El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

jueves, 11 de agosto de 2011

¿Cuánto pesa el alma?


A un servidor le deleita la historia de la ciencia y ha leído muchos volúmenes al respecto; en particular, recuerdo con especial cariño el memorable y antológico “Biografía de la física”, escrito por George Gamow, el padre de la teoría del “big bang” y uno de los mejores divulgadores que he tenido el placer de leer.

A pesar de esto, el libro de Len Fisher no es uno más de tantos, ya que, en lugar de realizar una aproximación convencional, anecdótica o sistemática, centra su visión en esos pasos dubitativos, erráticos y a menudo infructuosos que caracterizan a la historia de la ciencia, en vez de en los grandes logros que todos conocemos.

Además, el autor tiene una prosa fácil y, sin formular expresamente teorías, le lleva al lector a quitarse de la cabeza la idea preformada que asimila a  la ciencia en general con las ciencias exactas,  al constatar cómo la comunidad científica ha dado por buenos, durante décadas enteras, los errores más disparatados. En definitiva, a relativizar las verdades científicas, que a menudo asumimos como dogmas de fe y, en ocasiones, no son más que falsedades institucionalizadas.

Revolución NINI


Arde Londres, e Inglaterra entera la imita, con una violencia ciega e irracional. Cunde el despropósito entre los antaño flemáticos británicos, y las fuerzas del orden son incapaces de contenerlo, pero lo que causa más pasmo es que quienes protagonizan esta revuelta no son parados de larga duración ni padres desesperados, sino esa generación cuyo paradigma era la indolencia y la inacción.

Muchachos imberbes, que desconocen el significado de la palabra responsabilidad, sumen a un país entero en el caos, y demuestran, con dolorosa contundencia, las consecuencias de padecer una generación que no sabe lo que es la educación, el esfuerzo o la disciplina, de disfrutar de una PSP en lugar del atento cuidado de los padres.

jueves, 4 de agosto de 2011

La práctica del relato


Aunque tampoco he leído demasiados manuales de escritura creativa, sin duda alguna este volumen, de Ángel Zapata, es el mejor de ellos, no porque exponga ideas o conceptos que no incluya el resto, sino porque lo hace de un modo ameno y claro. El autor, en lugar de limitarse a enumerar una serie de normas estilísticas, obliga al lector a llegar a ellas mediante el análisis y el razonamiento, herramientas más propias de un científico o un filósofo que de un escritor.

Me ha resultado especialmente amena la primera mitad, los capítulos referentes  a la naturalidad y visibilidad, por ser los más tangibles y evidentes. En el resto, aunque reconozco que aborda unos temas con los que resulta más complicado lidiar, quizá se extiende demasiado y la lectura no resulta tan grata, si bien igualmente útil.

Por si alguien quiere hacerse una idea antes de comprarlo, puede leerse una muestra en Google Books.

lunes, 1 de agosto de 2011

Por fin, ZP


Aunque ya habíamos vaticinado que ZP no agotaría la legislatura, pronóstico que admito no entraña demasiado mérito, no puede evitarse resoplar con alivio al conocer el plazo exacto de esa condena en forma de presidente inepto, armado de buenos propósitos y desprovisto de todo lo preciso para llevarlos a cabo, que hemos padecido durante casi ocho años.

La etapa de Zapatero será recordada en los anales de la historia contemporánea como la de la presidencia cosmética, del gobierno superficial y vacuo donde lo único importante eran las apariencias.

Rubalcaba sabía de sobra que, cada vez que intervenía, el presidente le estaba restando votos, por lo que es de extrañar que le haya exigido que anuncie una fecha y se aparte a un lado, y la prueba es que no ha tardado en sacar pecho y proclamar que ahora es él quien manda en el partido. No en vano, es consciente de que no existe efecto Rubalcaba, mera cocina de los chefs del CIS, y sí un contundente efecto ZP, a quien los votantes no pueden ver ni en pintura. 

A la vez, uno contempla lo que ocurre en Estados Unidos, y no puede reprimir la más insana de las envidias al comprobar cómo los dos grandes partidos son capaces de acordar a un pacto de estado a diez años para sacar al país de la crisis, máxime cuando se sabe a ciencia cierta que, en el improbable caso de que los populares no obtuvieran mayoría absoluta, acabarían pactando con los nacionalistas, que venderían su voto a cambio de otro bocado más a este depauperado estado que ha sobrevivido, a duras penas, a dos legislaturas de talante y despropósitos.

Lo que resta por saber es si el gobierno entrante va a tener los arrestos precisos para hacer lo que hay que hacer: tapar el agujero autonómico, la verdadera causa de que el estado se esté yendo a pique, o se limitará a lo más fácil y repercutirá el coste de la crisis a los de siempre subiendo impuestos, aplicando el copago donde sea posible y recortando a empleados públicos y pensionistas.

jueves, 28 de julio de 2011

Código best seller

Admito que me aproximé al volumen de Sergio Vila-San Juan con tanta curiosidad como suspicacia: uno no puede deshacerse de los recelos ante la mera presencia de las palabras mágicas. No obstante, la primera parte del libro es interesante:un ensayo sobre la historia del libro de éxito, de sus claves y elementos constituyentes, si bien analítico y a posteriori, como no podía ser de otro modo. Muchos son los que desean dar con su fórmula y apenas unos pocos lo consiguen, y menos aún logran repetirla. También es cierto que son muchos los que imitan estas fórmulas, pobres trasuntos de los originales, producto de la voracidad editorial, tan cierto como que ninguno logra repetir el éxito de la obra emulada.

La segunda parte, una sucinta y fría semblanza de los principales best sellers de los últimos dos siglos, tipo “rincón delvago”, no está a la altura de la primera, si bien este es un libro que, en su conjunto, merece la pena leer.

miércoles, 27 de julio de 2011

Servidumbres del progreso


Es preciso permanecer unos cuantos días sin acceso a internet para comprobar que no sucede nada por dejar de consultar el correo electrónico, que se puede vivir unas horas dejando  abandonado esa suerte de apéndice artificial que es el teléfono móvil.
Conviene  disfrutar de unas jornadas, aunque sean apenas cuatro, en las que el tiempo pasa de ser un bien escaso, del que nunca se dispone bastante, a algo que debe matarse paseando por el camino de Muñoyerro o charlando en la plaza.
Y es necesario haber constatado lo anterior para plantearse si todos estos artefactos, paradigmas del mundo moderno, que acostumbramos a considerar imprescindibles, o tan comunes que ni siquiera nos cuestionamos su uso, de veras están a nuestra disposición o, en realidad, sucede al contrario; si somos beneficiarios del progreso o sufrimos sus daños colaterales.

Comprenderán, entonces, que me disculpe de nuevo por estas intermitencias estivales.

jueves, 21 de julio de 2011

Por fin, Camps


Si esta era la conclusión inevitable, resulta imposible comprender por qué se ha demorado tanto. Por qué obligarse a sí mismo y a su partido a soportar el escarnio de que su nombre fuera traído a colación cada vez que se hablaba de corrupción o inmoralidades como ese inevitable “y tú más”. Por qué convertirse en el centro de atención de la prensa e inspiración de maledicencias de toda clase.

Siempre sospeché que Camps había sido más estúpido que corrupto. Por aceptar dos docenas de trajes (¿puede alguien necesitar tantos trajes?) de un tipo como Bigotes, esas prendas contumaces que no se ha podido quitar de encima durante casi tres años, pero mucho más por encargárselos a ese sastre con nombre de torero y vocación lírica que le ha cortado muchos más trajes figurados que literales, y que parecía estar buscando en todo momento las cámaras para ponerse  a cantar como un canario flauta.

Le ha hecho mucho daño Camps a su partido, y no sólo porque su nombre haya sido sinónimo de corrupción durante veintiocho meses, sino porque su caso ha probado la verdadera talla de estadista de Rajoy, un tipo cuya estrategia principal es la inacción y aguardar que los problemas se resuelvan solos.

miércoles, 20 de julio de 2011

El agujero autonómico

La guerra de cifras y desmentidos entre el gobierno entrante y el saliente de Castilla la Mancha viene a confirmar lo que era un secreto a voces: el despilfarro demencial que supone el estado de las autonomías.

El caso de Castilla la Mancha resulta particularmente sangrante y paradigmático, pues, tratándose de una de las regiones más paupérrimas del estado, ha derrochado a puños llenos con su televisión autonómica y su caja de ahorros agujereada como ninguna, con sus obras faraónicas y perecederas, como el aeropuerto de Ciudad Real o el AVE Ciudad Real Albacete.

Esa forma de edificar un estado dentro de otro que suponen las autonomías, ese modo de multiplicar los parlamentarios, altos cargos y funcionarios, es un lujo que España no se puede permitir. Ya fue un error en su día, apenas por contentar a vascos y catalanes, pero hoy resulta sencillamente inasumible.

Cuando una familia atraviesa dificultades económicas, lo primero que elimina son los gastos superfluos y suntuarios, y lo mismo, en buena ley, debiera hacer el estado. Si resulta evidente, incluso para el más lerdo, que el tamaño supone la única forma de sobrevivir en una economía cada vez más globalizada y competitiva, no tiene sentido alguno fragmentar el estado y avanzar en la dirección contraria a la que indica la razón.

Para derramar más sangre, durante todos estos años los partidos nacionalistas han hecho de la lucha identitaria su razón de ser, su medio de robar votos a los partidos nacionales inoculando la falacia de que la independencia es la solución a todos los males, cuando en realidad sería su causa más segura e inmediata si llegara a producirse.

Tenemos un estado fraccionado e insostenible y unas cuentas que no cuadran. Tenemos millones de catalanes y vascos firme e ilusoriamente convencidos de que andaluces y extremeños viven a su costa. Tenemos, en definitiva, un problema de tres cojones, y a nadie que posea los idems precisos para abordarlo.

Columna publicada en El Soplón

martes, 19 de julio de 2011

Dos novelas breves


“Memorias de mis putas tristes” de G.G. Márquez, me ha servido para reconciliarme con el colombiano, a quien leí con profusión (y, sin duda, sin el debido rigor) cuando apenas abandonaba la adolescencia y del que quedé empachado. No es su obra maestra y ni siquiera le hace honor al título, pero aporta una versión fresca y original del amor en la vejez.

El viaje de Jonás”, de mi paisano J.L. Jiménez Lozano, no me ha resultado tan gratificante. A decir verdad, se me ha antojado un mero divertimento, con poca substancia, de quien se siente adulado por la crítica y desdeñado por el público, y, y sabe su publicación segura por subvencionada.

Y disculpen Uds. estas intermitencias estivales.

miércoles, 13 de julio de 2011

Me cisco en los mercados


Los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a hablar de los mercados como si fueran algo semejante a una fuerza de la naturaleza, un ente difuso y de voluntad caprichosa e indoblegable, cuando son algo muy diferente: un reducido puñado de individuos (cabrían todos en un autobús) que manejan los designios de los fondos de pensiones y de inversión, los más importantes compradores de deuda pública.
Estos tipejos se valen de unos modos más propios de corsarios y bandoleros (todo es lícito si aumenta mi beneficio) que de inversores y hombres de negocios respetables. La prueba es que no les ha temblado el pulso al enviar países enteros al precipicio, al causar la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo y acarrearles dolorosos recortes a decenas de millones de personas con tal de subir unos puntos el margen de rentabilidad de sus bonos.
También solemos considerar sus designios inapelables, casi como si se tratara de los mandatos del mismo Yavé, cuando en realidad sería bien sencillo aplicarles a los mercados una dosis de su propia medicina: bastaría con permitir la quiebra parcial de Grecia y que, como consecuencia de ello, estos especuladores constataran que, con sus turbias maquinaciones, en lugar de multiplicar el porcentaje de sus ganancias, sufren unas cuantiosas pérdidas.
Esto, y también publicar por doquier sus fotos junto a las de los delincuentes más buscados, que los millones de funcionarios y pensionistas que han visto recortados sus ingresos por su causa puedan poner caras a los causantes de sus males. Que los que pierden su empleo o ven embargado su patrimonio sepan quiénes son los responsables. Y, qué carajo, que no puedan actuar con impunidad y, a cada momento, teman ser reconocidos por una de sus víctimas.

jueves, 30 de junio de 2011

Eutanasia política

Tuvo un cierto aire de última cena el debate sobre el estado de la nación. Sobre todo por la teatral despedida del presidente, que fue correspondida incluso por Rajoy, del que es bien sabido que no puede ver a Zapatero ni en retrato. Una despedida innecesaria, por más que fuera el último debate de la legislatura, ya que se supone que el presidente va a tener más ocasiones de acudir al parlamento, ¿o no?

Cuando uno se encuentra totalmente desahuciado, como es el caso, no tiene sentido alguno seguir prolongando una agonía tan innecesaria como dolorosa. ZP es consciente de que, cada minuto que retrasa su marcha, le supone merma de votos a su partido y, aunque le importe menos, puestos de trabajo perdidos y empobrecimiento general de la nación.

Además, está la cuestión de la extorsión que sufre gobierno a manos de los partidos de taifas cada vez que precisa sacar adelante una ley. Ya oímos pavonearse al portavoz del PNV, Erkoreka, a la puerta del congreso tras aprobarse la reforma laboral. Después se ha sabido que, aparte de lo que el ejecutivo podía admitir en público, CIU obtuvo la titularidad de los hospitales, y ahora también cabe conjeturar que la capitalía cultural de San Sebastián, un municipio regido por el brazo político de ETA, debe ser parte del precio político de la reforma.

Lo más conveniente para el país hubiera sido que, tal como apuntó Rosa Díez, ZP, además de despedirse, se hubiera marchado de una maldita vez, y así lo reclaman propios y extraños, aunque pueden apostar por que no aguantará hasta Marzo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Caligrafía de los sueños

Si uno desconociera la obra previa de Juan Marsé y diera con este, su último título, bien pudiera pensar que tiene en sus manos una obra maestra. Nos enfrentamos a una historia colorida, narrada con envidiable destreza, unos personajes formidables, construidos a la perfección, y un soberbio final agridulce.

No obstante, un servidor ya ha leído con anterioridad otras obras del autor y, si bien esta última quizá sea la más redonda de todas, se parece demasiado al resto, en particular a “El Embrujo de Shanghai”, así como a la propia biografía del escritor.

No se puede negar que Marsé posee un gran talento como narrador, quizá sea el que más acopia de los escritores patrios en activo, si bien es lamentable que lo desperdicie escribiendo una y otra vez la misma novela con distintos títulos: esa historia intimista, ambientada en la Barcelona de posguerra, centrada en el tránsito del protagonista, que se rodea de personajes variopintos y un tanto estrafalarios, de la pubertad al gris mundo de los adultos.

Supongo que, cuando uno alcanza la edad de Marsé, se debe contemplar la adolescencia como una era casi mítica, más adornada por la nostalgia que tiranizada por la fidelidad de los recuerdos, y debe resultar difícil escapar a su hechizo; no obstante, alguien, quizá su agente o su editor, debieran aconsejarle que ya es hora de escribir algo diferente.

martes, 28 de junio de 2011

Sí pero no

Este miércoles, retomamos la limitación de velocidad de 120 km/h en autovías y autopistas. La anterior medida, que limitaba la velocidad máxima a 110 km/h, encarna el paradigma perfecto de ley “Zapatero”: provisional, cosmética, chapucera y de más que dudosa eficacia.
A pesar de llevar más de siete años en el poder, nuestro presidente todavía no ha logrado desprenderse de ese estigma de recién llegado y un tanto advenedizo; de ese aire de novato que, a cada momento, está obligado a demostrar (o al menos intentarlo, aunque sea en vano) que no se encuentra en el cargo por casualidad, incapaz de admitir que no sabe qué hacer o, simplemente, que no hay otra cosa que hacer que esperar a que escampe el chaparrón; de esa forma de gobernar dubitativa y de cara a la galería, en la que cada paso es ejecutado con vacilación y sin dejar de observar las reacciones para recular al menor indicio de descontento.
De ahí esas medidas apresuradas, improvisadas en el café previo al consejo de ministros, con las que pretende ilusoriamente convencer a sus cada vez menos numerosos votantes que el gobierno no se encuentra de brazos cruzados.
Por eso tenemos este ejecutivo de ahora sí y ahora no, de un pasito p’alante y un pasito p’atrás, del quiero y no puedo, de las buenas intenciones y las meras apariencias, de principios de boy scout y ramalazos de asaltaconventos.
ZP se encuentra sitiado: no le quieren los suyos, ni los ajenos, ni el capital. Es bien probable que ahora mismo, de no haber fallecido, no lo hubiera querido ni la madre que lo parió. ZP es un apestado, y eso no es lo peor, sino que todos lo saben, por eso los partidos de taifas le piden un precio cada vez más abusivo por los apoyos de los que precisa para sacar adelante cada ley, aunque no se molesten en disimular los escrúpulos e incluso hagan alarde de ellos.
ZP, con su pueril voluntarismo y sus medias tintas, ha sido el mandatario más dañino para el país de la historia de la democracia, pero ahora ya no sólo es un lastre, sino un cadáver político que está contaminando con su insalubre putrefacción todo a lo que se arrima.
Háganos un favor: márchese cuanto antes y descanse en paz.

viernes, 24 de junio de 2011

Histeria política

Si la semana pasada, tras los incidentes en las cortes catalanas, los portavoces de todos los partidos, así como sus voceros en los distintos medios, pedían la disolución a palo limpio del movimiento 15M, la presente, por arte de birlibirloque, los mismos agentes intentan acercar posturas con los indignados.

Encuentro especialmente pintoresca la mutación de Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz del gobierno Aznar, que, antes de las elecciones, perfilaba el movimiento como una oscura conspiración, similar a la que sirvió para encumbrar a ZP en el poder la jornada de reflexión tras los atentados del 11M, y ahora califica a los indignados como “gente de bien”.

Semejante (y simultáneo y diametral) cambio en discursos de todos los colores no puede ser en modo alguno casual, y, una vez más, viene a probar lo estúpido que se puede llegar a ser cuando se deja cegar el entendimiento por las encuestas y los sondeos de opinión.

Ni el movimiento 15M eran una panda de perros flautas y agitadores a sueldo de oscuros intereses, como pretendían hacernos creer apenas unos días atrás, ni ahora ejemplifican ese vector de regeneración democrática que habrá de refundar la sociedad.

Ayer, al igual que hoy, son un cúmulo de personas que apenas comparten su indignación con un sistema que es, en esencia, injusto, en particular con muchos de ellos, si bien no cuentan con otro fin que el de mostrar su indignación; por más que ahora se apresuren a formular idearios de coyuntura, es innegable que aquí se ha manifestado la acción antes de disponer de los objetivos que la justifiquen.

Por otra parte, no debemos perder de vista que los indignados son una minoría, numerosa y significativa, pero minoría, y, al igual que ellos niegan sentirse representados por los políticos electos, tampoco ellos representan al común de la ciudadanía, sino a ellos mismos, por lo que tampoco tienen derecho alguno a erigirse en vocales de un pueblo del que apenas son fracción.

Por último, aunque bellos y utópicos, la mayoría de sus postulados son vacuos, cuando no irrealizables. Su principal caballo de batalla, las listas abiertas, como ya hemos apuntado aquí, son ya un hecho en el senado y sólo sirven para que salgan elegidos los senadores cuyo apellido comienza por “A”. Ahora parecen querer rebelarse contra las directrices de la zona euro, como si nuestro país tuviera alguna opción de sobrevivir fuera de ella.

Y con esto no quiero decir que carezcan por completo de razón, pero la política es el arte de la pragmática, de obtener el mejor resultado posible con los medios que se dispone, y de poco sirve ladrar a la luna y pedir imposibles si no se aportan alternativas factibles y viables.

jueves, 16 de junio de 2011

Perder la razón por los modos

Con esto no pretendo afirmar que la razón esté de parte del movimiento 15M, pues, al menos para un servidor, las verdaderas aspiraciones de este grupo siguen siendo tan ignotas y arcanas como hace un mes, algo del todo previsible si consideramos que primero ha germinado el movimiento y, una vez constituido, ha habido que improvisar a toda prisa un ideario, esa razón de ser que justificara la reunión de indignados.

Tampoco pretendo afirmar que a los indignados les falten las razones para estarlo. Además sería absurdo, pues resulta evidente que para movilizar a tal cantidad de personas de todas las condiciones es imprescindible la presencia de múltiples y poderosas causas.

El movimiento 15M era una hermosa utopía, una manifestación espontánea y sincera del descontento popular, pero los sueños son como la ropa de mercadillo, hermosa en primera instancia, si bien el uso diario la torna en trapos viejos a los pocos días.

En todo caso, se antoja evidente que el movimiento ha sido contaminado por aquellos para los cuales cualquier excusa es buena para montarla, y, aunque sean una minoría, la imagen del 15M va a estar asociada por los restos a esta suerte de remake de “Asalto al distrito 13” que ha supuesto el sitio a las cortes catalanas.

Aunque en principio no tenga demasiado que ver, el acoso a Gallardón en su domicilio también es otra versión de la misma melodía: “Todo vale si nos juntamos los suficientes”.

Basta con la presencia de un puñado de descerebrados, menos de un centenar, para reventar cualquier iniciativa multitudinaria, pues son algo similar a un agente infeccioso, y las aglomeraciones su caldo de cultivo ideal. El movimiento 15M ha sido infectado, y la única forma de salvarlo es abandonar la actual política de actuaciones y refundarlo de otro modo, no me pregunten cuál.

Eso, o convertirse en el instrumento de un puñado de camorristas.

Columna publicada en El Soplón

miércoles, 15 de junio de 2011

Casa Quemada

Sin duda es interesante la lectura del libro de Edmundo Paz Soldán; no tanto por sus méritos literarios, que dejan algo que desear en lo que se refiere a la construcción de los personajes, sobre todo de los secundarios, sino como documento histórico, una excelente visión de las entretelas de esa completa desconocida que es en nuestro país Bolivia, nación de la que apenas sabemos las pintorescas ocurrencias de su pintoresco presidente, camarada de Chaves y azote de cuanto huela a España.

Tras su lectura, uno no llega a comprender, si bien al menos a entender en parte, por qué la mayoría de la población de un país parece haber enloquecido simultáneamente para nombrar a semejante mandatario.

martes, 14 de junio de 2011

El tumor Camps


El septiembre pasado, cuando Camps se veía obligado a acceder de forma vergonzante, por el sótano, a la sede de su partido, este seguro servidor lo calificaba de forúnculo. Los incidentes producidos frente a las cortes valencianas, el día de su constitución, prueban que este molesto grano ya ha degenerado en tumor, un bulto maligno que, cuanto más tiempo pasa, se va tornando mayor y más dañino.
A estas alturas, a su jefe (¿jefe?), léase Rajoy, no debiera importarle si Camps es un corrupto en toda regla, o apenas tan estúpido como para aceptar unos trajes encontrándose en su posición, máxime con el ejemplo que le ha dado la dirección de su propio partido en la comunidad de Madrid, donde, preventivamente, se cercenaron todas las cabezas sobre las que pendían indicios razonables de corrupción.
Mientras siga en su cargo, Camps supondrá un estigma permanente, un recordatorio infamante por el que el que su partido deberá agachar la cabeza cada vez que se mente la palabra corrupción. Pero no solo eso, sino que el caso Camps ha sido la prueba fehaciente del modo de obrar de Rajoy ante este tipo de problemas: no hacer nada y esperar que se resuelvan solos, praxis que no le postula como un candidato demasiado apetecible para gobernar el país.
Es cierto que frente a él tendrá al candidato más quemado de la historia de la democracia, el mismo que muele a palos a los indignados de Valencia y deja campar por sus fueros a los de Madrid, también que su antecesor le ha dejado el listón tan bajo que se antoja imposible no superarlo, pero no menos cierto que Rajoy no encarna el ideal de persona íntegra, resuelta e indoblegable que se precisa para sacar al país del hoyo en el que se encuentra.
Columna publicada en El Soplón

jueves, 9 de junio de 2011

Mancha o borrón

En los últimos días y gracias al traspaso de poderes en Castilla la Mancha, la crónica política cada vez se parece más a esos programas que señorean a cualquier hora en la parrilla de Tele5, una suerte de wrestling mediático donde los estudios se convierten en improvisado ring o una pelea de patio de vecinos.

También, por qué no, a un vodevil, pues la cosa tiene su morbo, incluso a una de esas comedias de Alfonso Paso donde el cadáver, en este caso un muerto en forma de papeles fugitivos y supuestamente triturados, aparece y desaparece en cada rincón de la casa.

Al ciudadano de a pie, la impresión que le queda de todo este zipizape es que a los políticos profesionales, en cuanto que les das la mínima ocasión, hacen del cargo su cortijo, cuando no su particular sierra Morena.

Como dijo Lord Acton: El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Para desgracia del ciudadano, el poder en algunas administraciones parecía haberse perpetuado, incluso se había vuelto hereditario, y cada mandatario (o mangatario) saliente dejaba situado el puesto a su delfín y colocaba a legiones de deudos y familiares en envidiables cholletes, obrando como un generoso mecenas con cargo al dinero de nuestros impuestos.

El político, no importa el color, es un artículo perecedero y, a poco que le dejes en el cargo, acaba viendo a sus votantes como súbditos, si no como ganado aborregado al que hay que conducir en contra de su voluntad por su propio bien, y cualquier prebenda le parece poca en compensación a las servidumbres del puesto, por lo que el mandato debiera llevar impresa la fecha de caducidad, como los yogures, para eludir colmar las instituciones de podredumbre.

No obstante y ante todo, lo que más debiera indignarnos es que toda esta pléyade de reyezuelos de taifas haya tirado el dinero público a espuertas y no merezca más castigo que el perder el cargo, eso sí, gozando de unas generosas pensiones y disfrutando de un retiro dorado en el consejo de administración de alguna de las empresas a las que beneficiaron durante el mandato.


Columna publicada en El Soplón

jueves, 2 de junio de 2011

El Prestige socialista


Ni por asomo piensen que pretendo afirmar que el PSOE haya ganado prestigio, más bien al contrario, sino que el movimiento 15-M va a suponer para el binomio ZP-Rubalcaba lo que la mancha de chapapote para Aznar-Rajoy: una erosión continua e incesante del partido en el poder.

No existe una oscura mano tras este fenómeno, como han tratado de hacernos creer algunos de los políticos y tertulianos a sueldo de la derecha más radical, los habituales de la teoría de la conspiración, y, aunque los estandartes de la progresía (IU y sindicatos), hayan tratado de arrimar el ascua a su sardina, una vez más han demostrado que, lejos de liderar la sociedad, como sería su propósito, se encuentran bastantes pasos tras ella.

Una población con cinco millones de parados, donde se auxilia a los bancos y se desasiste al ciudadano de a pie, por fuerza debe reventar por algún lugar, y el 15-M es nuestro particular descosido.

¿Qué pretende el movimiento? Ni ellos mismos los saben. Por supuesto que han brotado entre ellos, como setas tras la lluvia, algunos ideólogos, que han elaborado listas repletas de declaraciones bienintencionadas, si bien su propia autodefinición: indignados, brinda una aproximación más fidedigna a la verdad, millares de personas aplastadas por una realidad abrumadora e injusta, que deciden manifestar su descontento del único modo a su alcance.

El delfín Rubalcaba, de forma interesada y un tanto ingenua, ha hecho una pésima gestión del problema. Si, al día siguiente de la acampada, les hubiera recibido en su despacho para escuchar sus demandas y hubiera constituido de inmediato una comisión oficial para estudiarlas (la forma más inexorable de echarlas a saco roto), este movimiento se habría disuelto antes de las municipales.

En su lugar, se ha limitado a permanecer de brazos cruzados, quizá con la vana esperanza de que esta manifestación espontánea supusiera el milagro que los librara del más que seguro desastre electoral, y ahora ha dejado crecer la bola de nieve hasta un punto en el que es imposible de manejar.

Para remate, en un summun de imbecilidad y ceguera política, sus amigos catalanes incurren en la bajeza moral e insensibilidad deleznable de desalojarlos de malas maneras por un maldito partido de fútbol, torpeza que ha determinado que el movimiento, que comenzaba a languidecer por el mero efecto del tiempo, haya multiplicado sus fuerzas.

En este punto, cabe preguntarse qué hará Rubalcaba: lo mismo que hasta ahora, nada, o lo que es lo mismo: esperar que el problema se solucione sólo y quizá cantar “que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva”, rezando para que la meteorología acabe con el ánimo de los contumaces acampados, ajeno al hecho de que, no sólo está cavando su tumba política, sino que él mismo se está encargando de echarse tierra encima para sepultarse, ufano de haberse librado de Chacón y como si el paraguas de las primarias pudiera librarle del alud que se le viene encima.

(Columna publicada en El Soplón)

miércoles, 1 de junio de 2011

Primarias de Playmobil

A pesar de la renuncia de Chacón, insiste el PSOE en celebrar primarias, como si pudiera presentarse alguien que no fuera un ingenuo integral que aún creyera en los milagros o algún meritorio que oficie de sparring para mayor lucimiento del actual vicepresidente en estas primarias de opereta.

Rubalcaba cuenta con el poder de representar ahora mismo la mano fuerte del gobierno, así como con el apoyo del aparato y de la vieja guardia de felipistas y guerristas. Toda una sin par conjunción planetaria, a la que apenas le resta un pequeño detalle para ser perfecta: el apoyo del votante.

No duden que se van a celebrar primarias, aunque sea el único candidato y tenga que verse obligado a ser el protagonista de este monólogo o bufonada, pues supone un excelente medio de hacerse con unos minutos diarios de publicidad gratuita en medio de los noticiarios mientras dure el proceso, y vivimos en un mundo de apariencias, donde lo importante es el decorado y resulta irrelevante que se represente una farsa o una tragedia.

También, como no, para revestir con un camuflaje de legitimidad lo que en realidad ha sido una designación a dedo.

Y lo peor de todo es que les seguimos el juego.