El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

martes, 14 de septiembre de 2010

La lotería de los premios literarios

"... y si es que son de justa literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se le lleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias que se dan en las universidades; pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero."
(Don Quijote, Capítulo XVIII)



No resulta infrecuente encontrarse con el hecho de que una misma obra literaria sea tratada con criterios sumamente dispares en diferentes certámenes. A quien suscribe, en particular, le ha ocurrido que le han concedido algún premio de cierta importancia a una obra que ni siquiera ha sido elegida finalista en un certamen de una entidad mucho menor, así como que otras, que habían quedado finalistas en premios de cierto prestigio, no eran capaces de alcanzar esa misma condición en concursos de mucho menos ringo rango.

Nadie ignora que la valoración de cualquier obra artística encierra un cierto grado de subjetividad, si bien tampoco carece por completo de criterios objetivos. En concreto, una ley no escrita (pero corroborada por multitud de fuentes) indica que sólo una décima parte de las obras que concurren a un certamen están escritas con corrección (y con esto me refiero a que no estén plagadas de errores sintácticos, gramaticales o estilísticos), y, de las que superan la primera criba, más de la mitad se caen por su propio peso en cuanto que se analiza un poco el contenido, por lo que la elección de los finalistas debiera ser una tarea relativamente sencilla y bastante determinista, pero la experiencia se empeña en demostrarnos que esto no es así.

Aunque parezca mentira, casos como el de Becerril de la Sierra no son tan extraños, y yo he tenido constancia de algún certamen en el que se ha premiado a una obra que contenía media docena de incorrecciones por página, y lo mejor de todo es que, cuando los participantes se han quejado a la organización, esta se ha defendido alegando que el jurado se había limitado a valorar el contenido (por no decir que había sido incapaz de ver las faltas), cuando todo el mundo debiera saber que en la literatura, como en todo arte, la forma es indisociable del contenido.

En cuanto que uno comienza a preguntarse por las causas, no aparece más que una evidente, y es la aptitud de los jurados. A nadie se le ocurriría pensar que alguien que se pasa el fin de semana viendo “Teledeporte” está cualificado como jurado para un campeonato de gimnasia artística, si bien la mayoría no se extraña de que forme parte de un jurado literario alguien cuyos méritos se limitan a que le gusta leer, o a que dirige o trabaja para una entidad patrocinadora. Un servidor, en concreto, en alguna ocasión ha tenido oportunidad de conocer a los jurados que habían valorado su obra y se ha encontrado algunos tan pintorescos como una muchacha de diez y ocho años que leía a Dan Brown y a Ildefonso Falcones. Y no se piensen que esta circunstancia se limita a los premios modestos, sino que existen algunos de gran prestigio, con jurados de gran relumbrón y que cobran buenos honorarios, cuya preselección la realiza un jurado de todo a cien. Y esto cuando uno no se encuentra una farsa, como la mayoría de los certámenes auspiciados por editoriales, o a sinvergüenzas que, cuando pueden mangonear un jurado, intercambian premios con sus amiguetes o eventuales socios.

También, todo hay que decirlo, existen premios modestos, algunos incluso sin dotación económica, que cuentan con un jurado abnegado, que conoce su oficio y lo realiza con diligencia, y esta es la razón de que quien suscribe persista en enviar sus obras a concursar. Esta, y que no sabe qué otra cosa hacer con ellas.

9 comentarios:

dany dijo...

Juan Carlos, te voy a contar el colmo del despropósito en cuanto a Certámenes se refiere.
Certamen de cuentos interculturales en Melilla. (Nota: se supone que Melilla es la ciudad de las cuatro culturas: musulmana, hindú, cristiana y hebrea).
Jurado: como no, independientemente de sus conocimeintos, hay representantes de las cuatro culturas en el jurado.
Premio al mejor relato de autor melillense: en la primera edición el premio se lo lleva un autor musulmán, y oh¡¡¡ sorpresa¡¡ en la segunda edición el premio se lo lleva una jovencita hebrea que casualmente se había presentado a la entrega de premios (cuyos ganadores no se conocían) con sus mejores galas. Quinientos euros a la saca y cara de gilipollas para los demás.

Un abrazo.
PD: enla próxima edición de este certamen intercultural, fijo que el premio local no se lo lleva ni un musulmán ni un hebreo; cristianos e hindus, a escribir.

Sombras Chinescas dijo...

Me quito el sombrero ante esos jurados que, además de dominar el español, asunto nada baladí, se manejan con soltura en las lenguas semíticas y en todos los dialectos de la India.

Un abrazo.

mujer prevenida vale por dos dijo...

Yo escribo poesía y una vez en presenté mis poemas a un certamen.
En ellos había una falta de ortografía y la corrigieron.

El arte es arte y el autor de la poesía tiene derecho sobre su obra a escribir como le plazca y el "jurado soberano" a juzgarte pero no puede tocar una coma o un acento...

Sombras Chinescas dijo...

Cauta y valiosa mujer:

Cualquiera puede enviar una obra con una errata, pero, cuando las tiene por arrobas, ya es otra cosa, y, si además es premiada, otra muy distinta.

Saludos.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Ojú Juan Carlos, anda que el patio de los certamenes está como para meterse en él, ¿no?
Qué pocas cosas quedan en la que brille la verdad.
Un abrazo

Sombras Chinescas dijo...

Rafael:
Tal como decía, alguno queda bien hecho, incluso modélico.

Saludos.

Mery dijo...

Estupenda tu apreciación de que el jurado de Becerril quizás ni haya caído en las faltas de ortografía.
Es que ni lo dudes un segundo...

Lisset dijo...

Querido Juan Carlos, veo de cerca el mundo editorial, pues entre otras cosas, llevo el marketing de algunos escritores y ese mundo es, cuanto menos, curioso. Yo aún no comprendo cómo pueden publicarle los libros a uno de ellos. Escribe idioteces, cosas que juraría que ha copiado directamente del google porque he visto trozos enteros de cosas de la wikipedia y sin embargo ahí está, ganando un dineral. Yo no lo comprendo. Leo gente maravillosa y escritores que como tú, se merecerían todos esos fans y todo ese reconocimiento y sin embargo, lo recibe este "señor". Es el mundo al revés, te lo digo.

Sombras Chinescas dijo...

Mary:
Viendo la cultura de la concejala de idem, uno puede hacerse una idea del perfil de los jurados. Además, si se hubieran percatado de las faltas y tratándose de la jefa, la habrían advertido de que las corrigiera antes de colgar la obra en la web.

Lisset:
Todo tiene una explicación, y es que las editoriales no tienen como propósito fomentar la literatura sino ganar dinero.

Un abrazo.