El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tres vidas de santos

Lo bueno que tiene ser un escritor de consolidada trayectoria y haber hecho rico varias veces a tu editor es que puedes sacar al mercado cualquier cosa que se te antoje. El propio autor reconoce que las tres obras que conforman el volumen, algunas más que otras, llevaban su tiempo durmiendo en el cajón (o en un recoveco del disco duro), y a buen seguro que su editor, que aguardaba impaciente el momento de volver a hacer caja con él, le pidió algo, y Eduardo Mendoza le ofreció esto, como le podía haber dado las sobras de la cena.

“La ballena”, la novela corta que encabeza el libro, es sin duda lo mejor del mismo. No es una obra maestra, ni por la que se recordará al autor, pero se lee bien. Los otros dos relatos, en realidad novelas hiperbreves, que integran la compilación (“El final de Duslav” y “El malentendido”), son obras menores y prescindibles, donde se hace patente que el autor hace aguas en cuanto que se sale de sus lugares comunes. A juicio de este pobre ignorante, Mendoza hace bueno lo que postula el protagonista del último relato cuando afirma que para él la literatura se reduce a mera forma, puro artificio.

4 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

Pues habrá que leer...

Rafael Lucena dijo...

Insisto: ¿por qué nos empeñamos en ser de autores y no de obras concretas?

dany dijo...

Posible respuesta: porque es más fácil afiliarse que ser crítico.

Sombras Chinescas dijo...

En respuesta a la cuestión de Rafael, mi opinión es que nuestra mente es demasiado simple para abarcar la complejidad del mundo y, de continuo, nos afanamos en simplificar.

Aunque tampoco le falta razón a Dany.

Saludos a todos.