El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

lunes, 5 de marzo de 2012

Cáncer bancario


Si hace unos días hablábamos de la morosidad pública como uno de los principales vectores de destrucción de empleo, es inevitable reconocer que el otro factor de involución social y una de las mayores lacras que sufre nuestra economía es el sistema bancario.
Y no es que un servidor se haya convertido de la noche a la mañana en un antisistema o un anarquista. De hecho, opino que la labor de la banca como intermediario entre el capital o el ahorro y la inversión y producción, siempre necesitadas de crédito, es vital. El problema radica en que, desde el año 2008, cada vez la desempeña menos y se está transformando en un nocivo parásito.
El sistema bancario se ha convertido en un agujero negro insaciable, que engulle cuanta ayuda pública se pone a su alcance. Todos los bancos, en mayor o menor medida, sufren un grave problema de base, que consiste en que sus balances están falseados por una valoración falsa e inflada del patrimonio inmobiliario acumulado y que sigue creciendo. En lugar de reconocerlo y presentar unos resultados reales, todas las entidades se dedican a un desesperado tuneo financiero y a mover partidas de un lado a otro para tapar el agujero, con la consecuencia de no hay un euro en la calle para particulares y empresas.
Por si fuera poco, el banco central europeo, por mantener la imagen y no prestar ayuda directa a los países con problemas para colocar su deuda (léase el nuestro), está permitiendo que los bancos hagan el negocio del siglo recibiendo dinero del BCE al 1% que luego invierten en comprar deuda al 5%, un auténtico disparate, se mire por donde se mire, con lo sencillo que resultaría que el BCE le prestara directamente a los gobiernos, por ejemplo a un 2%, y todas las partes, salvo los bancos, saliesen beneficiadas.
Existe un mito que afirma que no se puede dejar caer a la banca: los hechos lo han desmentido en Estados Unidos. También hemos comprobado que salvar a cada banco redunda en que se hundan miles de pymes, y, antes de haberles prestado un solo euro, debiéramos haber permitido que cayesen los bancos que fuera preciso y obligar al resto a cuadrar sus cuentas. Ahora, después de haberles facilitado unas cifras cuya mera pronunciación marea al más pintado, quizás sea demasiado tarde, aunque parece inevitable impedir que sigan campando por sus respetos en perjuicio de todos.

1 comentario:

Juan Carlos Garrido dijo...

A los poderosos no les gusta nadie, son ellos los que tienen que gustarle al resto del mundo (por la cuenta que les trae).

Salud.