El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Suicidio político por entregas

Como si hubiera decidido añadir cada día una cucharada de arsénico al café (o, según la OMS, merendarse un par de hamburguesas). Tan estúpido y a la vez tan certero.
Prohibir aparcar en Madrid es condenar a la ciudad al caos, someter a sus habitantes a un martirio diario que los va a predisponer en su contra. Cada día que Carmena mantenga activada esta medida, su partido pierde miles de votos. Supongo que con quince o veinte bastará para que sólo se quede con aquellos incondicionales que agitan las redes sociales para mayor gloria del partido único (al menos de pensamiento único), ese mismo que quiere regular por ley las apariciones del presidente en los debates y, a poco que le vaya cogiendo el gustillo, acabará regulando las relaciones conyugales, esos seguidores contumaces que nunca han tenido coche (sólo el de papá) ni esperan tenerlo en breve.
Desde que llegó al consistorio de Madrid, lo único que ha hecho el equipo de Carmena es alumbrar ocurrencias, que en su inmensa mayoría quedaron en conato, pero a esta no le va hacer ninguna gracia al elector, no entiendo cómo el taimado e infame visir Iznogud  le permite seguir con este dislate justo cuando comienza la campaña electoral.

¿Han escuchado la voz de la oposición clamar contra esta medida? Por supuesto que no. Van a aguardar a que los madrileños bullan de ira, y lanzarlo como una bomba en la campaña.