El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

martes, 8 de noviembre de 2011

Y, después del debate, ¿qué?



Mi primera conclusión sobre el debate es que su importancia se ha sobredimensionado.
A lo largo de los días previos, se ha estado otorgando una desmesurada notoriedad al debate y a cómo lo estaban preparando, como si los candidatos fueran dos púgiles que optaran al mundial de los pesos pesados. Tras contemplar su desarrollo, tuve más la impresión de asistir a una pelea de pesos moscas poco belicosos, que intercambian unos pocos golpes, más coreográficos que contundentes, los justos para que el público no les silbe.
En cuanto a los contenidos que aportaron ambos candidatos, los encontré del todo irrelevantes: Rubalcaba se limitó a formular una serie de ideas peregrinas, más propias de ZP que de él mismo, mientras que Rajoy recurría una y otra vez a una idea tan bonita como abstracta, crear empleo, sin explicar cómo iba a lograr tan meritorio fin.
En el aspecto frívolo, me sorprendió el modo escandaloso en el que Rubalcaba guiña y bizquea cuando habla, especialmente llamativo en su exposición final (porque no le quitaron el plano), y que, al menos a mí, me hacía sentirme bastante incómodo, pues daba la impresión de que iba a sufrir alguna clase de colapso.
Mi segunda conclusión es que el debate resulta intrascendente. A la llegada a sus respectivas sedes, los candidatos fueron aclamados por sus partidarios como hinchas futboleros que celebran un título europeo, y los medios de uno y otro signo incurren en el mismo pecado. Por ejemplo, Público abre su portada con “Rubalcaba acorrala a Rajoy con su ‘programa oculto’”, mientras que ABC titula “Rajoy, en las encuestas... y en el debate” y La razón “Rajoy presidente”
Resulta incuestionable que el debate no convence más que a quienes ya están convencidos, y que los indecisos se dejan guiar más por impulsos o intuiciones que por las vaguedades que se expresaron en el mismo.  Entonces, ¿qué sentido tiene celebrar estos cara a cara? Parece evidente que son una mera liturgia, una de las partes más vistosas del espectáculo mediático que constituye la campaña electoral, una mera exhibición de los candidatos frente a sus incondicionales, una pelea de mentirijillas o un combate de pressing catch.

3 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Yo no lo vi Juan Carlos. Alabo tu paciencia si fuiste capaz de soportarlo hasta el final.
Saludos

MARIAN dijo...

yo tampoco lo vi, ¿para qué? yo tambien alabo tu paciancia.
un saludo
marian

Javier Pérez dijo...

Esto es el circo, de veras...

Y menosmal que no se le da mucha importancia. Lo malo sería lo contrario...