El hombre, en la superficie de la tierra, no tiene derecho a dar la espalda e ignorar lo que sucede en el mundo.

Fiódor Dostoievski (El jugador)

martes, 21 de octubre de 2008

No somos nadie

Y esto no es una frase hecha pronunciada en una situación lamentable, aunque la actual no sea como para tirar cohetes, sino la constatación de que Sarkozy no quiere codearse con ZP, y eso que el dignatario francés es un consumado abrazafarolas (Angela Merkel se queja de los achuchones que le propina cada vez que se ven).

¿Será que a ZP le ha abandonado el desodorante, o es que se la tiene jurada desde su apoyo a Segolène Royal? Desde luego, nuestro presidente ha demostrado una gran clarividencia en lo que se refiere a apoyar candidatos, incluso es posible que, como algunos aseguran, sea gafe (con la que nos está cayendo, no es una hipótesis que se pueda descartar a la primera).

En todo caso y una vez más, nos vamos a ver excluidos de las reuniones donde se parte el bacalao. Si en verdad somos la octava potencia económica mundial, ¿cómo es que no cuentan con nosotros? Solbes se ha apresurado a quitarle importancia al asunto: “como nunca nos invitan” mientras que ZP ha respondido con un chulesco “ya veremos”. Preclara demostración de inteligencia: que sean otros los que decidan; seguro que, de forma completamente altruista, pensarán en primer lugar en lo más conveniente para España y, después, en sus propios intereses.

2 comentarios:

Natalia Pastor dijo...

Estamos fuera de los circulos donde se cuecen las grandes decisiones, por que nuestro lugar con Zapatero, está al lado de Cuba y Venezuela.
O sea, el tercer mundo, la escoria, el vecino molesto.
Hemos perdido en cuatro años y medio todo nuestro peso internacional.
De codearnos con las grandes potencias y estar a punto de entrar en el G-8, hemos pasado a no pintar nada, y a que ni siquiera se nos invite a una conferencia internacional donde se va a decidir el futuro financiero mundial.
Que vergüenza.

Sombras Chinescas dijo...

Es lo que suele pasar cuando te invitan a una fiesta y meas en la ponchera. Lo mejor de todo es que nos extrañemos porque no nos vuelvan a invitar.

Saludos.