El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

jueves, 8 de octubre de 2015

Horror vacui

Ahora, que la oferta electoral real (sin considerar los partidos anecdóticos que colman las mesas de los colegios de pilas de papeletas que nunca menguan)  se antoja mucho mayor que nunca, parece que las próximas elecciones van a ser unas de las más complicadas a la hora de decantarse. Hagamos un breve repaso a los candidatos:
  • Rajoy: aunque en el aspecto económico no lo ha hecho mal (no se pueden ignorar las cifras, nos guste o no el candidato), su nombre está demasiado asociado en el imaginario colectivo a la corrupción (algo que se ha ganado a pulso, no en vano gente muy próxima a él, como Bárcenas y Rato, son habituales de juzgados y penales), y ha demostrado carecer por completo de vergüenza torera al insistir en presentarse a la reelección y no dejar vía libre a otro candidato libre de estigmas.
  • Pedro Sánchez: parece siempre más pendiente de mirar atrás, para que sus compañeros de bando no le retiren el asiento, que hacia delante, hacia las inquietudes de los votantes. Y, personalmente, he perdido toda confianza en él desde que prometió taxativamente en la pasada campaña que no pactaría con Podemos y se apresuró a hacerlo desde el minuto siguiente de cerrar las urnas. Lo siento, pero no soy un votante con memoria de pez.
  • Alberto Garzón: lo menciono simplemente porque lidera uno de los tres partidos históricos en nuestra democracia, pero lo cierto es que está más cerca de Walking dead que de la política real.
  • Andrés Herzog: he tenido que buscar en Google para saber su nombre, prueba de que UPyD es ya historia política.
  • Pablo Iglesias: como ya he mencionado en otras ocasiones, me recuerda al taimado e infame visir Iznogud, siempre aspirando a ser califa en lugar del califa. Igual que en el caso de Sánchez, no soy un votante desmemoriado y recuerdo perfectamente cómo ha cambiado su discurso a lo largo de su breve historia. Tampoco ayuda el papel que están haciendo sus alcaldesas estrella, dando tumbos, pergeñando ocurrencias peregrinas y, por fortuna para el ciudadano, limitándose a no hacer nada, salvo buscar algún chollete para familiares y amigos. Dios nos libre de los incompetentes bienintencionados.
  • Albert Ribera: lo dejo para el final porque me parece el candidato más capaz y honesto (lleva más tiempo en esto que Sánchez e Iglesias y aún no ha sido sorprendido en renuncio), si bien me da pánico lo que viene detrás de él, o más bien lo que no viene. Con la excepción de Cataluña, donde su partido tiene más recorrido y cuenta con cierta estructura, en el resto de España  el partido se ha levantado de un día para otro y tengo la impresión (al menos por lo poco que conozco de cerca) de que en su mayor parte se compone de gente con ilusión, pero sin capacitación, y (oh desgracia) medradores profesionales que aspiran a ascender rápidamente al amparo de una formación de nuevo cuño que crece como la espuma.