería recuperar las competencias, tan sencillo como esto.
La causa es mucho más sencilla: toda esta gente son profesionales, y el detonador y la nueve milímetros son su medio de vida, que no van a abandonar más que cuando la policía los meta entre rejas. Pero no sirve de nada encarcelar a estos individuos, ni tampoco a los supuestos dirigentes “políticos”, si se les sigue permitiendo abonar el campo en el que crece su cantera.
Uno se puede tomar tranquilamente un vino en una errikotaberna rodeado de propaganda proetarra, asistir a una ceremonia municipal donde se nombra hijo predilecto a un asesino o enviar a sus hijos a ciertas eikastolas donde se imparte lo que se imparte. Aunque parezca mentira, todas estas actividades le salen gratis a quienes las realizan, en buena parte por la vergonzosa indolencia (por no decir descarada connivencia) del gobierno vasco y de la policía que está a sus órdenes, pero también en cierta medida por el cambio de rumbo tomado por el gobierno central a raíz de la falsa tregua.
La única forma de acabar con el terrorismo es lograr que cada paso previo de acercamiento a ETA se pague, y muy caro, y que todo el mundo tenga claro de sea cual sea el color del siguiente gobierno esto va a seguir siendo así y, por tanto, nadie pueda albergar esperanza alguna. Y si el gobierno autonómico no asume sus responsabilidades, el estado debería recuperar las competencias, tan sencillo como esto.
sábado, 17 de mayo de 2008
Ceremonias de interior

Este libro, que le valió a Ignacio Ferrando el prestigioso premio Tiflos de cuento, y en especial el relato que lo encabeza (y el mejor a gusto de un servidor), “Yardbird”, serviría como un perfecto y canónico ejemplo, compendio de los cursos de escritura creativa.
El arranque de “Yardbird”, un hombre, en silla de ruedas, que quiere aprender a tocar la suite Yardbird de Charlie Parker para enamorar a su vecina, una francesa sin brazos de la que está patológicamente prendado, motivo por el que se dedica a moldear obsesivamente Venus de Milo, supera en mucho el paradigma del hombre sin brazos que me quería vender una foto de mi casa, de Carver.
Aunque Ferrando derrocha imaginación y hace gala de un envidiable y preciso estilo, el libro me produce la misma impresión de matemática (y fría) perfección que una sonata de Mozart. Quizás no le vendría mal un poco de ese toque de vísceras y bajos instintos que derrama por quintales el genial Jesús Tíscar.
Por cierto, la imagen del músico en la azotea me trae a la cabeza el relato que ya comentamos aquí de Felix J.Palma en referencia a “La Campanella”, si bien, después de lo que contado sobre este particular, no seré yo quien hable de plagios.
De nuevo al hilo de los plagios, ayer leí, pescado en la web, un relato del citado Félix J. Palma –lo más probable es que sea de la época en la que gastaba dientes de leche– con notables semejanzas con uno que he escrito yo hace un par de meses. En el suyo, una bañera asesina poseída por el diablo se dedica a acabar con todos los ligues del narrador. En el mío, una nevera, golosa y vengativa, engulle (dejando apenas las bragas) a las mujeres de las que no sabe como deshacerse un enfermizamente apocado protagonista.
Por menos, más de uno me ponía un pleito.
El arranque de “Yardbird”, un hombre, en silla de ruedas, que quiere aprender a tocar la suite Yardbird de Charlie Parker para enamorar a su vecina, una francesa sin brazos de la que está patológicamente prendado, motivo por el que se dedica a moldear obsesivamente Venus de Milo, supera en mucho el paradigma del hombre sin brazos que me quería vender una foto de mi casa, de Carver.
Aunque Ferrando derrocha imaginación y hace gala de un envidiable y preciso estilo, el libro me produce la misma impresión de matemática (y fría) perfección que una sonata de Mozart. Quizás no le vendría mal un poco de ese toque de vísceras y bajos instintos que derrama por quintales el genial Jesús Tíscar.
Por cierto, la imagen del músico en la azotea me trae a la cabeza el relato que ya comentamos aquí de Felix J.Palma en referencia a “La Campanella”, si bien, después de lo que contado sobre este particular, no seré yo quien hable de plagios.
De nuevo al hilo de los plagios, ayer leí, pescado en la web, un relato del citado Félix J. Palma –lo más probable es que sea de la época en la que gastaba dientes de leche– con notables semejanzas con uno que he escrito yo hace un par de meses. En el suyo, una bañera asesina poseída por el diablo se dedica a acabar con todos los ligues del narrador. En el mío, una nevera, golosa y vengativa, engulle (dejando apenas las bragas) a las mujeres de las que no sabe como deshacerse un enfermizamente apocado protagonista.
Por menos, más de uno me ponía un pleito.
lunes, 12 de mayo de 2008
El síndrome de la lavandería
Una vez más, vuelvo a Jack London y a su obra más emblemática: “Martín Edén”. El último mes, pero especialmente la última semana, uno se ha sentido como Martín cuando trabajaba en la lavandería, agotado y embotado, y sin hacer otra cosa que trabajar y satisfacer (en precario) las necesidades fisiológicas más primarias, sin tiempo ni ganas de leer (de escribir ya no hablamos).
Así que si no respondo a sus mensajes ni visito sus páginas, no se piensen que me he vuelto misántropo (aunque tampoco lo descarten) y confío en que esto sea un episodio temporal (y esperemos que breve), servidumbre del trabajo que me da de comer.
Así que si no respondo a sus mensajes ni visito sus páginas, no se piensen que me he vuelto misántropo (aunque tampoco lo descarten) y confío en que esto sea un episodio temporal (y esperemos que breve), servidumbre del trabajo que me da de comer.
miércoles, 30 de abril de 2008
La espina de la amapola (reseña)

Con este sugerente título, el Zamorano afincado en León, Javier Pérez, presenta su segunda novela de la mano de Planeta. Al igual que en su primer libro, “La crin de Damocles”, que le brindó el premio Azorín 2006, la trama es coral, polifónica y compleja, como una composición de Tomás Luis de Victoria. Edificada a base de capítulos breves, la acción va saltando de un personaje a otro mientras que dibuja una historia ágil y dinámica, que evoluciona de modo lineal y en “crescendo” hasta el vibrante desenlace final, sin escamotear información ni tender alevosas trampas al lector, nobleza que es de agradecer en los tiempos que corren. A semejanza de la primera entrega, también está protagonizada por Müller, el tenaz comisario de asuntos políticos, en esta ocasión reconvertido en azote del naciente crimen organizado.
Ambientada en 1923, en la Alemania de entreguerras, con el partido comunista debilitado y los principales dirigentes nazis encarcelados, una nueva amenaza se cierne sobre la abatida nación que sueña con salir de la miseria: las emergentes organizaciones de traficantes de morfina. En un país paupérrimo, donde las heridas de guerra han generado multitud de adictos en los hospitales de campaña, el tráfico de opiáceos se perfila como un negocio en auge del que tratarán de hacerse amos hombres sin escrúpulos, que no dudarán en desatar una cruenta guerra en las calles para hacerse con el control de tan suculento negocio. El propio Hermann Wilhelm Göring, creador de la Luftwaffe y segundo de Hitler al comienzo de la guerra, herido durante el Putsch de Múnich, circunstancia que lo convertiría en adicto a la morfina, es uno de los villanos de la historia.
Bajo estas premisas, el comisario Müller tiene que enfrentarse a los traficantes y soportar la presión del nuevo ministro, un superior concebido según los cánones del género negro: irracional, despótico y que no hace otra cosa que entorpecer la labor de su subordinado.
Un libro, sin duda recomendable, de un escritor que va a dar mucho que hablar: recuerden el nombre (su mérito tiene, lo reconozco).
Ambientada en 1923, en la Alemania de entreguerras, con el partido comunista debilitado y los principales dirigentes nazis encarcelados, una nueva amenaza se cierne sobre la abatida nación que sueña con salir de la miseria: las emergentes organizaciones de traficantes de morfina. En un país paupérrimo, donde las heridas de guerra han generado multitud de adictos en los hospitales de campaña, el tráfico de opiáceos se perfila como un negocio en auge del que tratarán de hacerse amos hombres sin escrúpulos, que no dudarán en desatar una cruenta guerra en las calles para hacerse con el control de tan suculento negocio. El propio Hermann Wilhelm Göring, creador de la Luftwaffe y segundo de Hitler al comienzo de la guerra, herido durante el Putsch de Múnich, circunstancia que lo convertiría en adicto a la morfina, es uno de los villanos de la historia.
Bajo estas premisas, el comisario Müller tiene que enfrentarse a los traficantes y soportar la presión del nuevo ministro, un superior concebido según los cánones del género negro: irracional, despótico y que no hace otra cosa que entorpecer la labor de su subordinado.
Un libro, sin duda recomendable, de un escritor que va a dar mucho que hablar: recuerden el nombre (su mérito tiene, lo reconozco).
martes, 29 de abril de 2008
Un gobierno de chiste
La gestión que se ha hecho de la crisis del aceite de girasol ha constituido todo un manual de qué es lo que no debe hacerse en estas circunstancias. Y, además, tienen la desfachatez de decir que no están para satisfacer la curiosidad de los periodistas (será porque los periodistas van a la rueda de prensa sólo para reírles los chistes).
Este gobierno a mí me recuerda a Homer Simpsom a los mandos de la nuclear, apretando botones al buntuntún, y me tiemblan las rodillas cuando pienso en que de estos “figuras” depende la gestión de la crisis económica en la que estamos inmersos.
Este gobierno a mí me recuerda a Homer Simpsom a los mandos de la nuclear, apretando botones al buntuntún, y me tiemblan las rodillas cuando pienso en que de estos “figuras” depende la gestión de la crisis económica en la que estamos inmersos.
lunes, 28 de abril de 2008
Pata Palo y secuaces
Como cabía esperar, este gobierno ha resuelto el incidente del “Playa de Bakio” de modo vergonzante y de tapadillo, muy en su línea. Por supuesto que había que pagar, pero a mi me hubiese gustado ver en la tele a un Zapatero digno (si se me permite la contradicción) afirmando sin vergüenza que había pagado, pero que lo de Sarkozy había sido una mierda al lado de la que le iba a organizar a los piratas a partir de ahora. Pero este gobierno de tibiezas y talantes se limita a aflojar bajo la mesa y a eludir respuestas, y en ningún modo cabe esperar firmeza o decoro alguno en sus posturas.
En cualquier caso y con todo respecto a las víctimas y a sus familias, este suceso no deja de ser una anécdota que, en el fondo, le ha venido bien al gobierno, pues todos estos días no se ha hablado más que de él y en los venideros cabe imaginar otro tanto, mientras que se ha olvidado a los verdaderos y temibles corsarios que se ciernen sobre todos y que responden a nombres tan temibles como “Desaceleración” (“Crisis” para los amigos), “IPC” y “Destrucción de Empleo”, liderados por el temible capitán “Euribor”.
Que nos pillen confesados.
En cualquier caso y con todo respecto a las víctimas y a sus familias, este suceso no deja de ser una anécdota que, en el fondo, le ha venido bien al gobierno, pues todos estos días no se ha hablado más que de él y en los venideros cabe imaginar otro tanto, mientras que se ha olvidado a los verdaderos y temibles corsarios que se ciernen sobre todos y que responden a nombres tan temibles como “Desaceleración” (“Crisis” para los amigos), “IPC” y “Destrucción de Empleo”, liderados por el temible capitán “Euribor”.
Que nos pillen confesados.
miércoles, 23 de abril de 2008
Vivienda a cambio de sexo
Esta mañana lo escuché en la radio, y no hay más que rezarle un poco a San Google para comprobar que diversos portales están plagados de anuncios en este sentido.
¡Menos mal que Solbes empieza a recortar sus previsiones, pues la economía va tan mal que hasta el sexo se paga en especie! La idiosincrasia española hace que, aunque no tengamos qué llevarnos a la boca, siempre hallemos algo para vicios, y si estos se empiezan a adquirir mediante trueque, es que la cosa es preocupante de veras.
¡Menos mal que Solbes empieza a recortar sus previsiones, pues la economía va tan mal que hasta el sexo se paga en especie! La idiosincrasia española hace que, aunque no tengamos qué llevarnos a la boca, siempre hallemos algo para vicios, y si estos se empiezan a adquirir mediante trueque, es que la cosa es preocupante de veras.
lunes, 21 de abril de 2008
¡Y tú más!
Este rifirrafe que se traen en el PP a mi me recuerda a una disputa entre dos muchachuelos bravucones que no se atreven a llegar a las manos, más por temor a la derrota que al adversario.
Al margen de la anécdota, me parece profundamente inmoral la falta de democracia interna de los partidos, más parecida a la democracia orgánica del Caudillo invicto que a lo que debería ser. Cualquier intento de aspirar al liderazgo se considera casi como un sacrilegio, y al aspirante se le ve como un peligroso cismático.
Que conste que no admiro nada a la “cultura” (fíjense que entrecomillo la palabra) americana, pero en ciertas cosas, como en esta, nos dan sopas con honda.
Al margen de la anécdota, me parece profundamente inmoral la falta de democracia interna de los partidos, más parecida a la democracia orgánica del Caudillo invicto que a lo que debería ser. Cualquier intento de aspirar al liderazgo se considera casi como un sacrilegio, y al aspirante se le ve como un peligroso cismático.
Que conste que no admiro nada a la “cultura” (fíjense que entrecomillo la palabra) americana, pero en ciertas cosas, como en esta, nos dan sopas con honda.
viernes, 18 de abril de 2008
Todos seremos iguales
Aunque unos lo sean más que otros, permitan que cite a Orwell. Se han cargado el ministerio de agricultura y, en su lugar, han creado este sofista ministerio de la igualdad.
De aquí a medio año, el filete de añojo será tan exótico como las angulas de Aguinaga, pues se están sacrificando cuando nacen a todos los terneros, debido a que el precio de mercado a las dos semanas de vida es bastante inferior al de la leche que se beben en estos quince días. El precio de los cereales (con los que se ceba al ganado) está por las nubes a causa de que a nuestro genial gobierno se le ha ocurrido apostar por los biocombustibles (sin preveer nada ni pensar en las consecuencias), y el del petróleo, que redunda en el de combustibles y fertilizantes, todos sabemos cómo está.
Aun así, es mejor ignorar todo esto y, cargándonos el ministerio, echamos una capa de tierra sobre el problema, rezando para que el muerto permanezca en su sitio al menos otros cuatro años. Y al transvase del Ebro se le llamará traslación espaciotemporal de óxido de hidrógeno en estado líquido, o cualquier otra majadería, como si eso no supusiera llevar agua de un sitio a otro. Y creamos un ministerio, desprovisto de contenido real, en torno a una bonita palabra. Puestos a ello, podrían haber creado también el ministerio del talante. Ya que este presidente se ha empeñado en gobernar a base de linguística, a ver si alguien le explica que talante, en sí, no es nada; otra cosa es que se diga talante moderado, talante autoritario, etc.
De aquí a medio año, el filete de añojo será tan exótico como las angulas de Aguinaga, pues se están sacrificando cuando nacen a todos los terneros, debido a que el precio de mercado a las dos semanas de vida es bastante inferior al de la leche que se beben en estos quince días. El precio de los cereales (con los que se ceba al ganado) está por las nubes a causa de que a nuestro genial gobierno se le ha ocurrido apostar por los biocombustibles (sin preveer nada ni pensar en las consecuencias), y el del petróleo, que redunda en el de combustibles y fertilizantes, todos sabemos cómo está.
Aun así, es mejor ignorar todo esto y, cargándonos el ministerio, echamos una capa de tierra sobre el problema, rezando para que el muerto permanezca en su sitio al menos otros cuatro años. Y al transvase del Ebro se le llamará traslación espaciotemporal de óxido de hidrógeno en estado líquido, o cualquier otra majadería, como si eso no supusiera llevar agua de un sitio a otro. Y creamos un ministerio, desprovisto de contenido real, en torno a una bonita palabra. Puestos a ello, podrían haber creado también el ministerio del talante. Ya que este presidente se ha empeñado en gobernar a base de linguística, a ver si alguien le explica que talante, en sí, no es nada; otra cosa es que se diga talante moderado, talante autoritario, etc.
El resultado del experimento
En primer lugar, agradeceros vuestra colaboración a todos los que os habéis prestado a participar en él.
Aunque todavía me falta alguna respuesta por recibir, me atrevo a publicar los resultados porque son unánimes; todos los que me han contestado entendían que el comisario estaba de alguna forma implicado en el asesinato del fiscal anticorrupción, y de ahí su interés por acabar con el ruso: en eso habéis acertado todos, algo de lo que me alegro, pues era la parte más importante y la que daba sentido a la trama. El segundo punto, es donde todos habéis hecho aguas (o las he hecho yo, por no haberme explicado con más claridad), y es por qué el ruso, si era una suerte de “Super-Rambo” se deja atrapar como un corderito por un novato y un subinspector calzonazos; lo que el autor tenía en mente era que el ruso era un cabeza de turco; si de verdad hubiese sido quien decía el comisario, los protagonistas hubiesen terminado con el pescuezo roto o un par de balas entre las costillas.
Dice Javier Perez que en el relato negro todo debe justificarse; yo no opino así, sino que creo firmemente que en el relato negro, como en cualquier otro, la acción y los personajes deben ser coherentes con las premisas, si bien no es preciso que las expliquen al detalle; es más, un cierto margen de interpretación, como al parecer ha tenido este cuento (sin pretenderlo, todo hay que decirlo), hasta cierto punto lo enriquece.
QUEDA PROBADO, amigo Javier, que, al menos en este caso, el más raro de los dos eres tú, y lo único que lamento es que no nos hayamos apostado una buena cena (y que conste que tengo un apetito desordenado).
Aun así, debo confesar que no las tenía todas conmigo, pues, en más de una ocasión, he comprobado que el sentido que uno tiene de lo que es obvio no coincide con el del resto de los mortales. Para ilustrarlo les pondré un ejemplo, bastante ilustrativo.
Aquí donde me ven, este servidor fue uno de los socios fundadores de la asociación abulense de heráldica y genealogía (también el único causante de su disolución, pero eso no resulta tan honroso). El caso es que, como primera actividad, dicha asociación pretendía editar un boletín. Como, por supuesto, no tenía (y sigo sin tener) la más pajolera idea de heráldica o genealogía, escribí un relato humorístico que estaba protagonizado por un tipo bastante cursi (que se autodefinía como erudito, historiador y tasador de embudos) que en un lenguaje bastante pedante narraba cómo compró un escudo a un moro en el rastro. En la jerigonza heráldica, describía el contenido del escudo: un balde (que es como se llama en mi tierra a un barreño pequeño) y unos rábanos; en la parte trasera del escudo había una leyenda (encimadetinajapan, sin espacios, tal como se escribía en la edad media), y, al final del relato, el protagonista se daba cuenta de que algunas de las letras, en vez de grabadas, estaban pintadas con purpurina. La cuestión es que las dos gracias del relato, el apellido del escudo (Valderrábanos, uno bastante famoso en Ávila) y que si quitabas de la leyenda las letras pintadas con purpurina quedaba “made in japan”, no fueron entendidas por ninguno de los que leyeron el relato, y eso que era una caterva compuesta por los más asquerosamente culturetas de la ciudad.
A los que no os haya dado tiempo a enviar vuestra respuesta, la podéis dejar aquí abajo.
Aunque todavía me falta alguna respuesta por recibir, me atrevo a publicar los resultados porque son unánimes; todos los que me han contestado entendían que el comisario estaba de alguna forma implicado en el asesinato del fiscal anticorrupción, y de ahí su interés por acabar con el ruso: en eso habéis acertado todos, algo de lo que me alegro, pues era la parte más importante y la que daba sentido a la trama. El segundo punto, es donde todos habéis hecho aguas (o las he hecho yo, por no haberme explicado con más claridad), y es por qué el ruso, si era una suerte de “Super-Rambo” se deja atrapar como un corderito por un novato y un subinspector calzonazos; lo que el autor tenía en mente era que el ruso era un cabeza de turco; si de verdad hubiese sido quien decía el comisario, los protagonistas hubiesen terminado con el pescuezo roto o un par de balas entre las costillas.
Dice Javier Perez que en el relato negro todo debe justificarse; yo no opino así, sino que creo firmemente que en el relato negro, como en cualquier otro, la acción y los personajes deben ser coherentes con las premisas, si bien no es preciso que las expliquen al detalle; es más, un cierto margen de interpretación, como al parecer ha tenido este cuento (sin pretenderlo, todo hay que decirlo), hasta cierto punto lo enriquece.
QUEDA PROBADO, amigo Javier, que, al menos en este caso, el más raro de los dos eres tú, y lo único que lamento es que no nos hayamos apostado una buena cena (y que conste que tengo un apetito desordenado).
Aun así, debo confesar que no las tenía todas conmigo, pues, en más de una ocasión, he comprobado que el sentido que uno tiene de lo que es obvio no coincide con el del resto de los mortales. Para ilustrarlo les pondré un ejemplo, bastante ilustrativo.
Aquí donde me ven, este servidor fue uno de los socios fundadores de la asociación abulense de heráldica y genealogía (también el único causante de su disolución, pero eso no resulta tan honroso). El caso es que, como primera actividad, dicha asociación pretendía editar un boletín. Como, por supuesto, no tenía (y sigo sin tener) la más pajolera idea de heráldica o genealogía, escribí un relato humorístico que estaba protagonizado por un tipo bastante cursi (que se autodefinía como erudito, historiador y tasador de embudos) que en un lenguaje bastante pedante narraba cómo compró un escudo a un moro en el rastro. En la jerigonza heráldica, describía el contenido del escudo: un balde (que es como se llama en mi tierra a un barreño pequeño) y unos rábanos; en la parte trasera del escudo había una leyenda (encimadetinajapan, sin espacios, tal como se escribía en la edad media), y, al final del relato, el protagonista se daba cuenta de que algunas de las letras, en vez de grabadas, estaban pintadas con purpurina. La cuestión es que las dos gracias del relato, el apellido del escudo (Valderrábanos, uno bastante famoso en Ávila) y que si quitabas de la leyenda las letras pintadas con purpurina quedaba “made in japan”, no fueron entendidas por ninguno de los que leyeron el relato, y eso que era una caterva compuesta por los más asquerosamente culturetas de la ciudad.
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