El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

jueves, 19 de febrero de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres


Confieso sin rubor que mi aproximación al primer libro de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, la efectué con la mentalidad del ingeniero que destripa el archiperre de la competencia para descubrir cómo funciona, ya que a uno no puede evitar que lo intriguen los motivos que pueden impulsar a un tocho de cuatrocientas páginas a convertirse en un éxito de ventas.

Lo que hallé en él no fue nada demasiado novedoso, si bien llama la atención la amalgama de numerosos viejos recursos convencionales del género que se dan cita en la obra: la pareja de protagonistas opuestos (como Holmes y Watson), el crimen cometido en un universo cerrado con un número reducido de potenciales culpables (“Muerte en el Nilo”, “Diez negritos”), el inocente injustamente culpado, etc... 

Los personajes son indudablemente arquetípicos, y la narración, integrada por dos hilos argumentales entrelazados, se extiende demasiado después del climax del hilo principal para concluir el secundario, si bien de un modo inercial e “in decrechendo”, algo semejante a la coda en la comarca del “Señor de los anillos”, e incurre en numerosas contradicciones y faltas de coherencia interna.

Es inevitable cuestionarse dónde estriba la clave del éxito de un libro así. Si bien es cierto que la intriga incorpora numerosos elementos argumentales (un corrupto potentado que doblega a un periodista intachable, un crimen sin resolver, una familia poderosa en decadencia, un asesino en serie…), a modo de olla gitana, y es un libro que se lee sin esfuerzo, un servidor no sólo sigue sin comprender por qué es esta clase de obra, y no otra, la que vuelve loca a la mayoría de los lectores, sino que, cuanto más se devana los sesos en estos asuntos, más insondables se le antojan los misterios que los gobiernan.

3 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Tal vez el éxito está en la facilidad; lo difícil espanta siempre a la mayoría. Un abrazo.

Mery dijo...

Vamos, lo que me faltaba para reconfirmarme que nunca leeré este libro.
Gracias por tan buena crítica.
Feliz fin de semana, un abrazo

Sombras Chinescas dijo...

Juan Antonio:

Me consta que la facilidad es condición necesaria, mas no suficiente.

Mery:

No quería indicar que se tratase de un libro que deba rehuirse, de hecho resulta bastante ameno, pero está claro que no es una obra maestra de la literatura universal, como parecía sugerir buena parte de la crítica.