El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

lunes, 2 de marzo de 2015

Duros a peseta

Si Ud. va a un mercadillo y le ofrecen por unos pocos euros un bolso de una famosa firma francesa, que en una tienda convencional costaría miles, estoy seguro de que no le quedará ninguna duda de que el bolso es falso y de ínfima calidad.
En ese caso, si Ud. se encuentra  en una campaña electoral (que tampoco se diferencia tanto de un mercadillo) y le ofrecen increíbles promesas que no secunda ningún partido convencional, ¿por qué es capaz de dudar, siquiera por un instante, de que le van a engañar?
Y no sólo porque sus primos griegos, con apenas unas horas en el poder, hayan demostrado que mentían como bellacos, sino porque, como demuestra la experiencia, no existen los chollos, y cualquiera que afirme lo contrario le está intentando vender una versión más o menos elaborada del timo de la estampita.
Se trata de un razonamiento tan claro y evidente que, si el elector fuera racional, un partido milagro no debería poder aspirar a poco más que un puñado de votos, pero todos sabemos que no es así.
 Cuando la gente se encuentra desesperada, hace más caso a sus instintos que a la razón (en condiciones normales también, pero menos). Si Ud. padeciese un cáncer incurable y terminal, y un embaucador con el necesario poder de convicción le asegurase que podía sanar comiendo palomitas cabeza abajo, es bien posible que le hiciese caso.
Y en este país hay muchos desesperados, en concreto cuatro millones y medio, justo los que engrosan las listas del INEM, así que apriétense los machos.


PD: Quien Uds. saben debería pagarme royalties cada vez que habla de  “la casta”. Aquí se prueba que un servidor acuñó ese término hace más de cuatro años.

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