jueves, 4 de agosto de 2011
La práctica del relato
lunes, 1 de agosto de 2011
Por fin, ZP
jueves, 28 de julio de 2011
Código best seller
miércoles, 27 de julio de 2011
Servidumbres del progreso
jueves, 21 de julio de 2011
Por fin, Camps
miércoles, 20 de julio de 2011
El agujero autonómico
La guerra de cifras y desmentidos entre el gobierno entrante y el saliente de Castilla la Mancha viene a confirmar lo que era un secreto a voces: el despilfarro demencial que supone el estado de las autonomías.
El caso de Castilla la Mancha resulta particularmente sangrante y paradigmático, pues, tratándose de una de las regiones más paupérrimas del estado, ha derrochado a puños llenos con su televisión autonómica y su caja de ahorros agujereada como ninguna, con sus obras faraónicas y perecederas, como el aeropuerto de Ciudad Real o el AVE Ciudad Real Albacete.
Esa forma de edificar un estado dentro de otro que suponen las autonomías, ese modo de multiplicar los parlamentarios, altos cargos y funcionarios, es un lujo que España no se puede permitir. Ya fue un error en su día, apenas por contentar a vascos y catalanes, pero hoy resulta sencillamente inasumible.
Cuando una familia atraviesa dificultades económicas, lo primero que elimina son los gastos superfluos y suntuarios, y lo mismo, en buena ley, debiera hacer el estado. Si resulta evidente, incluso para el más lerdo, que el tamaño supone la única forma de sobrevivir en una economía cada vez más globalizada y competitiva, no tiene sentido alguno fragmentar el estado y avanzar en la dirección contraria a la que indica la razón.
Para derramar más sangre, durante todos estos años los partidos nacionalistas han hecho de la lucha identitaria su razón de ser, su medio de robar votos a los partidos nacionales inoculando la falacia de que la independencia es la solución a todos los males, cuando en realidad sería su causa más segura e inmediata si llegara a producirse.
Tenemos un estado fraccionado e insostenible y unas cuentas que no cuadran. Tenemos millones de catalanes y vascos firme e ilusoriamente convencidos de que andaluces y extremeños viven a su costa. Tenemos, en definitiva, un problema de tres cojones, y a nadie que posea los idems precisos para abordarlo.
martes, 19 de julio de 2011
Dos novelas breves
miércoles, 13 de julio de 2011
Me cisco en los mercados
jueves, 30 de junio de 2011
Eutanasia política
Tuvo un cierto aire de última cena el debate sobre el estado de la nación. Sobre todo por la teatral despedida del presidente, que fue correspondida incluso por Rajoy, del que es bien sabido que no puede ver a Zapatero ni en retrato. Una despedida innecesaria, por más que fuera el último debate de la legislatura, ya que se supone que el presidente va a tener más ocasiones de acudir al parlamento, ¿o no?
Cuando uno se encuentra totalmente desahuciado, como es el caso, no tiene sentido alguno seguir prolongando una agonía tan innecesaria como dolorosa. ZP es consciente de que, cada minuto que retrasa su marcha, le supone merma de votos a su partido y, aunque le importe menos, puestos de trabajo perdidos y empobrecimiento general de la nación.
Además, está la cuestión de la extorsión que sufre gobierno a manos de los partidos de taifas cada vez que precisa sacar adelante una ley. Ya oímos pavonearse al portavoz del PNV, Erkoreka, a la puerta del congreso tras aprobarse la reforma laboral. Después se ha sabido que, aparte de lo que el ejecutivo podía admitir en público, CIU obtuvo la titularidad de los hospitales, y ahora también cabe conjeturar que la capitalía cultural de San Sebastián, un municipio regido por el brazo político de ETA, debe ser parte del precio político de la reforma.
Lo más conveniente para el país hubiera sido que, tal como apuntó Rosa Díez, ZP, además de despedirse, se hubiera marchado de una maldita vez, y así lo reclaman propios y extraños, aunque pueden apostar por que no aguantará hasta Marzo.
miércoles, 29 de junio de 2011
Caligrafía de los sueños
martes, 28 de junio de 2011
Sí pero no
viernes, 24 de junio de 2011
Histeria política
jueves, 16 de junio de 2011
Perder la razón por los modos
miércoles, 15 de junio de 2011
Casa Quemada
martes, 14 de junio de 2011
El tumor Camps
jueves, 9 de junio de 2011
Mancha o borrón
En los últimos días y gracias al traspaso de poderes en Castilla la Mancha, la crónica política cada vez se parece más a esos programas que señorean a cualquier hora en la parrilla de Tele5, una suerte de wrestling mediático donde los estudios se convierten en improvisado ring o una pelea de patio de vecinos.
También, por qué no, a un vodevil, pues la cosa tiene su morbo, incluso a una de esas comedias de Alfonso Paso donde el cadáver, en este caso un muerto en forma de papeles fugitivos y supuestamente triturados, aparece y desaparece en cada rincón de la casa.
Al ciudadano de a pie, la impresión que le queda de todo este zipizape es que a los políticos profesionales, en cuanto que les das la mínima ocasión, hacen del cargo su cortijo, cuando no su particular sierra Morena.
Como dijo Lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Para desgracia del ciudadano, el poder en algunas administraciones parecía haberse perpetuado, incluso se había vuelto hereditario, y cada mandatario (o mangatario) saliente dejaba situado el puesto a su delfín y colocaba a legiones de deudos y familiares en envidiables cholletes, obrando como un generoso mecenas con cargo al dinero de nuestros impuestos.
El político, no importa el color, es un artículo perecedero y, a poco que le dejes en el cargo, acaba viendo a sus votantes como súbditos, si no como ganado aborregado al que hay que conducir en contra de su voluntad por su propio bien, y cualquier prebenda le parece poca en compensación a las servidumbres del puesto, por lo que el mandato debiera llevar impresa la fecha de caducidad, como los yogures, para eludir colmar las instituciones de podredumbre.
No obstante y ante todo, lo que más debiera indignarnos es que toda esta pléyade de reyezuelos de taifas haya tirado el dinero público a espuertas y no merezca más castigo que el perder el cargo, eso sí, gozando de unas generosas pensiones y disfrutando de un retiro dorado en el consejo de administración de alguna de las empresas a las que beneficiaron durante el mandato.
Columna publicada en El Soplón
jueves, 2 de junio de 2011
El Prestige socialista

Ni por asomo piensen que pretendo afirmar que el PSOE haya ganado prestigio, más bien al contrario, sino que el movimiento 15-M va a suponer para el binomio ZP-Rubalcaba lo que la mancha de chapapote para Aznar-Rajoy: una erosión continua e incesante del partido en el poder.
No existe una oscura mano tras este fenómeno, como han tratado de hacernos creer algunos de los políticos y tertulianos a sueldo de la derecha más radical, los habituales de la teoría de la conspiración, y, aunque los estandartes de la progresía (IU y sindicatos), hayan tratado de arrimar el ascua a su sardina, una vez más han demostrado que, lejos de liderar la sociedad, como sería su propósito, se encuentran bastantes pasos tras ella.
Una población con cinco millones de parados, donde se auxilia a los bancos y se desasiste al ciudadano de a pie, por fuerza debe reventar por algún lugar, y el 15-M es nuestro particular descosido.
¿Qué pretende el movimiento? Ni ellos mismos los saben. Por supuesto que han brotado entre ellos, como setas tras la lluvia, algunos ideólogos, que han elaborado listas repletas de declaraciones bienintencionadas, si bien su propia autodefinición: indignados, brinda una aproximación más fidedigna a la verdad, millares de personas aplastadas por una realidad abrumadora e injusta, que deciden manifestar su descontento del único modo a su alcance.
El delfín Rubalcaba, de forma interesada y un tanto ingenua, ha hecho una pésima gestión del problema. Si, al día siguiente de la acampada, les hubiera recibido en su despacho para escuchar sus demandas y hubiera constituido de inmediato una comisión oficial para estudiarlas (la forma más inexorable de echarlas a saco roto), este movimiento se habría disuelto antes de las municipales.
En su lugar, se ha limitado a permanecer de brazos cruzados, quizá con la vana esperanza de que esta manifestación espontánea supusiera el milagro que los librara del más que seguro desastre electoral, y ahora ha dejado crecer la bola de nieve hasta un punto en el que es imposible de manejar.
Para remate, en un summun de imbecilidad y ceguera política, sus amigos catalanes incurren en la bajeza moral e insensibilidad deleznable de desalojarlos de malas maneras por un maldito partido de fútbol, torpeza que ha determinado que el movimiento, que comenzaba a languidecer por el mero efecto del tiempo, haya multiplicado sus fuerzas.
En este punto, cabe preguntarse qué hará Rubalcaba: lo mismo que hasta ahora, nada, o lo que es lo mismo: esperar que el problema se solucione sólo y quizá cantar “que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva”, rezando para que la meteorología acabe con el ánimo de los contumaces acampados, ajeno al hecho de que, no sólo está cavando su tumba política, sino que él mismo se está encargando de echarse tierra encima para sepultarse, ufano de haberse librado de Chacón y como si el paraguas de las primarias pudiera librarle del alud que se le viene encima.
(Columna publicada en El Soplón)
miércoles, 1 de junio de 2011
Primarias de Playmobil
Rubalcaba cuenta con el poder de representar ahora mismo la mano fuerte del gobierno, así como con el apoyo del aparato y de la vieja guardia de felipistas y guerristas. Toda una sin par conjunción planetaria, a la que apenas le resta un pequeño detalle para ser perfecta: el apoyo del votante.
No duden que se van a celebrar primarias, aunque sea el único candidato y tenga que verse obligado a ser el protagonista de este monólogo o bufonada, pues supone un excelente medio de hacerse con unos minutos diarios de publicidad gratuita en medio de los noticiarios mientras dure el proceso, y vivimos en un mundo de apariencias, donde lo importante es el decorado y resulta irrelevante que se represente una farsa o una tragedia.
También, como no, para revestir con un camuflaje de legitimidad lo que en realidad ha sido una designación a dedo.
Y lo peor de todo es que les seguimos el juego.
martes, 31 de mayo de 2011
Me importa un pepino
Por eso resulta tan sangrante que, una vez más, el gobierno alemán eche balones fuera y cargue sobre los hombros de lo que ellos consideran poco más que un país tercermundista (nosotros, vaya) una responsabilidad que es exclusivamente suya.
Las pruebas son concluyentes: los únicos españoles afectados son una atleta española que acudió a competir a Hamburgo, donde permanece hospitalizada, y un Donostiarra que acababa de regresar de Alemania, ninguno de los cuales consumió pepino durante su estancia. Asimismo, se han detectado numerosos casos en otros países europeos, todos de personas que habían estado en Alemania, así que parece claro es que el origen de la bacteria está en su país y no en el nuestro.
Aunque a ZP le queden dos telediarios, debería convocar a toda la prensa internacional, dar un puñetazo sobre la mesa y exponer estos hechos claramente. También deberían hacerse análisis exhaustivos de productores e intermediarios, y publicarlos para que los consulte quien quiera, y, como última medida, reclamar a Alemania el resarcimiento de daños por su política irresponsable.
lunes, 30 de mayo de 2011
¿Democracia real?
En primer lugar, porque en este país, nos guste o no, la mayoría de los votantes son de un partido político como quien es de un equipo de fútbol o de una cofradía de penitentes, alguien que cree en sus colores de una forma emotiva y visceral, y que va a votar a su partido, haga este lo que haga. Aunque el más llano sentido común nos prescriba que debiéramos concebir a nuestros mandatarios como unos administradores a los que contratamos por un periodo de cuatro años y, si nos convence su gestión, renovamos el contrato y, en caso contrario, lo rescindimos, en realidad nuestra relación con ellos tiene más que ver con el fervor religioso o el forofismo deportivo que con el raciocinio o el interés común.
En segundo lugar, porque al votante medio no le interesa la política; no en vano, una tercera parte ni se molesta en perder diez minutos de su tiempo para acudir a las urnas. Por supuesto que nos entretenemos con los chismes de los políticos, sus guerras fratricidas y sus escándalos, pero como meros espectadores de un reality de alto nivel. De hecho, a un porcentaje muy alto se le pondría en un compromiso si se le preguntara por el nombre del ministro de educación o por el de la ministra de medio ambiente, como para entrar en detalles de los programas de los partidos a los que se vota.
¡Los programas! Para qué hablar de ellos: sin excepción, un difuso conjunto de elevados propósitos y buenas intenciones, tan bellos como vacuos e inconcretos. Porque el tercer punto sostiene que el ciudadano de a pie prefiere una mentira bien presentada a la verdad desnuda. Pudimos comprobarlo durante el famoso debate entre Solbes y Pizarro, en la campaña del 2008, en el que el segundo probó que estábamos metidos de cabeza en una monumental crisis, que no había hecho sino empezar, mientras que el primero se limitó a negarlo con una elaborada serie de embustes, y, por más que todos supiéramos que mentía como un bellaco, todos los medios y la gente de la calle consideraron como ganador indiscutible al entonces ministro.
Cuarto punto: las listas abiertas no funcionan. Es de dominio público que muchos, incluidos los del famoso movimiento, claman por las cacareadas listas. Pues no hace falta que las demanden, ya las tenemos en el senado, ¿y qué es lo que ocurre? Que, como el votante común ni conoce el nombre de los candidatos ni le importa, acaban siendo elegidos los primeros situados en las listas, que se confeccionan por orden alfabético. Así que ya lo sabe: puede presentarse al senado si se apellida Abad, pero es una estupidez si se llama Vázquez.
El quinto punto colige que, asimilados los anteriores, el paradigma de político exitoso es alguien capaz de embaucar a los electores y pasar por encima de sus rivales, no importa cómo, en lugar de un gestor serio, honesto y eficiente, porque son justo los citados vicios los que pueden llevarle al cargo para el que se precisarían las antagónicas virtudes enunciadas, prueba concluyente de que padecemos un sistema viciado y condenado al fracaso por su propia naturaleza. Para corroborarlo, basta con comprobar el innúmero plantel de políticos que han invertido la mayor parte de su vida profesional, si no toda, saltando de un cargo oficial a otro, sin que hayan adquirido con la experiencia otra habilidad que la de medrar.
El sexto punto supone negar la mayor: es falso que las decisiones de la mayoría sean la mejor alternativa posible. Imagine Ud. que padece una grave dolencia y, reunidos los enfermos de la planta séptima del hospital, se decidiera por votación qué tratamiento aplicarle. Sin duda, nadie estaría conforme con este procedimiento médico, pero lo damos por bueno, incluso nos negamos a admitir que pueda existir otro, cuando se trata de determinar quién ha de regir los destinos de la nación, asunto nada baladí ni de menor complejidad que el anterior.
Y el anterior punto entronca con el séptimo: nadie aprecia ni usa adecuadamente lo que nada le cuesta. Por eso existe quien no vota porque no le da la gana, o vota a un candidato porque le parece más guapo o más simpático que otro. Al igual que no permitimos que maneje un helicóptero alguien que no está capacitado para pilotarlo, de idéntico modo no debiéramos tolerar que ostentara el derecho a voto quien no hubiera probado de modo objetivo y fehaciente que puede hacerlo de forma efectiva y consciente, esto es: que para votar fuera preciso haber superado unas pruebas que hicieran merecedor al ciudadano de detentar semejante responsabilidad. Por supuesto, nadie acometerá semejante reforma, porque todos desean disponer de un electorado manso y manejable al que engatusar.
El octavo punto postula que tenemos unas instituciones concebidas en la época de la ilustración, obsoletas en la actual. Desde el momento en que los diputados y senadores ejercen de meras máquinas orgánicas de votar, fieles al mandato de sus partidos, supone un dislate y un sangrante derroche mantener abiertas las cámaras. Para el resultado alcanzado, bastaría que votasen un representante de cada partido, cada cual con su voto ponderado por la representación obtenida en las urnas. Más rápido, más barato y podría llevarse a cabo en la terraza de una cafetería con coste cero para el contribuyente. Las injurias de turno, por el Twiter.
Como noveno punto, la peor lacra para el bienestar de la sociedad son los partidos políticos, ya que han contaminado todas las instituciones donde se maneja poder o dinero (¿acaso son diferentes?) del país, y se las reparten de forma alícuota entre sus testaferros.
Como cierre de este decálogo, conclusión y corolario: una vez probado que, que el sistema actual no sólo es injusto, perverso e ineficiente, sino además inviable, ¿quién le pone el cascabel al gato?
(Artículo publicado en El Soplón)