... la cebada al rabo.
Resulta más que vergonzosa e infame la pasividad y distanciamiento con el que occidente está contemplando la masacre del pueblo libio a manos de la aviación del tirano que los gobierna.
Igual de inane y oprobiosa se muestra la actitud de rusos y chinos, que vetan cualquier resolución al respecto en el inoperante consejo de seguridad de la ONU, unos por lo del interés te quiero Andrés y otros por ver remojar las barbas del vecino.
Al final, tendremos que ver aplastada la revuelta para que alumbremos una respuesta tibia e ineficiente cuando ya sea del todo inútil. Justo como postula el refrán.
jueves, 17 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Apártate, que me tiznas...
...le dijo la sartén al cazo.
Como ya adelantábamos por aquí a finales del año pasado, ZP ha pasado de ser un agente nocivo para el país en uno perjudicial para su propio partido, un obstáculo para los miles de correligionarios que aspiran a lograr o perpetuar un chollete en las administraciones locales y regionales, circunstancia que supone un paso más en su declive personal.
Cuando la última de tus mentiras (admito que venial y piadosa) en torno a los brotes verdes, en lugar de limitarse a provocar la ira de la oposición, lo que causa es un cachondeo generalizado entre tus gobernados, debieras darte cuenta de que estas tocando fondo. Uno puede mentirle a los ciudadanos de elección de elección; al menos los más acérrimos, cuya necesidad de creer es más perentoria, pueden fingir que carecen de memoria y cerrar los ojos. No obstante, cuando la mentira, más que en una herramienta política, se convierte en la única herramienta política, pierde toda su eficacia y se torna contraproducente.
Es por eso que nadie en su partido, ni siquiera los más modestos aspirantes a ediles, quieren que su nombre e imagen se vean relacionados en modo alguno con el de quien está llamado a ser recordado como uno más funestos gobernantes que recuerden los tiempos. Y ni siquiera así se marcha, van a tener que echarlo por aclamación popular tras el previsible batacazo de los próximos comicios.
Ya están tardando.
Como ya adelantábamos por aquí a finales del año pasado, ZP ha pasado de ser un agente nocivo para el país en uno perjudicial para su propio partido, un obstáculo para los miles de correligionarios que aspiran a lograr o perpetuar un chollete en las administraciones locales y regionales, circunstancia que supone un paso más en su declive personal.
Cuando la última de tus mentiras (admito que venial y piadosa) en torno a los brotes verdes, en lugar de limitarse a provocar la ira de la oposición, lo que causa es un cachondeo generalizado entre tus gobernados, debieras darte cuenta de que estas tocando fondo. Uno puede mentirle a los ciudadanos de elección de elección; al menos los más acérrimos, cuya necesidad de creer es más perentoria, pueden fingir que carecen de memoria y cerrar los ojos. No obstante, cuando la mentira, más que en una herramienta política, se convierte en la única herramienta política, pierde toda su eficacia y se torna contraproducente.
Es por eso que nadie en su partido, ni siquiera los más modestos aspirantes a ediles, quieren que su nombre e imagen se vean relacionados en modo alguno con el de quien está llamado a ser recordado como uno más funestos gobernantes que recuerden los tiempos. Y ni siquiera así se marcha, van a tener que echarlo por aclamación popular tras el previsible batacazo de los próximos comicios.
Ya están tardando.
lunes, 7 de marzo de 2011
Brainstorm
Un servidor, ponderando la sucesión de ocurrencias peregrinas de este ejecutivo y la escasez de planes globales y concertados del mismo, ha llegado a sospechar que los consejos de ministros consistan en que cada cual suelte la primera tontería que se le pase por la cabeza y alguno de los ministros (quizá Leire o la Trini, siempre tan solícitas, que a Rubalcaba y Pepiño no hay quien les entienda la letra) se dedique a anotarlas y, al final de la reunión, se elijan las propuestas ganadoras arrojándolas al aire y rescatando aquellas que la inocente mano de ZP consiga atrapar al vuelo.
Admito que esta hipótesis pertenece por completo a mi imaginación, si bien, a la vista de los resultados, el método real no debe distar demasiado del expuesto.
Admito que esta hipótesis pertenece por completo a mi imaginación, si bien, a la vista de los resultados, el método real no debe distar demasiado del expuesto.
martes, 1 de marzo de 2011
Legislativitis
No cabe duda de que el ejecutivo que preside Zapatero es demasiado intrusivo, que profesa un antinatural y desmedido afán por regular y organizarle la vida a sus conciudadanos, pero su última ocurrencia, la de reducir la velocidad máxima en autopista y autovía con el propósito de ahorrar, sobrepasa con holgura los límites del despropósito. Si me permiten el símil, sería como si a alguien el médico le diagnostica colesterol alto y, en lugar de someterse a dieta él mismo, pone a régimen a su cónyuge, sus hijos y el resto de la familia, si la hubiere.
El gobierno debe preocuparse de ahorrar en el gasto que le compete y dejarnos al resto que nos ocupemos de nuestra economía en el modo que estimemos más oportuno, si es que nos da la real gana hacerlo. Esto claro, suponiendo que la medida obedezca a su propósito declarado y no sea en realidad un impuesto indirecto más en forma de sanciones.
El gobierno debe preocuparse de ahorrar en el gasto que le compete y dejarnos al resto que nos ocupemos de nuestra economía en el modo que estimemos más oportuno, si es que nos da la real gana hacerlo. Esto claro, suponiendo que la medida obedezca a su propósito declarado y no sea en realidad un impuesto indirecto más en forma de sanciones.
viernes, 25 de febrero de 2011
Revoluciones mediáticas
La caída de los dictadores egipcio y tunecino tienen en común el hecho de que no se han debido tanto a las protestas populares como a la repercusión mediática de las mismas, razón por la que Gadafi trata a toda costa de blindar sus fronteras a los periodistas.
Estos tiranos, al igual que el de Marruecos, han estado sostenidos por occidente como una forma de frenar el fundamentalismo, incluso el pirado libio disfrutó en cierta medida de este amparo pese a su debilidad por el terrorismo, por lo que no es de extrañar la tibia (y vergonzosa) respuesta de los gobiernos, del mismo modo que otros sátrapas, en especial en iberoamérica, fueron sostenidos tiempo atrás para detener el avance del comunismo.
Lo que no sabemos es cómo va a explotar esta olla a presión, que, al menos en el caso de libia, tiene un aspecto realmente malo.
Estos tiranos, al igual que el de Marruecos, han estado sostenidos por occidente como una forma de frenar el fundamentalismo, incluso el pirado libio disfrutó en cierta medida de este amparo pese a su debilidad por el terrorismo, por lo que no es de extrañar la tibia (y vergonzosa) respuesta de los gobiernos, del mismo modo que otros sátrapas, en especial en iberoamérica, fueron sostenidos tiempo atrás para detener el avance del comunismo.
Lo que no sabemos es cómo va a explotar esta olla a presión, que, al menos en el caso de libia, tiene un aspecto realmente malo.
martes, 22 de febrero de 2011
Up in the air
Existen películas que te hacen pasar un buen rato y otras que te tocan la fibra sensible, si bien la inmensa mayoría se limita, mejor que peor, a hurtarle hora y media al tedio. No obstante, en contadas ocasiones, casi desde los primeros instantes uno tiene la sensación de que va asistir a la proyección de una obra maestra, y “Up in the air” es una de estas rarísimas excepciones.
La fórmula es tan sencilla de enunciar como difícil de llevar a cabo: un planeamiento original e innovador, un personaje central sólido y complejo, el interpretado por Clooney, y unos secundarios que le ponen el contrapunto justo para que la trama resulte desconcertante, insólita, divertida y emotiva, todo es su justa proporción para lograr una película para el recuerdo.
Imaginen ustedes alguien que se dedica a despedir a otros, un cínico curtido y con callo en todas sus emociones. Por añadidura, el tipo se dedica a impartir conferencias para ejecutivos aburridos sobre la necesidad de desprenderse de ataduras materiales y personales. Consideren, además, para sumar colorido a la historia, que este tipo, que viaja un día sí y otro también, se ha habituado a vivir en aviones y aeropuertos, haciendo de la eventualidad su razón de ser, alimenta la obsesión de llegar a ser la séptima persona que llegue a acumular diez millones de millas de American Airlines (el equivalente a puntos Iberia Plus).
Justo en ese punto, irrumpen en su vida dos mujeres: una es una suerte de improbable versión femenina de él mismo (ella llega a decirle: “yo soy tú con vagina”); la otra es una compañera de trabajo, la típica jovencita ambiciosa y sabelotodo que ha convencido al jefe de ambos para que se decida a realizar los despidos por videoconferencia, circunstancia que acabaría con el modo de vida del protagonista, forzándole a probar una dosis de su propia medicina. Cada una de estas mujeres impulsa uno de los dos hilos paralelos en los que se desarrolla la trama.
Como cabría esperar, él cínico acaba por enamorarse de su versión femenina, y la listilla emprende una suerte de viaje iniciático con el protagonista, que sirve de excusa para que este muestre a su compañera, por añadidura al público, por qué ha llegado a ser como es, su peculiar escala de valores, en realidad un castillo de naipes que está a punto de desmoronarse por ambos lados a la vez a causa de las dos mujeres. Y lo mejor de todo: cuando el espectador comienza a presagiar que va a contemplar un “happy ending” de los que tanto gusta el público americano, la película te sorprende con un final desconcertante que te deja sin aliento, también con muchas preguntas.
Una cinta que se te hace corta y te deja con ganas de más, o al menos de verla de nuevo.
La fórmula es tan sencilla de enunciar como difícil de llevar a cabo: un planeamiento original e innovador, un personaje central sólido y complejo, el interpretado por Clooney, y unos secundarios que le ponen el contrapunto justo para que la trama resulte desconcertante, insólita, divertida y emotiva, todo es su justa proporción para lograr una película para el recuerdo.
Imaginen ustedes alguien que se dedica a despedir a otros, un cínico curtido y con callo en todas sus emociones. Por añadidura, el tipo se dedica a impartir conferencias para ejecutivos aburridos sobre la necesidad de desprenderse de ataduras materiales y personales. Consideren, además, para sumar colorido a la historia, que este tipo, que viaja un día sí y otro también, se ha habituado a vivir en aviones y aeropuertos, haciendo de la eventualidad su razón de ser, alimenta la obsesión de llegar a ser la séptima persona que llegue a acumular diez millones de millas de American Airlines (el equivalente a puntos Iberia Plus).
Justo en ese punto, irrumpen en su vida dos mujeres: una es una suerte de improbable versión femenina de él mismo (ella llega a decirle: “yo soy tú con vagina”); la otra es una compañera de trabajo, la típica jovencita ambiciosa y sabelotodo que ha convencido al jefe de ambos para que se decida a realizar los despidos por videoconferencia, circunstancia que acabaría con el modo de vida del protagonista, forzándole a probar una dosis de su propia medicina. Cada una de estas mujeres impulsa uno de los dos hilos paralelos en los que se desarrolla la trama.
Como cabría esperar, él cínico acaba por enamorarse de su versión femenina, y la listilla emprende una suerte de viaje iniciático con el protagonista, que sirve de excusa para que este muestre a su compañera, por añadidura al público, por qué ha llegado a ser como es, su peculiar escala de valores, en realidad un castillo de naipes que está a punto de desmoronarse por ambos lados a la vez a causa de las dos mujeres. Y lo mejor de todo: cuando el espectador comienza a presagiar que va a contemplar un “happy ending” de los que tanto gusta el público americano, la película te sorprende con un final desconcertante que te deja sin aliento, también con muchas preguntas.
Una cinta que se te hace corta y te deja con ganas de más, o al menos de verla de nuevo.
lunes, 21 de febrero de 2011
En el nombre del cerdo
Sin duda Pablo Tusset, pseudónimo de David Homedes Cameo, ha logrado una novela original y que se lee sin dificultad; no obstante, buena parte de la trama (yo diría que más de la mitad) así como el que en principio se intuye como el personaje principal, el comisario Pujol, no tienen influencia alguna en el desarrollo de la misma, por lo que se dirían metidos de relleno o víctimas de la improvisación, revelando que el autor comenzó a escribir el libro sin saber cómo había de concluir y se vio en la necesidad de irse deshaciendo de personajes cuando se quedaban sin cometido.
En este punto, me veo obligado a reivindicar la redondez, esa perfección sin mácula que sólo es posible hallar en la narrativa breve, si bien la novela siempre debiera aspirar a este imposible aunque se sepa inalcanzable.
En este punto, me veo obligado a reivindicar la redondez, esa perfección sin mácula que sólo es posible hallar en la narrativa breve, si bien la novela siempre debiera aspirar a este imposible aunque se sepa inalcanzable.
jueves, 17 de febrero de 2011
Policía sentada de España
Me permito parafrasear el nombre del mítico cuerpo canadiense, porque acabo de escuchar en en la radio que sólo pueden patrullar poco más de la mitad de los efectivos de la policía nacional que debieran hacerlo porque, a causa del recorte presupuestario, no se reparan los vehículos que se averían.
Es evidente que en una situación de estrechez económica hay que reducir dispendios, pero este tipo de gasto es justo la clase que no hay que eliminar, más bien al contrario, porque las penurias generalizadas determinan que esté aumentando la delincuencia.
Digo yo si no sería mejor eliminar algunos despilfarros que, con mucha generosidad, podrían calificarse de exóticos, como el ornamental ministerio de igualdad, ahora reconvertido a secretaría de estado, enviar a la miembra del gobierno y su séquito de intrigantes improductivos a engrosar las listas del INEM, reparar los coches patrullas y evitar que la mitad del cuerpo de policía se pase el turno jugando al mus en la comisaría.
Es evidente que en una situación de estrechez económica hay que reducir dispendios, pero este tipo de gasto es justo la clase que no hay que eliminar, más bien al contrario, porque las penurias generalizadas determinan que esté aumentando la delincuencia.
Digo yo si no sería mejor eliminar algunos despilfarros que, con mucha generosidad, podrían calificarse de exóticos, como el ornamental ministerio de igualdad, ahora reconvertido a secretaría de estado, enviar a la miembra del gobierno y su séquito de intrigantes improductivos a engrosar las listas del INEM, reparar los coches patrullas y evitar que la mitad del cuerpo de policía se pase el turno jugando al mus en la comisaría.
El mejor escribano echa un borrón
Acabo de concluir la lectura de “La fiesta del Chivo”, y mi impresión es que Llosa desperdició la ocasión de escribir una obra maestra de doscientas páginas por escribir una novela de quinientas. No voy a afirmar que se trate de una obra mediocre, pero el abuso de rodeos y circunloquios, así como la infinidad de personajes que aparecen en la historia sin que sean relevantes para la trama, determinan que la obra, que podía haber sido apasionante, pierda tensión narrativa y, por momentos, su lectura resulte un tanto penosa. Además, el personaje central de la obra, Urania Cabral, al final resulta ser un MacGuffin, una trapacería estilística de segunda de la que no debiera haberse valido un escritor de primera como se supone que es el peruano.
Habrá quien piense que, al criticar una obra del reciente premio Nóbel, estoy perpetrando poco menos que un sacrilegio, o que quizá un servidor padezca veleidades iconoclastas, pero los hechos hablan por si mismos. Un mito urbano afirma que Carver llegó a ser el gran escritor que fue porque su editor empleaba las tijeras a discreción y dejaba sus obras reducidas a lo esencial. Quizá, en el dos mil Llosa estaba ya en una posición en la que ningún editor hubiera osado obrar así con él, si bien es indudable que le hubiera hecho un buen favor.
Habrá quien piense que, al criticar una obra del reciente premio Nóbel, estoy perpetrando poco menos que un sacrilegio, o que quizá un servidor padezca veleidades iconoclastas, pero los hechos hablan por si mismos. Un mito urbano afirma que Carver llegó a ser el gran escritor que fue porque su editor empleaba las tijeras a discreción y dejaba sus obras reducidas a lo esencial. Quizá, en el dos mil Llosa estaba ya en una posición en la que ningún editor hubiera osado obrar así con él, si bien es indudable que le hubiera hecho un buen favor.
lunes, 14 de febrero de 2011
Mangatarios
No logro acabar de entender cómo es posible que Camps, después de ser condenado por corrupción, siga sin dimitir y, además, se postule de nuevo como candidato. Encuentro tan lógico (si presuponemos que el político medio carece por completo de escrúpulos y vergüenza) que se aferre al cargo con uñas y dientes, como incomprensible que su partido lo mantenga en él. Y es inadmisible la excusa de que se trata sólo de unos trajes, ya que este particular sólo prueba la estupidez de Camps al venderse tan barato.
Igual de intolerable resulta el hecho de que Gómez mantenga como número dos a otra condenada en firme por la justicia y trate de justificarla alegando que no se ha lucrado (o al menos no ha podido demostrarse que lo haya hecho) con las actividades que le valieron la condena. Esto es: tirar el dinero de los contribuyentes, como se ha probado que lo ha hecho esta señora, no es una falta por la que un político deba sonrojarse, mucho menos dejar el cargo.
Me avergüenza esta casta política, estos mangatarios que han rebajado tanto el listón moral (ya no hablamos de eficiencia ni de buena gestión), que basta con que uno de ellos no atesore bolsas de basura repletas de billetes de quinientos para que sea considerado un modelo de virtud.
Échenlos ya, leñes; si no lo hacen por sus gobernados, háganlo al menos por mantener las apariencias.
Igual de intolerable resulta el hecho de que Gómez mantenga como número dos a otra condenada en firme por la justicia y trate de justificarla alegando que no se ha lucrado (o al menos no ha podido demostrarse que lo haya hecho) con las actividades que le valieron la condena. Esto es: tirar el dinero de los contribuyentes, como se ha probado que lo ha hecho esta señora, no es una falta por la que un político deba sonrojarse, mucho menos dejar el cargo.
Me avergüenza esta casta política, estos mangatarios que han rebajado tanto el listón moral (ya no hablamos de eficiencia ni de buena gestión), que basta con que uno de ellos no atesore bolsas de basura repletas de billetes de quinientos para que sea considerado un modelo de virtud.
Échenlos ya, leñes; si no lo hacen por sus gobernados, háganlo al menos por mantener las apariencias.
sábado, 12 de febrero de 2011
Vuelva Ud. mañana (y II)
Por caprichos del destino, tengo que volver a la misma refinería, a realizar una operación similar a la anterior. Al igual que la otra vez, invierto más de seis horas en llegar a la Línea, por lo que les ahorro los detalles.
07:30: esta vez sí que son puntuales con la apertura del comedor para el desayuno. Sabiendo lo que ocurrió la anterior ocasión, he quedado a las ocho y cuarto.
8:05: estoy en la portería de la refinería, vestido de pies a cabeza con ropa ignífuga y antiestática, además de casco, gafas y calzado de seguridad, como si me dispusiera a desmontar la refinería yo solito y volverla a montar.
8:35: la persona que debe acompañarme, la misma de la otra vez, llega con retraso, si bien ya he asumido que esta debe de ser su condición natural.
8:55: en un tiempo record, hemos conseguido un permiso de trabajo. Incluso llego a fabular que es posible que regrese a Madrid antes de las siete, a tiempo de jugar al pádel.
9:05: demasiado bonito para ser cierto. Ahora hay que entregar el permiso al encargado de zona, que, para estampar una rúbrica en la hoja, invierte media hora, interrumpiendo el proceso por cada nimiedad que se le presenta entre medias. Sin duda debe profesarle ojeriza a mi acompañante, si no, no se explica.
9:55: Por fin llega la persona que debe anular la extinción automática de incendios por CO2. Todo lo que debe hacer es girar un interruptor, algo que podíamos haber hecho perfectamente nosotros, no en vano nos han impartido el fastuoso curso de seguridad. Además, la semana anterior un servidor recibió el curso preceptivo para entrar en REPSOL, de dos días de duración. En realidad, ya lo había recibido en el 2005, pero alguien, que sin duda debe hacer negocio con esto, ha decidido que caduque a los cinco años ¿Se imaginan Uds. que les caducara el título de la carrera o el permiso de conducir?
9:58: Trabajo realizado, todo recogido y luces apagadas. Mi acompañante debe venir conmigo hasta la salida para quedarse con mi tarjeta una vez haya salido (es reutilizable para otras visitas). Pasamos por la sala de control, en teoría para dejar allí una caja, pero empieza a hablar con unos y con otros, y debo esperar allí más de media hora. Pienso que bien podía haberme acompañado a la salida y luego dedicarse a hacer lo que tuviera que hacer.
10:37: por fin estoy en portería. Me apresuro a quitarme la camisa ignífuga, que raspa como lija del siete, y me encamino a Málaga.
12:01: a pesar de que he tenido la suerte de dejar el coche de alquiler al encargado de la compañía, que en ese momento estaba en el parking, debo cambiar el billete en las taquillas. Aunque sólo hay dos personas delante de mi, a la que están atendiendo es una de esas que para sacar un billete aprovecha para preguntar al empleado sobre el funcionamiento de todo el sistema ferroviario.
12:03: anuncian que se cierra el acceso al AVE de las 12:05. Todavía siguen atendiendo al señor de antes, así que tendré que esperar al siguiente tren, el de las 14:15.
17:30: por fin estoy en casa. Para realizar un trabajo de treinta segundos escasos, tres minutos si contabilizamos los que se tarda en encender y apagar el ordenador, he invertido más de 28 horas. Les dejo a Uds. las conclusiones.
07:30: esta vez sí que son puntuales con la apertura del comedor para el desayuno. Sabiendo lo que ocurrió la anterior ocasión, he quedado a las ocho y cuarto.
8:05: estoy en la portería de la refinería, vestido de pies a cabeza con ropa ignífuga y antiestática, además de casco, gafas y calzado de seguridad, como si me dispusiera a desmontar la refinería yo solito y volverla a montar.
8:35: la persona que debe acompañarme, la misma de la otra vez, llega con retraso, si bien ya he asumido que esta debe de ser su condición natural.
8:55: en un tiempo record, hemos conseguido un permiso de trabajo. Incluso llego a fabular que es posible que regrese a Madrid antes de las siete, a tiempo de jugar al pádel.
9:05: demasiado bonito para ser cierto. Ahora hay que entregar el permiso al encargado de zona, que, para estampar una rúbrica en la hoja, invierte media hora, interrumpiendo el proceso por cada nimiedad que se le presenta entre medias. Sin duda debe profesarle ojeriza a mi acompañante, si no, no se explica.
9:55: Por fin llega la persona que debe anular la extinción automática de incendios por CO2. Todo lo que debe hacer es girar un interruptor, algo que podíamos haber hecho perfectamente nosotros, no en vano nos han impartido el fastuoso curso de seguridad. Además, la semana anterior un servidor recibió el curso preceptivo para entrar en REPSOL, de dos días de duración. En realidad, ya lo había recibido en el 2005, pero alguien, que sin duda debe hacer negocio con esto, ha decidido que caduque a los cinco años ¿Se imaginan Uds. que les caducara el título de la carrera o el permiso de conducir?
9:58: Trabajo realizado, todo recogido y luces apagadas. Mi acompañante debe venir conmigo hasta la salida para quedarse con mi tarjeta una vez haya salido (es reutilizable para otras visitas). Pasamos por la sala de control, en teoría para dejar allí una caja, pero empieza a hablar con unos y con otros, y debo esperar allí más de media hora. Pienso que bien podía haberme acompañado a la salida y luego dedicarse a hacer lo que tuviera que hacer.
10:37: por fin estoy en portería. Me apresuro a quitarme la camisa ignífuga, que raspa como lija del siete, y me encamino a Málaga.
12:01: a pesar de que he tenido la suerte de dejar el coche de alquiler al encargado de la compañía, que en ese momento estaba en el parking, debo cambiar el billete en las taquillas. Aunque sólo hay dos personas delante de mi, a la que están atendiendo es una de esas que para sacar un billete aprovecha para preguntar al empleado sobre el funcionamiento de todo el sistema ferroviario.
12:03: anuncian que se cierra el acceso al AVE de las 12:05. Todavía siguen atendiendo al señor de antes, así que tendré que esperar al siguiente tren, el de las 14:15.
17:30: por fin estoy en casa. Para realizar un trabajo de treinta segundos escasos, tres minutos si contabilizamos los que se tarda en encender y apagar el ordenador, he invertido más de 28 horas. Les dejo a Uds. las conclusiones.
jueves, 10 de febrero de 2011
El que (me) la hace (me) la paga
En sus comienzos al frente de la FSM, un servidor no sabía muy bien qué pensar de Tomás Gómez, un tipo de apariencia gris, mirada torva y modales un tanto hoscos para quien aspira a ganarse el voto moderado. Para sorpresa general, le ha bastado el triunfo pírrico de las primarias para sacar la vena stalinista y purgar sin reparos (y sin medida) a todos los que apoyaron a la candidata megaguay.
Partiendo de que Gómez y Lissavetzky tienen pocas opciones en sus respectivas candidaturas, el espectáculo lamentable y cainita que estan ofreciendo les va a favorecer poco en sus campañas, y, si el que suceda a ZP es un poco inteligente, hará bien en purgar a ambos a modo de escarmiento ejemplar.
Partiendo de que Gómez y Lissavetzky tienen pocas opciones en sus respectivas candidaturas, el espectáculo lamentable y cainita que estan ofreciendo les va a favorecer poco en sus campañas, y, si el que suceda a ZP es un poco inteligente, hará bien en purgar a ambos a modo de escarmiento ejemplar.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Todas las autonomías son iguales…
… aunque algunas son más iguales que otras. No en vano, Orwell demostró el gran acierto de que los cerdos encarnasen a la clase política en su magistral alegoría, y no porque de ellos se aproveche todo ni porque nos gusten hasta sus andares, sino por su voracidad insaciable y su gusto por hozar en la mierda.
Era evidente que se iba a soliviantar el patio como lo ha hecho, y, una vez más, sembramos el caos y el desconcierto por doquier. En ocasiones, incluso me planteo si ZP podría hacerlo peor si lo intentara a propósito y, sinceramente, lo dudo.
Era evidente que se iba a soliviantar el patio como lo ha hecho, y, una vez más, sembramos el caos y el desconcierto por doquier. En ocasiones, incluso me planteo si ZP podría hacerlo peor si lo intentara a propósito y, sinceramente, lo dudo.
lunes, 7 de febrero de 2011
La familia siempre cuida de los suyos
Esta frase, que podíamos poner en boca de don Corleone, en esta ocasión pertenece a otra “familia”, la socialista.
Puesto que lo de juez estrella (o starlet, dada su probada tendencia a la promiscuidad con el poder) pinta mal, la ministra progrueguay, la Trini, aprovecha la cumbre de Mar del Plata para proponerle a su homóloga colombiana, Holguín, que le busque un chollete en ultramar al ya ex magistrado, eso si, a cargo del erario público español, esto es: a costa de sus impuestos y los míos.
A un servidor se le llevan los demonios cada vez que uno de estos señoritingos (y no caeré en la memez ZPeista de añadir: y señoritingas), que disponen de España como si fuera su dehesa, saca el talonario de todos para pagar favores a los suyos. Esto, que en otro país hubiera supuesto la dimisión inmediata del ministro de turno y la caída del gobierno, aquí ni siquiera le cuesta a la ministra unas explicaciones en el congreso.
Sale todo muy barato aquí, y algunos, ebrios de poder, parecen disfrutar de barra libre.
Puesto que lo de juez estrella (o starlet, dada su probada tendencia a la promiscuidad con el poder) pinta mal, la ministra progrueguay, la Trini, aprovecha la cumbre de Mar del Plata para proponerle a su homóloga colombiana, Holguín, que le busque un chollete en ultramar al ya ex magistrado, eso si, a cargo del erario público español, esto es: a costa de sus impuestos y los míos.
A un servidor se le llevan los demonios cada vez que uno de estos señoritingos (y no caeré en la memez ZPeista de añadir: y señoritingas), que disponen de España como si fuera su dehesa, saca el talonario de todos para pagar favores a los suyos. Esto, que en otro país hubiera supuesto la dimisión inmediata del ministro de turno y la caída del gobierno, aquí ni siquiera le cuesta a la ministra unas explicaciones en el congreso.
Sale todo muy barato aquí, y algunos, ebrios de poder, parecen disfrutar de barra libre.
viernes, 4 de febrero de 2011
Como el buey esta cansado y ara poco…
… pues que trabaje también por la noche.
Aunque suene a chiste, poco más o menos esto es lo que viene a decir la reforma de la ley de pensiones. Partiendo de que se trata de un sistema injusto, pues hace referencia a edad, no a años cotizados (salvo una pequeña coletilla), parece recochineo que pretendan subir la edad de la jubilación para todos cuando es público y notorio que buena parte de la población se está prejubilando, que son los que determinan que la edad media de jubilación se muy inferior a la teórica y que el coste social de estos despidos camuflados recaiga en el INEM, que en definitiva somos todos.
No obstante, sindicatos y patrones bendicen la medida, y nos encontraremos con el sinsentido de ver a un albañil, que cotiza desde los 18, currando a los 67 y a un oficinista, que empezó a cotizar a los 25, prejubilado a los 58.
Se preguntará Ud., entonces, qué lógica tiene esto, y es muy sencilla: resulta mucho más sencillo gravar a la dócil y sumisa mayoría (como cuando nos subieron el IVA), que meterle mano a las grandes corporaciones, que son las que abusan de las prejubilaciones.
Aunque suene a chiste, poco más o menos esto es lo que viene a decir la reforma de la ley de pensiones. Partiendo de que se trata de un sistema injusto, pues hace referencia a edad, no a años cotizados (salvo una pequeña coletilla), parece recochineo que pretendan subir la edad de la jubilación para todos cuando es público y notorio que buena parte de la población se está prejubilando, que son los que determinan que la edad media de jubilación se muy inferior a la teórica y que el coste social de estos despidos camuflados recaiga en el INEM, que en definitiva somos todos.
No obstante, sindicatos y patrones bendicen la medida, y nos encontraremos con el sinsentido de ver a un albañil, que cotiza desde los 18, currando a los 67 y a un oficinista, que empezó a cotizar a los 25, prejubilado a los 58.
Se preguntará Ud., entonces, qué lógica tiene esto, y es muy sencilla: resulta mucho más sencillo gravar a la dócil y sumisa mayoría (como cuando nos subieron el IVA), que meterle mano a las grandes corporaciones, que son las que abusan de las prejubilaciones.
viernes, 28 de enero de 2011
365 días de cuentos
Uno debe afanarse en lo factible, si bien aspirar a lo imposible; por eso, un servidor no puede a resistirse a las utopías, sobre todo si son tan hermosas como la de Ana Busto, que se propuso crear una página que sacara cada día a la luz un cuento distinto y no me pude resistir a colaborar con el mío.
Desde aquí, os animo a que visitéis la página y colaboréis en esta iniciativa.
Desde aquí, os animo a que visitéis la página y colaboréis en esta iniciativa.
lunes, 24 de enero de 2011
¿Carisma?
Mariano Rajoy, el mismo al que se cuestionaba hace no mucho por parte de unos y otros, era recibido el pasado fin de semana en loor de multitudes. En el extremo opuesto, ZP, que por esas mismas fechas era proclamado como poco menos que un líder visionario o un santo laico, se ha convertido ahora mismo un peso muerto y ni siquiera quiere aparecer en los actos del partido, para los que delega en Rubalcaba.
Con todo esto quiero decir que el supuesto carisma y don de gentes que se supone poseen algunos políticos no es otra cosa que la erótica del poder, la sombra del alto árbol a la que todos quieren arrimarse.
Con todo esto quiero decir que el supuesto carisma y don de gentes que se supone poseen algunos políticos no es otra cosa que la erótica del poder, la sombra del alto árbol a la que todos quieren arrimarse.
viernes, 21 de enero de 2011
Cuentamé literario y catalán
No es por su natural suspicaz, que haylo, sino por fuerza de escarmientos, que un servidor desconfíe de cualquier autor joven y prometedor al que parecen abrírsele todas las puertas, muy en especial si el citado se ha ahorrado el trabajoso e instructivo paso por el purgatorio de los certámenes literarios.
Unos pocos días atrás, escuchaba en la radio una entrevista al Use Lahoz, que promocionaba su nueva novela, y los elogios que recibía eran tan desmedidos que me venció la curiosidad y traté de buscar algo del autor. Por supuesto, no puede encontrar “La estación perdida”, recién salida del horno, pero sí “Los Baldrich”, la anterior (2009), que le valió el reconocimiento unánime de público y crítica.
Me gustaría afirmar que acabo de descubrir a un nuevo talento de la narrativa patria, pero en las páginas (muchas, casi 400) que albergan la obra no he hallado más que una historia previsible y convencional, y un puñado de personajes planos y monolíticos, algo que queda bastante bien definido por el título de la entrada, aunque quizá no le haga justicia a la serie televisiva.
Hace poco, me preguntaba por los misterios que mueven las entretelas de negocio editorial, esos mismos que determinan que se encumbre a autores como este y se ignoren a otros de mucho más talento y merecimientos, como Antonio Orejudo, Jesús Tíscar o mi amigo Javier Pérez, y debo reconocer que cada vez los encuentro más arcanos e indescifrables.
Unos pocos días atrás, escuchaba en la radio una entrevista al Use Lahoz, que promocionaba su nueva novela, y los elogios que recibía eran tan desmedidos que me venció la curiosidad y traté de buscar algo del autor. Por supuesto, no puede encontrar “La estación perdida”, recién salida del horno, pero sí “Los Baldrich”, la anterior (2009), que le valió el reconocimiento unánime de público y crítica.
Me gustaría afirmar que acabo de descubrir a un nuevo talento de la narrativa patria, pero en las páginas (muchas, casi 400) que albergan la obra no he hallado más que una historia previsible y convencional, y un puñado de personajes planos y monolíticos, algo que queda bastante bien definido por el título de la entrada, aunque quizá no le haga justicia a la serie televisiva.
Hace poco, me preguntaba por los misterios que mueven las entretelas de negocio editorial, esos mismos que determinan que se encumbre a autores como este y se ignoren a otros de mucho más talento y merecimientos, como Antonio Orejudo, Jesús Tíscar o mi amigo Javier Pérez, y debo reconocer que cada vez los encuentro más arcanos e indescifrables.
jueves, 20 de enero de 2011
Vuelva Ud. mañana
Después de casi doscientos años, no hemos cambiado demasiado con respecto a lo que relató Larra.
Martes, 13:00. Una compañera me acerca a la estación de cercanías, donde tomaré un tren para enlazar con el AVE. Debo viajar a la refinería del campo de Gibraltar para leer un programa de un dispositivo obsoleto para reemplazarlo; diez minutos escasos de trabajo, pero los requerimientos burocráticos especifican que primero debo recibir el cursillo de seguridad y riesgos laborales preceptivo. Un servidor cuenta con el título oficial de riesgos laborales de veinte horas, además del específico de trabajo en petroquímicas de diez horas, pero no me permitirán entrar si no realizo el concreto de la compañía (mucho más reducido que los otros), por lo que debo viajar un día antes.
Martes, 19:00. Me han indicado que el curso se imparte a las ocho en punto de la mañana, así que primero paso a reconocer el terreno y asegurarme de que sé entrar a la refinería (hace más de diez años que no la piso). Compruebo que hay un atasco considerable para acceder a la misma desde la Línea y rezo para que al día siguiente no ocurra lo mismo.
Miércoles, 07:25. A pesar de que el horario de desayuno del hotel comienza a las siete y media, bajo cinco minutos antes porque voy un poco justo de tiempo. El comedor se encuentra a oscuras y media docena de clientes aguardan.
Miércoles, 07:35. Ahora los que esperamos somos más de veinte, y sigue sin aparecer personal del hotel. Además, da la impresión de que el desayuno no es de tipo buffet, o, si lo es, no hay nada preparado, por lo que me marcho sin desayunar. En una ocasión, en una planta química en Tarragona, no me permitieron entrar al cursillo por llegar 10 minutos tarde.
Miércoles, 07:55. Me identifico en portería, comprueban que estoy apuntado al cursillo y me indican que a las ocho y media nos recogerá un microbus. Tengo el estómago más vacío que la billetera de un parado de larga duración, y, a pesar de que la temperatura no es muy baja, el fuerte viento hace que sea muy desagradable permanecer a la intemperie. Además, vengo pertrechado sólo con una cazadora de entretiempo. Me martirizo pensando en el opíparo desayuno del que podría haber disfrutado.
Miércoles, 08:35. Por fin, nos recoge el microbus, aunque, tras un breve trayecto (menos de 500m), nos deja otra vez en la calle, aguardando que vengan a abrir el aula de formación.
Miércoles, 08:50. Accedemos al aula, donde hace casi tanto frío como en el exterior.
Miércoles, 11:15. Otra vez afuera. Aunque ya he recibido el dichoso cursillo, debo aguardar a que una persona, en Madrid, ultime la introducción de mis datos en la intranet de la petrolera para que pueda tener acceso a la refinería.
Miércoles, 12:15. Hablo con la persona que está realizando los trámites. Me dice que sólo le falta introducir el número de tarjeta, que lo tiene un compañero suyo, el que debe acompañarme en la refinería, pero este no le coge el teléfono.
Miércoles, 12:45. Por fin parece que está todo. Hablo con la persona que debe acompañarme para que me traiga la tarjeta con la que debo entrar. Me indica que a la una saldrá a comer, que le espere en la puerta. Aunque estoy más congelado que el sueldo de un funcionario, maldiciendo y farfullando, me dispongo a aguardar, aún más.
Miércoles, 13:40. Por fin aparece mi acompañante, que se deshace en excusas. Estoy más cabreado que una mona, y le replico que entiendo que esté atareado, pero que, en ese caso, hubiera aplazado mi visita para otro día, ya que han sido ellos quienes eligieron la fecha.
Miércoles, 14:35. De nuevo en la puerta de la refinería. La tarjeta no me permite acceder. Según la recepcionista, falta un papel que desde mi oficina aseguran se ha enviado, pero la única persona que sabe manejar el sistema se ha marchado cinco minutos antes. Al final, mi acompañante decide que entre como visita. Podía haberlo decidido antes, con lo que me habría ahorrado viajar el día de antes, el cursillo y la mañana a la intemperie. La persona que debe autorizar mi entrada se encuentra comiendo.
Miércoles, 15:30. Por fin estoy dentro. Ahora falta obtener los permisos de trabajo, algo que se podía haber hecho mientras yo esperaba afuera.
Miércoles, 16:58. Trabajo concluido. Para diez minutos de labor, he empleado más de un día, y me falta regresar a casa.
Miércoles, 21:45. Tras besar a mi esposa y a mis niños, hago lo propio con el suelo, como el Papa.
Y luego pretenden que tengamos la misma productividad que los alemanes.
Martes, 13:00. Una compañera me acerca a la estación de cercanías, donde tomaré un tren para enlazar con el AVE. Debo viajar a la refinería del campo de Gibraltar para leer un programa de un dispositivo obsoleto para reemplazarlo; diez minutos escasos de trabajo, pero los requerimientos burocráticos especifican que primero debo recibir el cursillo de seguridad y riesgos laborales preceptivo. Un servidor cuenta con el título oficial de riesgos laborales de veinte horas, además del específico de trabajo en petroquímicas de diez horas, pero no me permitirán entrar si no realizo el concreto de la compañía (mucho más reducido que los otros), por lo que debo viajar un día antes.
Martes, 19:00. Me han indicado que el curso se imparte a las ocho en punto de la mañana, así que primero paso a reconocer el terreno y asegurarme de que sé entrar a la refinería (hace más de diez años que no la piso). Compruebo que hay un atasco considerable para acceder a la misma desde la Línea y rezo para que al día siguiente no ocurra lo mismo.
Miércoles, 07:25. A pesar de que el horario de desayuno del hotel comienza a las siete y media, bajo cinco minutos antes porque voy un poco justo de tiempo. El comedor se encuentra a oscuras y media docena de clientes aguardan.
Miércoles, 07:35. Ahora los que esperamos somos más de veinte, y sigue sin aparecer personal del hotel. Además, da la impresión de que el desayuno no es de tipo buffet, o, si lo es, no hay nada preparado, por lo que me marcho sin desayunar. En una ocasión, en una planta química en Tarragona, no me permitieron entrar al cursillo por llegar 10 minutos tarde.
Miércoles, 07:55. Me identifico en portería, comprueban que estoy apuntado al cursillo y me indican que a las ocho y media nos recogerá un microbus. Tengo el estómago más vacío que la billetera de un parado de larga duración, y, a pesar de que la temperatura no es muy baja, el fuerte viento hace que sea muy desagradable permanecer a la intemperie. Además, vengo pertrechado sólo con una cazadora de entretiempo. Me martirizo pensando en el opíparo desayuno del que podría haber disfrutado.
Miércoles, 08:35. Por fin, nos recoge el microbus, aunque, tras un breve trayecto (menos de 500m), nos deja otra vez en la calle, aguardando que vengan a abrir el aula de formación.
Miércoles, 08:50. Accedemos al aula, donde hace casi tanto frío como en el exterior.
Miércoles, 11:15. Otra vez afuera. Aunque ya he recibido el dichoso cursillo, debo aguardar a que una persona, en Madrid, ultime la introducción de mis datos en la intranet de la petrolera para que pueda tener acceso a la refinería.
Miércoles, 12:15. Hablo con la persona que está realizando los trámites. Me dice que sólo le falta introducir el número de tarjeta, que lo tiene un compañero suyo, el que debe acompañarme en la refinería, pero este no le coge el teléfono.
Miércoles, 12:45. Por fin parece que está todo. Hablo con la persona que debe acompañarme para que me traiga la tarjeta con la que debo entrar. Me indica que a la una saldrá a comer, que le espere en la puerta. Aunque estoy más congelado que el sueldo de un funcionario, maldiciendo y farfullando, me dispongo a aguardar, aún más.
Miércoles, 13:40. Por fin aparece mi acompañante, que se deshace en excusas. Estoy más cabreado que una mona, y le replico que entiendo que esté atareado, pero que, en ese caso, hubiera aplazado mi visita para otro día, ya que han sido ellos quienes eligieron la fecha.
Miércoles, 14:35. De nuevo en la puerta de la refinería. La tarjeta no me permite acceder. Según la recepcionista, falta un papel que desde mi oficina aseguran se ha enviado, pero la única persona que sabe manejar el sistema se ha marchado cinco minutos antes. Al final, mi acompañante decide que entre como visita. Podía haberlo decidido antes, con lo que me habría ahorrado viajar el día de antes, el cursillo y la mañana a la intemperie. La persona que debe autorizar mi entrada se encuentra comiendo.
Miércoles, 15:30. Por fin estoy dentro. Ahora falta obtener los permisos de trabajo, algo que se podía haber hecho mientras yo esperaba afuera.
Miércoles, 16:58. Trabajo concluido. Para diez minutos de labor, he empleado más de un día, y me falta regresar a casa.
Miércoles, 21:45. Tras besar a mi esposa y a mis niños, hago lo propio con el suelo, como el Papa.
Y luego pretenden que tengamos la misma productividad que los alemanes.
lunes, 17 de enero de 2011
Caramelos podridos
Este pobre lego no acaba de entender que en el PP tengan las santas narices de exponerse a que en cualquier momento les echen en cara los trajes de Camps y en el PSOE tres cuartos de lo mismo con los terrenos de Rollán.
Mientras que los partidos no se afanen en tener bien limpia su propia casa, carecen por completo de autoridad moral para reprochar nada a nadie. Además, estos casos de políticos pegajosos, que se mantienen adheridos al cargo contra toda lógica, inducen a pensar al votante suspicaz que este inexplicable sostenimiento contra viento y marea por fuerza debe obedecer a motivos turbios e inconfesables.
Que los echen ya, leñes.
Mientras que los partidos no se afanen en tener bien limpia su propia casa, carecen por completo de autoridad moral para reprochar nada a nadie. Además, estos casos de políticos pegajosos, que se mantienen adheridos al cargo contra toda lógica, inducen a pensar al votante suspicaz que este inexplicable sostenimiento contra viento y marea por fuerza debe obedecer a motivos turbios e inconfesables.
Que los echen ya, leñes.
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